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San Martín en emergencia: la violencia narco triplica la media provincial

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El partido de San Martín, en el conurbano bonaerense, atraviesa una crisis de violencia sin precedentes, impulsada principalmente por el avance del narcotráfico. En los primeros 90 días del año, se registraron 20 homicidios, una cifra que eleva la tasa de muertes violentas a 4,44 cada 100.000 habitantes, triplicando la media provincial de 1,20.

Un informe reciente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) pone de manifiesto este alarmante escenario, que algunos ya denominan el “mini Rosario” del conurbano. El estudio revela un incremento del 122,2% en la tasa de homicidios en comparación con el mismo período del año anterior, mientras que otros puntos de la provincia experimentan descensos en los índices de criminalidad.

Foco geográfico del horror y la ausencia estatal

La tragedia de San Martín tiene un mapa preciso. El 90% de los homicidios registrados entre enero y marzo se concentra bajo la jurisdicción de solo dos comisarías: la 4ta de José León Suárez y la 5ta de Billinghurst. De los 20 casos totales, la mitad ocurrió en el radio de Suárez y un 40% en Billinghurst. Barrios como La Cárcova, Villa Hidalgo y El 18 lideran esta lista de sangre.

La UNSAM subraya que esta concentración geográfica del delito debería alarmar a las autoridades, señalando la falta de una coordinación efectiva en el territorio y una política criminal local clara, estricta y transparente. La ausencia de una intervención multiagencial de saturación en estas zonas específicas es interpretada como un repliegue de la gestión frente al avance criminal.

El narco, una estructura paraestatal

El informe detalla que el avance del mercado de drogas ilegalizadas explica el 75% de estas muertes. El narcotráfico dejó de ser una actividad marginal para transformarse en una estructura paraestatal que se ramifica en la vida cotidiana de los barrios. El crimen organizado asume un rol dual perverso: ante la retirada de las herramientas de contención local, busca la aprobación social, funcionando como prestamista usurero, pagando sepelios o facilitando medicamentos.

Esta “ayuda” se paga con sangre. Una vez instalada esa legitimidad, el terror toma el mando. Los tiroteos entre bandas por la disputa territorial no solo dejan víctimas, sino que transforman la fisonomía de las cuadras, con usurpaciones de viviendas y desalojos forzosos de familias enteras para instalar búnkers de venta de estupefacientes.

Jóvenes, víctimas descartables y la impunidad reinante

El perfil de las víctimas es un dato contundente sobre el futuro hipotecado: el 50% de los muertos tiene entre 16 y 25 años. Son varones jóvenes que el sistema no supo retener y que el crimen organizado recluta como mano de obra descartable, los denominados “soldaditos” de una guerra que no les pertenece. Esta situación sugiere que la política parece haber decidido que hay zonas de San Martín donde la ley no se aplica, dejando a una generación entera a merced de estas estructuras criminales.

Finalmente, la impunidad cierra el círculo de violencia. El 53,3% de los homicidios vinculados al narcotráfico no tiene siquiera un imputado individualizado. Esta cifra envía un mensaje de libertad total para el delincuente y de desprotección absoluta para el vecino, perpetuando el ciclo de miedo y violencia en el distrito.

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