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Indio Solari: a 25 años del último show de Los Redondos en el Chateau Carreras

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La reciente muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari a los 77 años, tras una larga batalla contra el Parkinson, no solo enluta al rock nacional, sino que también trae a la memoria uno de los capítulos más emblemáticos de su carrera: la despedida de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota de los escenarios. Aquel 4 de agosto de 2001, en el entonces estadio Chateau Carreras de Córdoba (hoy Estadio Mario Kempes), lo que en su momento parecía un show más de la gira de Momo Sampler, se convertiría en la última misa ricotera.

El contexto político y social de Argentina era de gran ebullición, con la irritación social en vísperas del colapso del gobierno de la Alianza y la figura de Domingo Felipe Cavallo como presunto redentor. En ese escenario, el grupo más convocante del país congregó a unas 45.000 personas, en un concierto que comenzó temprano, pasadas las 19. La entrada al campo costaba veintidós pesos. Entre los temas, además de las esperadas canciones de Último Bondi a Finisterre y Momo Sampler, sonaron clásicos como Vamos las bandas, Preso en mi ciudad y Rock para los dientes.

La noche culminó con Un ángel para tu soledad como segundo bis, con las luces encendidas, sellando un desenlace mucho menos redondo de lo que los fans hubieran imaginado. En ese momento, la banda tenía agendado un show en la provincia de Santa Fe para noviembre, lo que confirmaba que la despedida no fue un final anunciado.

Las diferencias internas y el “año sabático”

Lo que se presentó como un “año sabático” se transformó en una separación definitiva, dejando una herida abierta entre los seguidores. La suspensión de la fecha santafesina, meses después del show en Córdoba, se justificó con la explicación mitológica de que “Patricio Rey cree que no es el momento, que no hay ánimo para fiestas”, una verdad a medias en una Argentina convulsionada. Sin embargo, detrás de esa fachada, se gestaban “serias diferencias internas entre sus socios fundadores”, como publicó este medio, que terminaron por disolver la banda y dar origen a las carreras solistas de Indio Solari y Skay Beilinson.

Años más tarde, Skay Beilinson señalaría en una entrevista: “Todo se terminó cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quería apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que había nacido como la comunión y el aporte de muchos artistas y no de los deseos de uno solo”. Esta declaración puso fin a las esperanzas de reunificación que, hasta 2013, todavía circulaban entre los fans, a pesar del paso del tiempo y las desmentidas de figuras cercanas a la banda como “La Negra” Poly y Semilla Bucciarelli.

Un show con condimentos de despedida y una tragedia

El recital en el Chateau Carreras, aunque no se anunció como el último, tuvo condimentos que, con la retrospectiva, sugieren un final inminente. La producción fue faraónica: mil personas trabajando, varias pantallas gigantes y un sonido de 200 mil watts de potencia. El evento despertó la alarma de las autoridades provinciales, con un gran despliegue policial y el propio intendente, Germán Kammerath, al frente del operativo, atento a incidentes previos en otros shows.

En lo musical, a pesar de la emoción, el show estuvo empañado por la tragedia. Un joven santafesino de 31 años, Jorge Daniel Felippi, murió al caer de una baranda de seis metros. La mayoría de los asistentes se enteró del hecho al día siguiente, por los medios. Semilla Bucciarelli, bajista de la banda, recordó que “Nos enteramos después del show. Por lo general, cuando había algún problema que no veíamos desde el escenario nos avisaban al final”. A pesar de todo, Bucciarelli destacó la calidad sonora del concierto. En el escenario, el Indio Solari, poco comunicativo, se enojó por el lanzamiento de objetos, increpando al público: “¿¡Vos qué te creés, que esto es Los Violadores, boludo!? Pará la bola, me vas a embocar, gil. ¿Porque no venís al camerino a tirarme cosas?”.

“Fanáticos de todos los rincones de la Argentina”, se escribió. De gente que, sin saberlo, iba a escuchar por última vez “25 clásicos” y ser protagonistas, también por última vez, “del pogo más grande del mundo”.

Así, aquella noche en Córdoba, con Indio Solari y Skay Beilinson compartiendo escenario junto a “Semilla” Bucciarelli, Walter Sidotti, Sergio Dawi y Hernán Aramberri, se convirtió en el punto final de una historia que había comenzado, lejos y hace tiempo, con el desprendimiento de un grupo setentista y platense llamado La Cofradía de la Flor Solar. Un desenlace que, 25 años después, sigue resonando con la misma fuerza y nostalgia entre sus devotos.

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