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Marcela Ternavasio: «El gobierno actual crea sus propias narrativas del pasado, tan reduccionistas como las anteriores»

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La polarización no es un fenómeno reciente en la historia argentina, sino una constante que se remonta a las revoluciones atlánticas y ha sido utilizada recurrentemente como instrumento de construcción de poder. Así lo afirma la historiadora Marcela Ternavasio, investigadora del CONICET y autora de «Juan Manuel de Rosas: Retrato de un líder polarizador en los orígenes de la república», quien dialoga sobre la genealogía de este rasgo distintivo de la política nacional.

Según Ternavasio, el primer gran momento de polarización al servicio del poder político fue el rosismo, al que le siguieron el yrigoyenismo, el peronismo, el kirchnerismo y, en la actualidad, el mileísmo. Estos ensayos políticos están invariablemente asociados a liderazgos personalistas que aspiran a encarnar una causa, ya sea la federación, la nación, el pueblo o la libertad.

Rosas y la construcción del «enemigo»

La historiadora detalla cómo Juan Manuel de Rosas capitalizó la división en facciones para erigirse como líder de la «Santa Causa Federal» contra los «salvajes e impíos unitarios». Esta estrategia no solo le otorgó un amplio apoyo popular, sino que trazó la primera gran «grieta» en la que el opositor era directamente considerado un enemigo. En el siglo XX, los antagonismos se redefinieron con Yrigoyen y su «causa nacional» contra el «régimen», y Perón con el «pueblo versus la oligarquía».

Ternavasio destaca que Rosas, más allá de ser un caudillo, construyó una arquitectura política moderna, utilizando el voto y las instituciones. Fue elegido gobernador de Buenos Aires y logró que la legislatura le delegara facultades extraordinarias y la suma del poder público, que luego plebiscitó directamente. Esto le permitió establecer un vínculo directo con el pueblo y, al no existir un Estado Nacional consolidado, gobernar en favor de los intereses de Buenos Aires, utilizando el monopolio portuario y los subsidios como herramientas de persuasión y extorsión sobre las provincias.

El revisionismo y las nuevas narrativas del pasado

La académica subraya que el revisionismo histórico, que tuvo un lugar protagónico durante los gobiernos kirchneristas, ha perdido esa centralidad. Sin embargo, su mayor éxito fue penetrar en el sentido común de gran parte de la sociedad argentina, apelando al maniqueísmo y a una visión decadentista de la historia. El gobierno actual, aunque en las antípodas de esas versiones, también crea sus propias narrativas del pasado, «tan reduccionistas como las anteriores».

En cuanto al uso actual de la historia desde el discurso presidencial, Ternavasio observa que el primer gobierno con fuerte apoyo popular que se autodefine como liberal y libertario reivindica el orden roquista y a Juan Bautista Alberdi como referente. Como contracara, este discurso establece el surgimiento de la democracia de masas como el punto de inicio de la «decadencia argentina», mitificando una supuesta «Argentina potencia» de finales del siglo XIX y principios del XX.

Rupturas entre el liberalismo actual y la Generación del ’80

La historiadora identifica dos grandes líneas de ruptura entre el modelo político libertario actual y la Generación del ’80. La primera se refiere a la noción de Estado: el roquismo consolidó la construcción de un Estado con instituciones, infraestructura, comunicaciones y educación. En contraste, la figura de la «motosierra» actual busca «destruir» el Estado, una labor opuesta a la constructivista de antaño. La segunda ruptura radica en el «régimen de notables» de la Generación del ’80, con dirigencias entrenadas y expertas. Hoy, esa labor es suplida por «improvisados personajes» que poco se parecen a aquellos.

La idea de representación política, tal como se concibió hasta el último cuarto del siglo XX, parece haber «explotado». Ternavasio se refiere a la «democracia de audiencias» del siglo XXI, donde la crisis de los partidos se intensifica con la emergencia de las redes sociales y la revitalización de liderazgos decisionistas. A pesar de los desafíos que imponen las redes sociales al lenguaje y el intercambio político, la historiadora mantiene la esperanza en la deliberación política, recordando que la reconstrucción democrática de 1983 se apoyó en la reivindicación del pluralismo y el consenso.

«Los usos memoriales y políticos de la historia reducen, estrechan y simplifican a la historia misma. Para dotar de legitimidad el presente y el proyecto de futuro al que se aspira – si es que existe tal cosa y no se trata de una mera construcción de poder – el pasado queda subsumido, modelado y reducido a la intensión presentista: no hay un interés por indagar el pasado y problematizarlo sino un interés de legitimación política.»

El libro de Ternavasio, «Juan Manuel de Rosas: Retrato de un líder polarizador en los orígenes de la república», editado por Siglo XXI Argentina, se presenta como una clave para entender la matriz política argentina. La obra reconstruye el ascenso de Rosas y su ingeniería institucional, basada en el «unanimismo» y la división tajante entre «amigos y enemigos», utilizando la cintilla punzó, retratos oficiales y rituales cívicos como «parafernalia propagandística» para anular la pluralidad. La autora desarma el «teatralismo institucional» de Rosas, mostrando cómo sus amagos de renuncia eran jugadas estratégicas para consolidar la suma del poder público, revelando un líder consciente de que la construcción del enemigo interno legitimaba la concentración de facultades como imperativo de supervivencia nacional.

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