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Agrobioindustria: cómo las empresas híbridas transforman el campo argentino y la economía

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Durante décadas, la imagen del agro argentino estuvo asociada exclusivamente a la producción de granos, la ganadería y la exportación de materias primas. Sin embargo, un fenómeno silencioso, pero profundo, está redefiniendo el panorama productivo del interior del país, proyectándose como un motor crucial para el crecimiento económico nacional.

Un trabajo de investigación titulado “Transformación empresarial en la Argentina: las empresas agrobioindustriales”, realizado por Roberto Bisang y Santiago Felici, sostiene que desde la década de 1990 emergió un nuevo actor económico. Este ya no se encuadra en la figura clásica del productor agropecuario ni en la de la industria alimenticia tradicional, sino que las fusiona y las potencia.

Se trata de las denominadas empresas agrobioindustriales, organizaciones que producen biomasa, la transforman, agregan valor y desarrollan múltiples actividades vinculadas con la alimentación, la energía, los biomateriales y los servicios tecnológicos. Este cambio de paradigma, según los investigadores, es impulsado por transformaciones tecnológicas, productivas, comerciales y regulatorias que alteraron la forma de producir en el campo argentino.

El resultado es la aparición de firmas capaces de integrar actividades primarias, industriales y de servicios bajo un mismo esquema de negocios. La investigación describe cómo muchas de estas compañías dejaron de limitarse a la producción de granos, carne o leche para avanzar hacia procesos de transformación que incluyen bioenergías, alimentos diferenciados, biomateriales e incluso servicios ecosistémicos.

La gestión integral de la fotosíntesis: un nuevo concepto

Bisang y Felici plantean que la agricultura actual ya no puede entenderse únicamente como una actividad primaria. Por el contrario, se ha convertido en una plataforma tecnológica capaz de generar múltiples productos y negocios. Una de las definiciones más llamativas del trabajo es que estas empresas practican una agricultura entendida como “la gestión integral de la fotosíntesis”, una visión que amplía el concepto tradicional de producción agropecuaria y pone el foco en el aprovechamiento integral de la biomasa.

Según el estudio, estas firmas combinan agricultura, ganadería, industria, energía, biotecnología y servicios. Son organizaciones híbridas que operan en distintos eslabones de las cadenas productivas y buscan capturar valor en cada una de las etapas. El concepto de “la industrialización de lo biológico” atraviesa toda la investigación, desmintiendo la histórica separación entre campo, industria y servicios.

“Lo que buscamos es poner en blanco sobre negro algo muy positivo en la Argentina que es el surgimiento de una cohorte variopinta de empresas con capacidad de industrializar los productos que exportamos y que sumarían a la densidad productiva de este país”, señaló Bisang en diálogo con LA NACION.

Hoy, una misma empresa puede sembrar maíz, producir etanol, generar energía eléctrica, alimentar ganado, exportar alimentos y ofrecer servicios tecnológicos especializados. Esta integración constituye una de las características distintivas del nuevo paradigma, que podría transformarse en uno de los principales vectores de desarrollo de la Argentina, junto con la minería, la energía y la economía del conocimiento.

La diferencia, según los investigadores, radica en que la agrobioindustria combina recursos naturales renovables, tecnología, conocimiento e inserción internacional, elementos que le otorgan una ventaja competitiva singular. Además, remarcan que muchas de estas compañías lograron crecer en un contexto de inestabilidad macroeconómica, inflación, restricciones cambiarias y dificultades de financiamiento. “Se trata de un conjunto de empresas que sobresalen por su dinamismo en el contexto de una economía estancada”, destacan los autores.

Cinco categorías de empresas agrobioindustriales

Para comprender mejor el fenómeno, Bisang y Felici identificaron cinco grandes categorías de empresas agrobioindustriales:

  1. Desarrolladores de modelos de negocios, actividades y territorios: Grupos de gran escala como Adecoagro, Cresud, Inversora Río Juramento, Los Balcanes, Desdelsur, Prodeman, Ser Beef y La Dolfina, con fuerte inserción internacional, acceso a financiamiento global y capacidad para expandirse.
  2. Empresas surgidas de proveedores de insumos, acopios y pools de siembra: Firmas que evolucionaron hacia modelos más complejos de agregado de valor, como MSU, Los Grobo, Lartirigoyen, Grupo Don Mario, Grupo Lucci, Citromax y Agro de Souza.
  3. Empresas de valor agregado local: Generalmente firmas medianas con fuerte arraigo territorial que buscan transformar la producción en origen, generar empleo y reducir la dependencia de la exportación de commodities.
  4. Cooperativas dinámicas y proactivas: Entidades como ACA, Agricultores Federados Argentinos (AFA), Fecovita, Unión Agrícola de Avellaneda y la cooperativa Guillermo Lehmann, que dejaron de concentrarse en la comercialización de granos para avanzar en industrialización, exportación y desarrollo tecnológico.
  5. Redes empresariales: Grupos que basan su crecimiento en la cooperación productiva, como Productores Argentinos Integrados, Grupo Bio IV y Grupo Río Seco, donde la cooperación es clave para alcanzar escala y competitividad.

Bisang indicó que identificaron alrededor de un centenar de nuevos jugadores en las últimas décadas, además de una red creciente de empresas vinculadas a la transformación biológica y un semillero de unas 500 firmas pequeñas con alto potencial de crecimiento. El investigador puso especial atención en el rol de las cooperativas y de los esquemas de cooperación empresaria, “desmintiendo la vieja lógica que decía que el productor agropecuario era un individualista empedernido”.

No obstante, advirtió que el potencial de este proceso depende de la construcción de una agenda de largo plazo. “Ese cambio de paradigma ya está funcionando, pero podría funcionar mucho más potentemente si despejamos algunas incógnitas macro, otras institucionales y consensuamos algunos temas centrales”, afirmó. Entre ellos, mencionó la necesidad de mejorar el financiamiento productivo, fortalecer el sistema científico-tecnológico y avanzar hacia una estrategia de desarrollo descentralizada, lo que definió como una “hoja de ruta” consensuada.

Para los autores, Argentina enfrenta una oportunidad singular. Después de haber sido históricamente un gran productor de materias primas, el desafío consiste en avanzar hacia la industrialización de la biomasa y la generación de productos de mayor valor agregado. La pregunta de fondo es si estas nuevas empresas lograrán convertirse en el sujeto económico capaz de liderar esa transformación. Para Bisang y Felici, los indicios ya están a la vista y lo que comenzó silenciosamente en los 90 podría estar dando forma a una “segunda revolución de las pampas”, esta vez basada no solo en producir más, sino en transformar conocimiento, recursos biológicos y tecnología en desarrollo económico.

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