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A 50 años del asesinato de Ringo Bonavena: de la gloria popular al trágico final en Estados Unidos

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Hace cincuenta años, el 22 de mayo de 1976, la vida de Oscar Natalio Bonavena, conocido popularmente como Ringo, se apagó trágicamente en un cabaret de Reno, Nevada. El boxeador, que había forjado una carrera marcada por la guapeza y un carisma inigualable, murió a los 34 años a causa de varios disparos, muy lejos de su natal Patricios y Pompeya.

El crimen de Bonavena, perpetrado en la madrugada y atribuido a un empleado de un mafioso siciliano, conmocionó a la Argentina. A pesar de que el país vivía bajo la dictadura de Videla-Massera-Agosti, una multitud sin precedentes, estimada entre 100.000 y 200.000 personas, colapsó la avenida Corrientes para despedir al campeón en el Luna Park. Esta manifestación espontánea y masiva reflejó el profundo impacto que Ringo había dejado en el imaginario popular, uniendo a los aficionados que antes se dividían por su estilo poco ortodoxo y su «lengua larga».

El ascenso de un fenómeno popular

Oscar Bonavena, al que en el barrio llamaban Titi, adoptó el apodo de Ringo tras ser confundido con el baterista de Los Beatles en uno de sus viajes a Nueva York. Desde sus inicios, su vida estuvo marcada por la desmesura. Comenzó en el gimnasio de San Lorenzo, de donde fue expulsado por una anécdota que lo llevó a su querido Huracán, club del que era fanático y embajador oficioso. Una estatua en la platea Miravé del Ducó lo recuerda con sus guantes de boxeo.

Su carrera deportiva fue breve pero intensa. En los Panamericanos de 1963, una descalificación por morder a un rival y una suspensión de la FAB lo impulsaron a buscar la gloria y los dólares en Estados Unidos. Allí, en 1964, ganó siete peleas por nocaut, consolidándose como un «exotismo» para los estadounidenses y un orgullo para sus compatriotas. En 1965, su memorable combate contra Gregorio Peralta en el Luna Park lo consagró definitivamente en Argentina, donde la hinchada de Huracán ya coreaba su nombre.

El sueño americano y el duelo con Alí

Bonavena regresó a Estados Unidos, donde enfrentó a grandes figuras como Joe Frazier y Jimmy Ellis. Su gran objetivo siempre fue Muhammad Alí, el «Dios Alí». La previa de su combate en el Madison Square Garden el 7 de diciembre de 1970 fue un verdadero show, con Ringo provocando a Alí en las conferencias de prensa. Aunque perdió en el duodécimo asalto, el argentino demostró guapeza y amor propio, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva, con un rating televisivo que solo sería superado años después por la semifinal del Mundial 90.

Tras el combate con Alí, las grandes luces comenzaron a empalidecer. Bonavena firmó un contrato con Joe Montano, que luego fue vendido a Joe Conforte, un empleado del clan Bonano en Reno. En Nevada, Ringo vivió en un motorhome y las promesas de combates no se concretaban. La relación con Conforte se tensó, y Bonavena se encontró en un ambiente hostil, incluso con un matrimonio arreglado para obtener la ciudadanía, con una bailarina que era pareja de William Ross Brymer.

El trágico desenlace

La situación de Ringo en Reno se volvió insostenible. Conforte le prohibía la entrada al Mustang Ranch y lo amenazaba. Una noche, el motorhome de Bonavena fue incendiado y su pasaporte desapareció. Lleno de bronca, volvió al rancho de Conforte. Allí lo esperaba Brymer, escopeta en mano. Tras un altercado, Brymer disparó seis veces, hiriendo a Oscar de muerte en el corazón.

En un paralelismo trágico, mientras Ringo moría en Estados Unidos, su amigo y también boxeador Víctor Galíndez defendía su título mundial en Johannesburgo. Al enterarse de la noticia, Galíndez, aún con la ceja cosida, rompió en un llanto inconsolable, reflejando el dolor de toda una nación por la pérdida de un ídolo que, más allá de sus controversias, siempre fue un «Macho argentino» en el corazón de su gente.

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