Enzo Barrau: el perfumista francés que desentraña el aroma de cada barrio porteño
El perfumista francés Enzo Barrau, radicado en Buenos Aires, se ha consolidado como un referente en el mundo de las fragancias de nicho, con una trayectoria que comenzó en el universo del vino y lo llevó a formarse en química especializada en perfumería y cosmética en la Université du Havre. Su experiencia incluye un paso por el laboratorio de investigación y desarrollo de la prestigiosa firma Hermès, antes de fundar Bureau des Sens, su propia empresa dedicada a crear productos a medida.
Desde su atelier en Recoleta, Barrau explica que su trabajo consiste en transformar emociones en fragancias únicas, tanto para marcas y espacios como para personas. «Cada perfumista tiene su gama», expresa, comparando la elección de aromas con la decisión frente a una paleta de colores. Entre sus creaciones destacadas se encuentran la fragancia del restaurante Osaka, los perfumes para las casas de indumentaria Naum y Raimondi, y Hu Manos, un proyecto pospandemia que fusiona arte contemporáneo y artesanía.
El proceso de creación: del recuerdo al perfume
La dinámica para desarrollar un nuevo perfume implica al menos tres encuentros con el cliente. La primera reunión es crucial, ya que es el momento en que Barrau recaba la información necesaria para comprender lo que se busca y aportar identidad. «Es importante para saber lo que gusta y lo que no», subraya, destacando que no existe un decálogo preestablecido de aromas, por lo que trabaja con referencias a colores y texturas. A este cúmulo de aromas personales, el experto lo denomina “patrimonio olfativo”, haciendo hincapié en cómo cada persona tiene recuerdos olfativos únicos, como el de la casa de su abuela.
Posteriormente, Barrau presenta al cliente tres propuestas: una opción cercana a lo solicitado, una versión con diferencias y una tercera más disruptiva, basada en su propia interpretación. Una vez elegida la dirección, se realizan los ajustes finales. «Es como hacer un traje a medida. Si no le entra, lo retocamos», señala, comparando el proceso con el trabajo artesanal de un sastre, guiado por el «paso a paso».
Mycelium: la fragancia que evoca los bosques
Uno de sus últimos proyectos es Mycelium, cocreado con la artista Nicola Constantino, a quien conoció en Arteba. Esta edición limitada y numerada de 150 piezas, cuenta con un trabajo en cerámica único en cada frasco, diseñado por Constantino en consonancia con su muestra “Banquete para enormes colibríes”.
“Quería un perfume que no fuera raro, pero si original”
Mycelium se inspira en la red subterránea de los bosques, con una salida de bergamota y mandarina, un corazón de cardamomo cálido y canela, y la frescura del liquen. Luego se despliega un tapiz de flores entrelazadas con matices de hongos, pino patagónico y maderas como el cedro y el sándalo, culminando con acordes de ámbar, patchouli y almizcles.
Los aromas de Buenos Aires y el mundo
Barrau observa que la elección de perfumes varía cultural y socialmente. Mientras en países árabes predominan las fragancias potentes, en Japón se busca la discreción. Además, el perfumista destaca que cada ciudad y provincia posee un aroma distintivo. Al viajar a Chubut, por ejemplo, percibe de inmediato el aroma a pino.
Sobre Buenos Aires, Barrau no duda: «Un poco a lo obvio; al asado», responde. También identifica un olor húmedo y matices específicos según la zona: «hacia el norte de la ciudad, Palermo huele a caballos, por el Hipódromo, y yendo al sur, La Boca recuerda a agua estancada, por el río». Esta diversidad olfativa, junto con la posibilidad de «hacer cosas hermosas», son algunas de las razones por las que elige vivir y trabajar en Argentina.

