PolíticaSociedad

Malvinas y la interna oficialista: el giro discursivo de Javier Milei y el frente abierto con Victoria Villarruel

Compartir:

El sorpresivo gesto de los jugadores de la Selección Argentina al exhibir una bandera de reivindicación de las Islas Malvinas tras el triunfo ante Inglaterra desató un fuerte impacto político y forzó un giro discursivo en la administración de Javier Milei. Lo que comenzó como una reacción espontánea en el campo de juego escaló rápidamente a nivel diplomático y expuso, una vez más, las contradicciones internas y la tensa relación entre la Casa Rosada y la vicepresidenta Victoria Villarruel.

La reacción digital y el «efecto Disney»

A menos de una hora de la victoria en la cancha, la cuenta oficial de La Libertad Avanza (LLA) en la red social X fue la primera en reaccionar con una ironía:

“Somos un país, no una película de Disney”

. El mensaje acompañaba la imagen del festejo con el trapo que rezaba «Las Malvinas son argentinas». La frase no era nueva; había sido utilizada originalmente en inglés por el espacio libertario el 10 de diciembre de 2022 para responder a una crítica del diario estadounidense The Washington Post sobre la falta de jugadores afrodescendientes en el plantel nacional. En aquel momento, la cuenta era manejada por Agustín Romo, antes de pasar a manos cercanas a Karina Milei durante la presidencia.

El propio presidente Javier Milei tardó un día en pronunciarse sobre la polémica que ya había despertado la queja formal del gobierno británico. Al ser consultado, intentó bajarle la tensión al episodio:

“Es perfectamente válido que ellos se quieran expresar (…) es entendible, les ganó la emoción”

. Esta postura sintonizó con las declaraciones del director ejecutivo del grupo de trabajo de la administración de Donald Trump para la Copa del Mundo, quien justificó la acción bajo la premisa de la libertad de expresión.

Giro discursivo ante la presión social

Para Milei, el sentimiento nacionalista que despiertan los éxitos deportivos siempre fue un terreno incómodo. El mandatario había decidido no subirse a la ola mundialista y desistió de viajar, a pesar de que varios sectores de su gabinete le sugerían capitalizar el fervor colectivo liderado por Lionel Messi. Además, su historial de elogios hacia Margaret Thatcher y su displicencia ante la visita del canciller británico David Cameron a las islas en febrero de 2024 —cuando declaró a la corresponsal de la BBC, Ione Wells, que «no fue una provocación», contradiciendo a la entonces canciller Diana Mondino— sembraban dudas sobre su política de soberanía.

Sin embargo, la opinión pública obligó a recalcular. Según un informe de la consultora Ad Hoc, la conversación digital sobre Malvinas superó las dos millones de menciones en cinco días, duplicando el miércoles el volumen registrado el pasado 2 de abril. El impacto para el Presidente fue adverso, con un 66,7% de menciones negativas asociadas a su figura y el reclamo de las islas. Ante esto, el Gobierno ensayó un endurecimiento de su postura frente a Londres, motivado también por la decisión final de inversión en el yacimiento petrolífero Sea Lion, un proyecto que podría triplicar el PBI de las islas de acuerdo con el Financial Times.

Esta nueva línea más combativa se tradujo en el repudio del canciller Pablo Quirno a la iniciativa petrolera el pasado 10 de junio, y en la presentación de una nota de protesta formal el pasado lunes ante la Embajada del Reino Unido por los movimientos «ilegales» del buque HMS. En sintonía con este cambio, Milei afirmó recientemente en una entrevista con El Observador:

“Nunca en la historia se han hecho tantos avances diplomáticos para recuperar las Malvinas”

.

Internas al rojo vivo y el factor Villarruel

La dosis de nacionalismo en el universo libertario estuvo históricamente encarnada por Victoria Villarruel, hija de un militar que combatió en Malvinas. La distancia ideológica y personal entre el Presidente y su vice quedó expuesta desde el primer día de gestión, reflejada incluso en las dedicatorias del Libro de Honor del Congreso. Mientras la tensión escalaba, Villarruel calificó de «piratas usurpadores» a los ingleses en la previa de la semifinal, mientras que la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, intentaba hacer cumplir las directivas de la FIFA de prohibir el ingreso de banderas alusivas al conflicto de 1982.

La disputa no quedó allí. La ministra Patricia Bullrich mantuvo un fuerte cruce por WhatsApp con Villarruel luego de que la jefa del bloque de LLA transmitiera un diálogo donde la vicepresidenta sugería posponer el tratamiento de la ley de tierras debido a los festejos, advirtiendo que el proyecto habilitaba a «rifar» todo. La discusión escaló al punto de que la senadora le sugirió a la vicepresidenta que diera un paso al costado si mantenía esa postura. Cerca de Villarruel atribuyen la actitud de Bullrich al «miedo a Karina Milei». Como contraataque silencioso, la vicepresidenta demoró el envío a comisiones del proyecto del «Super RIGI», aprobado en Diputados el 25 de junio y girado recién el 13 de julio.

El ruido interno también salpica la gestión legislativa de Bullrich, a quien la Casa Rosada le reprocha el nuevo fracaso en el tratamiento de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, un texto reescrito en quince oportunidades y al que se le recortó el «silencio positivo», una de las herramientas predilectas de Federico Sturzenegger. Ante la desconfianza, Karina Milei intervino la conducción de la bancada a través de Diego Santilli, Lule Menem e Ignacio Devitt, en un escenario de fragmentación que promete sumar nuevos capítulos.

Compartir: