Sociedad

Narcotráfico internacional: buscan a un supermercadista chino acusado de enviar cocaína a Malasia

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La Justicia en lo Penal Económico busca intensamente a un ciudadano chino, identificado por sus iniciales Y. Y., acusado de liderar una compleja organización de narcotráfico internacional que intentó contrabandear casi siete kilos de cocaína cristalizada a Malasia. El sospechoso, que aparentaba ser un comerciante común en la Ciudad de Buenos Aires, era dueño de un supermercado en Villa Pueyrredón, vivía en una cotizada zona de Belgrano y, durante la pandemia de Covid-19, se dedicó a la distribución de insumos médicos.

La orden de captura nacional e internacional fue emitida por el juez Pablo Yadarola tras desarticular una red que utilizaba «mulas» para trasladar la droga hacia Asia. La investigación penal comenzó en septiembre del año pasado, cuando agentes de la Sección Narcotráfico Aeropuertos de la Dirección General de Aduana (DGA) detectaron el cargamento de cocaína oculto en el equipaje de una pasajera en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

De los barbijos al cannabis medicinal: el perfil del prófugo

El presunto líder de la banda mantenía un perfil sumamente activo en el ámbito comercial. Según consta en el expediente, Y. Y. residía en la intersección de las calles Arribeños y Juramento, en el barrio porteño de Belgrano. Al declararse la emergencia sanitaria en marzo de 2020, el comerciante aprovechó su estructura logística para distribuir barbijos y otros insumos médicos de alta demanda en el mercado interno.

Con el paso del tiempo, el ciudadano chino diversificó sus supuestos negocios y conformó una sociedad dedicada a la siembra y cultivo de cannabis sativa con fines medicinales. Sin embargo, detrás de esa fachada legal, la Justicia sospecha que se estructuró una red criminal con ramificaciones en Paraguay y destino final en Kuala Lumpur, la capital de Malasia.

Los roles de la organización y la caída de los cómplices

La investigación avanzó con la detención y el procesamiento con prisión preventiva de otros dos integrantes clave de la banda: el ciudadano chino J. L., quien está por cumplir 53 años, y el argentino L. E. T., de 50. El juez Yadarola determinó que cada uno cumplía un rol específico en la ingeniería criminal para garantizar el éxito de los envíos de sustancia.

«Con relación a L. E. T. corresponde señalar que integra la organización criminal investigada, desempeñando un rol que consistiría, entre otras funciones, en ejecutar los encargos de su jefe, Y. Y., con quien mantiene una relación de confianza y trato cotidiano, propia de su posición dentro de la estructura delictiva», sostuvo el magistrado.

De acuerdo con la resolución judicial, L. E. T. se encargaba de la faz operativa y societaria, incluyendo la compra de los pasajes aéreos para las mulas. En su declaración indagatoria, el imputado admitió su cercanía con el prófugo, detallando que se conocieron cuando él le ofreció terminales de cobro electrónico para su supermercado. Por su parte, J. L. estaba a cargo de la logística financiera y el soporte de la maniobra de contrabando.

La pista de los pasajes y la conexión paraguaya

El caso testigo que destapó la maniobra ocurrió el 11 de septiembre del año pasado. En esa fecha, la ciudadana paraguaya A. B. C. A., de 29 años, fue arrestada en Ezeiza antes de abordar el vuelo ET507 de Ethiopian Airlines con destino a Malasia. La joven llevaba la cocaína cristalizada en su valija y se había alojado previamente en un hotel céntrico porteño, donde recibió asistencia de la banda.

El entrecruzamiento de datos bancarios, la trazabilidad de los pasajes y el análisis de las comunicaciones telefónicas realizados por la Policía Federal Argentina (PFA) y la Aduana —hoy bajo la órbita de ARCA— permitieron reconstruir la cadena de mandos. En los teléfonos secuestrados se hallaron mensajes de aliento de la pareja de la mujer, A. D. O. F., quien también se encuentra prófugo de la Justicia.

Los investigadores sospechan que tanto el líder de la organización, Y. Y., como el facilitador paraguayo se encuentran actualmente refugiados en Paraguay. De hecho, se constató que L. E. T. viajó a ese país vecino en febrero de 2026 para reunirse personalmente con el jefe de la banda, un elemento que el juez consideró clave para dictar la prisión preventiva por el evidente riesgo de fuga y la capacidad de desplazamiento transfronterizo de los involucrados.

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