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Mercado laboral: el empleo asalariado volvió a caer y el Gobierno se aferra al boom del monotributo

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El Gobierno nacional publicó un informe oficial que revela un doble impacto negativo sobre el mercado de trabajo argentino: el empleo asalariado privado registrado volvió a caer en abril y acumuló una pérdida de 235.400 puestos desde el inicio de la gestión de Javier Milei, mientras que el salario real promedio de ese sector retrocedió un 2% en mayo a pesar de la desaceleración inflacionaria. Sin embargo, desde la Secretaría de Trabajo buscaron matizar el escenario al destacar el rol de los trabajadores independientes y monotributistas en la reactivación de la actividad económica.

Caída del empleo formal y pérdida del poder adquisitivo

De acuerdo con los registros oficiales, el empleo asalariado registrado en el sector privado retrocedió un 0,2% desestacionalizado en abril, lo que equivale a la pérdida de unos 11.600 puestos de trabajo. Esta baja representa el segundo descenso mensual consecutivo y ubica al empleo formal en su nivel más bajo de los últimos cuatro años. Asimismo, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) anticipó que la tendencia contractiva continuó en mayo con una baja adicional del 0,1%.

La destrucción de puestos laborales se concentró en los sectores más dinámicos de la economía. El Comercio sufrió una baja del 0,3% (3.589 puestos menos) y la Industria Manufacturera retrocedió otro 0,3% (3.868 empleos menos), explicando en conjunto casi dos tercios de la caída de abril. En contraste, solo los sectores de Hoteles y Restaurantes (+0,4%) y Agricultura, ganadería y pesca (+0,2%) mostraron incrementos significativos.

Por el lado de los ingresos, el panorama también muestra un fuerte deterioro. El poder adquisitivo del salario promedio del sector privado registrado cayó un 2% real en mayo respecto de abril. Aunque el salario promedio todavía se posiciona un 0,2% por encima de los niveles de noviembre de 2023, los acuerdos paritarios de los principales convenios colectivos acumulan una pérdida real del 7,7% frente a la inflación.

El refugio del monotributo y el argumento oficial

Para contrarrestar estos indicadores, el informe oficial dedicó un apartado especial a ponderar la expansión del trabajo independiente. Según datos procesados por la consultora Politikon Chaco en base al SIPA, entre noviembre de 2023 y abril de este año se perdieron 235.419 empleos asalariados privados, 73.100 públicos y 21.200 en casas particulares. En sentido opuesto, el número de monotributistas se incrementó en 150.200 personas, mientras que los autónomos crecieron en 1.500.

La Secretaría de Trabajo argumentó que el crecimiento de esta modalidad cuentapropista ya no es solo un refugio frente al desempleo, sino un motor de la economía. El informe detalla que, entre 2023 y 2025, el trabajo independiente —que representa solo el 17% del Valor Agregado Bruto (VAB) privado— aportó 1,8 puntos de los 2,3 puntos de crecimiento acumulado de la economía privada. Es decir, casi ocho de cada diez puntos de la expansión económica de ese período estuvieron vinculados al cuentapropismo.

Preocupación por la calidad del empleo y el desacople de la actividad

A pesar de la lectura optimista del oficialismo, diversos analistas advierten sobre los riesgos detrás de esta mutación del mercado laboral. El economista Amílcar Collante graficó el marcado desacople entre la actividad económica y el empleo asalariado: mientras que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec ya recuperó los niveles previos al cambio de gobierno, la generación de empleo registrado sigue rezagada.

Para Nuria Susmel, economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), este fenómeno expone una precarización del mercado de trabajo:

El empleo asalariado formal, asociado a empleo de mayor productividad, perdió alrededor de 250.000 puestos en el último año, mientras que la creación de nuevos puestos se concentró en modalidades independientes e informales.

Por su parte, desde la consultora Econviews coincidieron en que la lenta recuperación de sectores intensivos en mano de obra, como la construcción y la industria, empuja a los trabajadores hacia opciones de menor productividad y cuentapropismo, tales como el reparto mediante aplicaciones móviles, la elaboración y venta de alimentos o la prestación de servicios independientes.

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