Psicología infantil: el exceso de juguetes puede afectar la paciencia y concentración de los niños
En una sociedad donde el consumo y la abundancia de bienes materiales parecen ser sinónimo de felicidad, un estudio reciente realizado por La Vanguardia junto a la psicóloga Violeta Acedo (@violetaacedo.psicologia) pone en relieve una preocupación creciente: el impacto negativo del exceso de juguetes en el desarrollo de los niños. Contrario a la creencia popular de que más regalos equivalen a mayor alegría, la especialista advierte que esta práctica puede afectar seriamente la paciencia, la concentración y la capacidad de gratitud en los más pequeños.
Acedo explica que la gratificación inmediata, que se genera al recibir una gran cantidad de regalos de forma habitual, dificulta el aprendizaje de la espera y la tolerancia a la frustración. «Cuando un niño recibe demasiados regalos, de manera habitual, el cerebro se acostumbra a la gratificación inmediata. Esto dificulta el aprendizaje de la espera, del deseo y de la tolerancia a esa frustración. Cuando algo no es “ahora”, “ya”», señala la psicóloga. Estas habilidades emocionales son cruciales en el desarrollo evolutivo y su ausencia puede derivar en una menor paciencia y mayor irritabilidad en el futuro.
Impacto en la atención y la relación con los objetos
El exceso de estímulos que genera un ambiente con demasiados juguetes también incide directamente en la atención y la concentración de los niños. En lugar de fomentar un juego profundo y creativo, la abundancia lleva a que el niño cambie constantemente de un juguete a otro sin involucrarse plenamente en ninguno. «Desde la psicología del desarrollo, sabemos que menos estímulos favorecen un juego más sostenido, creativo y simbólico que es lo que necesitan los niños», afirma Acedo. Esta dispersión de la atención puede traducirse, a largo plazo, en una baja tolerancia a la frustración y la necesidad de inmediatez en la adolescencia y la adultez.
Otro punto crucial que aborda la psicóloga es la influencia del exceso de regalos en la gratitud y la relación de los niños con los objetos. Cuando los regalos son muy frecuentes o numerosos, tienden a perder su valor emocional. El objeto deja de ser algo especial para convertirse en algo esperado e incluso impuesto. Acedo aclara: «Esto no significa que el niño sea desagradecido, sino que no ha tenido espacio para construir el valor del objeto, que es la gratitud que se desarrolla cuando hay escasez, relativamente hablando, significado ante ese objeto y un vínculo emocional con lo recibido. Lo que viene siendo la ilusión por un regalo».
Estrategias para un consumo consciente y beneficioso
Para equilibrar la cantidad y calidad de los regalos, la experta sugiere que los adultos se pregunten si el obsequio aporta algo al desarrollo, disfrute o vínculo del niño. No se trata de prohibir, sino de reducir la saturación y aumentar el significado. Entregar los regalos de forma escalonada, guardar algunos para otros eventos y rotar los juguetes disponibles son algunas de las estrategias prácticas recomendadas. Además, es fundamental acompañar el momento del regalo con presencia y juego colaborativo, en lugar de simplemente entregar el objeto y dejar al niño solo.
La asociación de la felicidad con objetos materiales, si bien parece inofensiva en la infancia, puede tener efectos a largo plazo en la identidad y personalidad del niño. Si la felicidad se busca principalmente en lo externo, el individuo puede desarrollar una relación más superficial con el bienestar, con mayor dificultad para disfrutar de lo que ya se tiene y una tendencia a aburrirse con facilidad.
Los regalos más beneficiosos, según Acedo, son aquellos que favorecen el juego abierto, estimulan la creatividad y la imaginación, se adaptan a la edad y momento evolutivo del niño, e invitan a la interacción social. Libros, juegos simbólicos, construcciones, material creativo como dibujo o arcilla, y experiencias compartidas o tiempo de calidad en un parque son ejemplos de obsequios que fomentan habilidades y emociones positivas.
El consejo principal que la psicóloga brinda a los padres es el de dar ejemplo. Los niños aprenden más de lo que ven y escuchan. La moderación, el ritmo y la relevancia afectiva de lo que se recibe son clave. Esto implica poner palabras al cuidado de los objetos, agradecer juntos, evitar usar regalos como regulación emocional constante y validar las emociones sin resolverlas siempre con cosas materiales. La clave, según Acedo, no está en la escasez rígida, sino en el equilibrio entre límites, presencia y conexión emocional.

