Falsa denuncia: el reencuentro de Pablo Ghisoni con sus hijos en el Día del Padre
“Pasaron muchas cosas en muy poco tiempo”, resume Pablo Ghisoni. Desde su casa en Temperley, el ginecólogo de 57 años confiesa que aún no logra comprender cómo su vida pudo cambiar tanto en solo un año. El Día del Padre de 2023 lo pasó intentando distraerse, almorzando solo con Francisco, su hijo mayor y el único con quien mantenía vínculo. La angustia lo invadía al recordar a Tomás e Ignacio, sus hijos menores, a quienes no veía desde 2016 debido a una prohibición de acercamiento por una falsa denuncia de abuso sexual en su contra.
Este año, la situación es radicalmente diferente. Por primera vez desde el inicio de la causa, Pablo almorzará con sus tres hijos y sus padres. “Francisco y yo vamos a hacer unos ravioles de osobuco. Vamos a empezar temprano, hay que cocinar la carne y hacer la masa”, cuenta Tomás, el hijo del medio, de 24 años, unas horas antes de la celebración. Al igual que su padre, se muestra sorprendido: “Hace un año, yo no imaginaba posible este escenario, no me imaginaba teniendo un vínculo con mi papá, y hoy lo tengo. Si le preguntás a mis hermanos, te van a decir lo mismo: que este no era un escenario posible”, sintetiza el estudiante de abogacía.
El video que cambió todo y la absolución judicial
El punto de inflexión fue un video viral que Tomás compartió el 19 de julio del año pasado. En la grabación, afirmó que la denuncia de abuso sexual que había realizado contra su padre a los 12 años era falsa y que había sido presionado por su madre, Andrea Vázquez, para hacerla. Incluso declaró que ella lo había orientado sobre cómo responder en los tests psicológicos de la causa, que se caratuló como abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo. Esta acusación le valió a Ghisoni casi tres años de prisión, pena que culminó en agosto de 2023, cuando fue absuelto por unanimidad por el Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de Lomas de Zamora.
“Me enseñaron qué decir, qué no decir, qué dibujar. Ya sea en audiencias o en distintos contextos. Y yo, sin entenderlo del todo, lo hice”, relató Tomás en el video, donde también aclaró: “No fue una mentira inventada por mí, fue una historia impuesta por una figura adulta en la que yo confiaba plenamente, mi madre”.
El video generó un fuerte impacto mediático y judicial. Paralelamente, padre e hijo retomaron el contacto. Pocos meses después, Ignacio, el menor de los tres, que por entonces tenía 16 años y vivía con su madre, también se acercó a su padre, a tal punto que hoy reside con él. La revinculación fue gradual pero constante. El último verano, los cuatro varones vacacionaron juntos. A su regreso, el ginecólogo obtuvo la confirmación de su absolución definitiva. Si bien ya había sido absuelto en 2023, su exmujer había apelado el fallo –en su carácter de particular damnificada y en representación de su hijo menor–, por lo que la causa continuó abierta hasta marzo de este año, cuando la Suprema Corte de Justicia bonaerense desestimó el recurso de queja y dejó firme el veredicto del tribunal.
Actualmente, Andrea Vázquez es investigada por el presunto delito de falso testimonio agravado por ser cometido en causa criminal en perjuicio del inculpado, su exmarido. La denuncia fue realizada por el fiscal de cámara Jorge Ariel Bettini y la investigación está a cargo del fiscal Eusebio Vaqueiro.
Un camino de sanación y un vínculo “en construcción”
“Yo no sabía que Tomás iba a hacer ese video. Sí, tiempo antes, él le había pedido a Fran que me pregunte si podíamos encontrarnos. Yo estaba reticente. La verdad es que no sabía cuál era su relación con la madre, si esto era una cosa armada. Cuando te han lastimado mucho, estás medio a la defensiva. Yo le dije que necesitaba acciones, no palabras. Y bueno, tiempito después él graba el video y me lo manda”, cuenta Pablo Ghisoni en una entrevista. En el living de su casa, fotos de la infancia de los chicos adornan el espacio, testimonios de los últimos recuerdos que Pablo tenía de sus dos hijos menores, hoy de 24 y 17 años.
El médico destaca que, en cierta medida, nunca perdió la fe de recuperar el vínculo, pero intentaba no hacerse ilusiones. “Durante años, para poder seguir con mi vida, hice una especie de duelo de dos de mis hijos. Tener hijos vivos que no podés ver, es decir, tener que hacer el duelo de alguien que está vivo, es complicadísimo, duele enormemente”. Ghisoni resalta la ayuda de un psiquiatra que lo atendió en la clínica psiquiátrica donde estuvo detenido, ya que había manifestado intenciones de quitarse la vida si era encarcelado injustamente.
Hoy, Pablo vive con Ignacio y sus otros dos hijos los visitan todos los fines de semana. Si bien podría parecer que los últimos 10 años no hubieran pasado, tanto el padre como sus hijos enfatizan que el vínculo aún está en construcción. “Es todo nuevo, nos estamos conociendo. La última vez que los había visto eran chicos, y ahora son adultos”, sostiene Pablo. El reencuentro con Ignacio fue especialmente impactante: “Al lado suyo estaba Nacho, y yo no lo reconocí. Hacía 10 años que no lo veía y que no tenía ningún contacto. Una vez que le mandé un mensaje, la mamá me hizo una denuncia de hostigamiento. Tenía contacto cero. Fue muy heavy. Lo abracé, me emocioné un montón. Él estaba duro”, recuerda.
La relación con Tomás también fue gradual, con encuentros iniciales en cafés, luego almuerzos en casa y festejos familiares. A pesar de su iniciativa, Tomás afirma que retomar el vínculo con su padre no fue simple y que, un mes después de filmar el video, aún le costaba llamarlo “papá”. Pablo también encontró desafíos en la revinculación y explica que el perdón no fue inmediato, pero tampoco llevó mucho tiempo. Se sintió especialmente dolido por las entrevistas en medios en las que Tomás, siendo ya mayor de edad, había participado junto a su madre, refiriéndose a él como un abusador.
“Me pongo un poco en su lugar, y la verdad es que me duele. Tanto él como su hermano tuvieron infancias destruidas. Imaginate lo que es haber acusado a tu padre y después enterarte o descubrir que tu madre te usó grotescamente. En el caso de Tomás, esto incluyó tener que cambiar públicamente de discurso. Hay que ser muy valiente para hacer eso”, reflexiona Pablo. Tomás, sentado a su lado, le responde: “Yo no lo tomé como un acto de valentía, sino como el acto que correspondía. Durante años, sostuve algo que en su momento creí que era verdad. Obviamente no fue fácil retractarme, así que quizás sí, tuve coraje. Sentí que era lo justo y que me tocaba abordar la realidad”, dice el hermano del medio, quien actualmente vive solo en Capital y juega al tenis con su padre.
El vínculo, insisten ambos, está “en construcción”. El padre habla de la gran felicidad de haber recuperado a sus hijos y, por otro lado, de “sentimientos encontrados”. “Hoy somos todos funcionales, pero si nos sacás una placa, ves la fractura. Cada uno tiene sus daños. Las cosas que nos han pasado no son fáciles para nadie. Tenemos que sanar; estamos en ese proceso. Creo que estamos todos conformes con cómo va saliendo”, concluye.

