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Fiebre albiceleste: Bangladesh se paraliza y se tiñe de azul y blanco a la espera de la final

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A casi 17.000 kilómetros de Buenos Aires, la capital de Bangladesh, Dacca, se ha sumergido por completo en la identidad albiceleste en las vísperas de la gran final de la Copa del Mundo contra España. Las calles, balcones y puestos callejeros de barrios como Mohammadpur y Motijhil se vistieron con un mar de banderas azules y blancas, mientras la locura por Lionel Messi y la selección argentina vuelve a trascender fronteras, idiomas y generaciones.

La locura por las camisetas y el arte en las calles de Dacca

En los comercios locales de la capital, conseguir la camiseta de la Selección se ha transformado en una misión casi imposible. Los vendedores de réplicas importadas advierten a los clientes que se puede pedir cualquier prenda, excepto la de la Argentina. «¡Ya se agotaron dos veces!», asegura un comerciante desbordado por una demanda que supera ampliamente el inventario disponible en las tiendas.

Esta devoción colectiva tiene su epicentro en la Universidad de Dacca. Allí, las paredes del campus se convirtieron en galerías de arte al aire libre con murales, grafitis y pinturas dedicadas a Diego Maradona, Lionel Messi y Ángel Di María. Estudiantes y curiosos se agolpan durante todo el día para fotografiarse junto a las imágenes de sus ídolos y palpitar el partido decisivo.

Cábalas, rituales y una pasión heredada de generación en generación

La conexión de Bangladesh con el fútbol argentino no es nueva; es un legado que se transmite de padres a hijos. Abdul Rahim Mia, conocido afectuosamente como «Swapan Mama», ha regentado su puesto en el Centro de Profesores y Estudiantes de la universidad durante casi cuarenta años. En el Mundial de 1986, alquiló un televisor para ver a Maradona junto a los alumnos. Hoy, planea cerrar su negocio durante la final con el único deseo de ver a Messi levantar un nuevo trofeo.

Para otros hinchas, el sufrimiento se vive en absoluta soledad. Catherine, estudiante de la Universidad de Moda y Tecnología de Bangladesh, prefiere aislarse en su habitación durante los partidos. Cuando la Selección atraviesa momentos difíciles, apaga la pantalla y se envía mensajes de texto repetitivos a sí misma con la misma frase, esperando cambiar la suerte del encuentro:

La Argentina va a hacer un gol, la Argentina va a hacer un gol.

Por su parte, jóvenes como Sadman Adir y Nusrat Fatema se enamoraron del equipo en 2010 gracias a la irrupción de Messi. Mientras Sadman debate si ver el partido con su familia o con amigos hinchas del Real Madrid, Fatema recuerda la tensión de la final de 2022, donde la emoción la llevó a romper el control remoto del televisor. Para esta ocasión, promete festejar e incluso invitar a sus amigos rivales si el capitán argentino vuelve a consagrarse.

Del sufrimiento bajo la lluvia al ritmo de la cumbia

El camino hacia este partido decisivo estuvo cargado de dramatismo para la hinchada asiática. El pasado 12 de julio, bajo una lluvia torrencial, miles de bangladesíes contuvieron el aliento cuando el suizo Dan Ndoye anotó en el minuto 67, poniendo en jaque a una Argentina que luchaba contra una Suiza con diez hombres. El temor de que fuera el último partido mundialista de Messi sobrevoló la capital.

Sin embargo, el desahogo llegó en la prórroga: un gol de Julián Álvarez en el minuto 112 y la definición de Lautaro Martínez en el 121 desataron la locura en el Mohsin Hall de la Universidad de Dacca. Entre abrazos con desconocidos y lágrimas de emoción, los hinchas terminaron bailando al ritmo de La cumbia de los trapos de Yerba Brava, un himno que, aunque lejano en el idioma, ya sienten como propio.

«Después de tantos años, ya no se trata de ganar o perder. Es parte de quien soy», sintetiza Nayan Kumar Das, fanático desde 2010 que de niño dibujaba la bandera argentina con lápices de colores. A casi 17.000 kilómetros de distancia, la geografía queda anulada: por una noche, Bangladesh volverá a latir al ritmo del corazón argentino.

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