Gran Hermano: la «Generación Dorada» y las críticas que desafían al reality de Telefe
El regreso de Gran Hermano a la pantalla de Telefe a mediados de 2022, tras una década de ausencia, revitalizó el rating de la televisión abierta y atrajo a un nuevo público. Sin embargo, la actual edición, denominada “Generación Dorada” en conmemoración de los 25 años del formato original de John de Mol, se encuentra en el centro de una fuerte polémica, recibiendo críticas inéditas por parte de la audiencia y poniendo al programa y su conductor, Santiago del Moro, en el ojo de la tormenta.
Lo que en un inicio fue concebido como un programa que generaba controversias, hoy es parte de la controversia misma. La decisión de la producción de Telefe de sumar a la casa a numerosos ex participantes, tiktokers e influencers, si bien inicialmente generó resistencia, logró captar el interés del público con el correr de los días gracias a los conflictos de convivencia e historias personales. No obstante, a casi cuatro meses de su inicio con 28 participantes originales, la “Generación Dorada” está marcada por la desaprobación pública a varias de las estrategias implementadas.
La producción, un jugador más en la casa
El principal blanco de las críticas es la propia producción del reality. Los televidentes puristas condenan los constantes cambios en el formato tradicional, como las placas multitudinarias, reglas poco claras y modificaciones en los días de las galas de eliminación. Desde la producción, argumentan que los tiempos han cambiado y que un Gran Hermano concebido en 2001 no podría sostenerse hoy, ya que el público moderno requiere estímulos constantes para mantener la atención en las emisiones en vivo.
Amparada en esta teoría, la producción se ha transformado en un actor más dentro de la casa, con la capacidad de modificar el juego según su criterio. Esta intervención se materializó en un repechaje multitudinario que incluyó varios Golden Tickets, con regresos polémicos como el de Brian Sarmiento, quien ya había sido eliminado por el público. A esto se suman las constantes variaciones en el sistema de votación (de positivo a negativo y viceversa) y la creciente sospecha de un favoritismo hacia algunas de las figuras conocidas que forman parte de esta edición.
Estas decisiones han generado un profundo enojo entre los televidentes, empañando la imagen de un programa que, a pesar de todo, sigue siendo el más visto de la televisión abierta. La búsqueda incesante del rating parece ser el motor detrás de estas modificaciones, en un contexto donde los niveles de audiencia son cada vez más difíciles de sostener.

