Inversión histórica: Louis Dreyfus construirá en Bahía Blanca la planta de girasol más grande del mundo
Louis Dreyfus Company (LDC), una de las principales comercializadoras globales de productos agrícolas, anunció una inversión de 400 millones de dólares para construir en Bahía Blanca la planta de molienda de girasol más importante del mundo. La noticia, confirmada por el ministro de Economía, Luis Caputo, resalta el potencial del agro argentino, que logra atraer capitales significativos sin depender de regímenes impositivos especiales como el RIGI.
Este proyecto se enmarca en una campaña récord de girasol en Argentina, que alcanzó las 6,6 millones de toneladas. Esta cifra representa un aumento del 32% respecto al ciclo anterior, que había registrado 5 millones de toneladas, y un 60,2% por encima del promedio de las últimas cinco campañas, según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
Expansión del área sembrada y impacto económico
La expansión del cultivo de girasol también se reflejó en el área sembrada, que llegó a 2,85 millones de hectáreas. Este número supera en un 5,6% el máximo anterior de 2007/08 (2,7 millones de hectáreas) y en un 29,5% la campaña previa. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires detalló que esta expansión se concentra principalmente en el NEA (+224%) y, en menor medida, en Córdoba y el Centro-Norte de Santa Fe.
El crecimiento del girasol tendrá un impacto económico contundente. Se proyecta que el producto bruto del cultivo crezca un 53% en 2026 en comparación con el ciclo anterior, alcanzando los 3304 millones de dólares. Además, aportaría 757 millones de dólares en recaudación fiscal y 2491 millones de dólares en exportaciones, lo que implica incrementos de 268 millones y 819 millones de dólares, respectivamente, frente al ciclo previo.
Factores clave del crecimiento y beneficios de la nueva planta
Diversos factores confluyeron para este récord productivo. Especialistas destacan un factor climático positivo en la mayoría de las regiones girasoleras, la baja de los Derechos de Exportación (DEX) y un buen nivel de precios internacionales. Estos últimos se ven impulsados por el conflicto entre Rusia y Ucrania (líderes en el cultivo), la creciente demanda global de aceites vegetales y el aumento del uso de biocombustibles como alternativa energética.
La nueva planta de LDC en Bahía Blanca es la primera de su tipo en la zona desde la década de 1990, según recordó un especialista del negocio. Este proyecto es crucial para la producción agrícola del sudeste bonaerense, ya que ampliará la oferta de compradores de girasol, un mercado que a menudo ha sido criticado por su falta de transparencia en la fijación de precios. Además, la planta tendrá capacidad para moler soja y cultivos de invierno como colza, camelina y carinata, que ganan terreno por su destino como biocombustibles.
“Esto va a permitir bajar los costos de molienda”, explicó el especialista, quien remarcó que también contribuirá a que se exporte más aceite y menos semilla que para el complejo oleaginoso representa un menor grado de elaboración y un mayor costo logístico en flete. “Habrá una mejora en el precio para el productor al exportar más aceite”, añadió.
Ejecutivos de LDC tenían este proyecto en carpeta desde hace varios años. Una fuente de la industria indicó que “la mejora de las condiciones macroeconómicas contribuyó a tomar la decisión”.
El agro, un motor de inversión sin ayudas especiales
El sector agropecuario demuestra así su capacidad para generar un círculo virtuoso de inversiones y récords productivos cuando las condiciones mejoran, apoyado en un desarrollo tecnológico constante. Este crecimiento se da a pesar de que aún persisten los DEX para el girasol (aunque en cronograma de rebajas) y se mantienen elevados para la soja, lo que distorsiona el sistema agrícola.
A diferencia de otros sectores como la minería o la energía, la cadena girasolera impulsa inversiones de gran magnitud sin los beneficios de un régimen impositivo especial. La expansión podría ser aún mayor si se superaran cuellos de botella logísticos, con mejoras en rutas y el desarrollo del transporte ferroviario.
“A la Argentina no le queda otra que ser optimista con la agroindustria”, explicaba en estos días alguien familiarizado con las negociaciones del comercio exterior en referencia a la creciente demanda internacional de alimentos. “Será cuestión de que no arruinen ese escenario”, decía. Y tenía razón.

