La era post-Milei: el desafío de «curar a la Argentina» y la búsqueda de una síntesis política
La Argentina atraviesa un momento de profunda crisis, donde la gestión del gobierno de Javier Milei es señalada por haber roto un «pacto moral» con la sociedad. La sucesión de escándalos de corrupción y el «interminable caso Adorni» han erosionado la credibilidad del discurso anti-casta, dejando al gobierno atrapado en lo que más condena la opinión pública: los negociados y el aprovechamiento del Estado para beneficio personal.
Más allá de la percepción de una «estafa», la población sufre las consecuencias de un ajuste económico severo, que ha pulverizado el poder adquisitivo, destruido pymes y desmantelado políticas públicas esenciales. En este contexto, se plantea la urgencia de «curar a la Argentina», un proceso que implica mucho más que la mera salida del actual mandatario en 2027.
El desmoronamiento económico y social
El relato económico oficial se desmorona frente a una realidad persistente. La inflación, aunque con una desaceleración en su pico inicial, sigue castigando los precios de alimentos, alquileres y servicios básicos. La política de un dólar «planchado artificialmente» ha destruido la competitividad exportadora, mientras la recesión se prolonga, el consumo alcanza mínimos históricos y el desempleo formal aumenta. La actividad económica depende casi exclusivamente de los sectores primarios, evidenciando la falta de una estrategia de desarrollo productivo. La obsesión fiscal y un cepo cambiario mantienen a la economía «anestesiada indefinidamente».
A la compleja situación económica se suma un deterioro del tejido social, con el «odio como método de gobierno». Se critica una «democracia enferma» por el desprecio al disenso y a la conversación pública. La tarea de «curar» implica salir de un sistema de ideas y prácticas arraigadas, de un Estado capturado por intereses particulares, de la grieta como narrativa única y del ajuste constante sobre trabajadores y la clase media.
La búsqueda de una nueva síntesis política
Frente a este panorama, surge la pregunta sobre quién puede liderar el proceso de reconstrucción. La respuesta inicial no se enfoca en una persona, sino en un método. La sociedad, cansada de «los de siempre», demanda una renovación que trascienda lo cosmético. Esto incluye al propio peronismo, cuyas «fórmulas del pasado» y «negociaciones entre dirigentes» son percibidas como continuidades que están «condenadas al fracaso».
La propuesta central es la construcción de una «síntesis», un concepto que va más allá de la «unidad» o el «reparto entre facciones». Se busca una síntesis entre estabilidad y justicia social, entre equilibrio fiscal y desarrollo, entre Estado y mercado, entre modernización y protección social, y entre producción, innovación tecnológica y trabajo.
«La cura no vendrá de más ajuste, sino de una nueva propuesta que emerja como síntesis política y social.»
Esta síntesis requiere «nuevos protagonismos»: personas creíbles, transparentes, con capacidad técnica y vocación política. Se aboga por un Estado inteligente y profesional, con equipos que contrasten con la «improvisación y el oportunismo» actuales. La política exterior, por ejemplo, debe dejar de ser un «circo de adhesiones emocionales» para convertirse en una herramienta pragmática, multipolar y orientada al interés nacional. Las prioridades deben centrarse en el trabajo, la producción, las familias, el desarrollo y la justicia social, dejando de lado el «show mediático y las redes».
El desafío es construir un proyecto común que reemplace el odio por el amor y la esperanza, el conflicto por la cooperación, la improvisación por la planificación y la corrupción por la transparencia. La «cura» para la Argentina no vendrá de más ajuste, sino de una «nueva propuesta» que sea una verdadera síntesis política y social, mirando el futuro y no el espejo retrovisor.

