Malvinas: la oscilación del Gobierno entre el acuerdo comercial de Mondino y las denuncias de Quirno
La política exterior del gobierno de Javier Milei respecto a la cuestión de las Islas Malvinas transita por un sinuoso camino de contradicciones y giros estratégicos. Desde la diplomacia del «paraguas de soberanía» impulsada por la ex canciller Diana Mondino, orientada a priorizar los negocios y la sintonía comercial con el Reino Unido, la gestión libertaria viró recientemente hacia un discurso de mayor confrontación y denuncias formales ante las Naciones Unidas, motorizadas por el actual ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno.
El «paraguas de soberanía» de la gestión Mondino
Durante el primer año de gestión, la conducción de la Cancillería estuvo signada por el pragmatismo comercial de Diana Mondino. La funcionaria promovió una «nueva relación» con Londres, bajo la premisa de avanzar en acuerdos bilaterales sin poner sobre la mesa la discusión de fondo. De los encuentros con su par británico, David Lammy, surgió un entendimiento informal para restablecer los vuelos a las islas vía Córdoba, organizar viajes de familiares al cementerio de Darwin y reactivar las tareas de identificación de soldados caídos a través de la Cruz Roja.
Esta estrategia, que la propia Mondino definió bajo el concepto de
«La idea es no discutir soberanía, sino otros temas de mucha importancia. Ese es el paraguas»
, cosechó duras críticas internas. No solo el kirchnerismo cuestionó el alineamiento comercial, sino también la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien marcó una distancia insalvable con la postura oficial. Paralelamente, Milei sostenía la hipótesis de que la Argentina debía convertirse en una potencia económica para «convencer» a los isleños de querer ser argentinos.
El impacto comercial y el recambio ministerial
Tras la salida de Mondino y el breve paso de Gerardo Werthein por el Palacio San Martín, el intercambio comercial con el Reino Unido experimentó un alza. Según datos del Observatorio de Complejidad Económica (OEC), las exportaciones argentinas hacia ese destino crecieron un 9% y las importaciones un 16%. Sin embargo, este dinamismo mercantil no se tradujo en avances concretos sobre el reclamo de soberanía por las islas, donde en 1982 perdieron la vida 649 soldados argentinos.
Con la llegada de Pablo Quirno a la Cancillería, el Gobierno intentó explorar la flexibilización del embargo militar británico que pesa sobre el país desde la guerra, una gestión que Londres maneja bajo un estricto esquema de revisión «caso por caso». Al mismo tiempo, Quirno planteó la viabilidad de un tratado de libre comercio entre el Mercosur y Gran Bretaña, una iniciativa que rápidamente colisionó con la realidad geopolítica en el Atlántico Sur.
De la seducción comercial a la denuncia ante la ONU
El punto de inflexión en la relación bilateral se precipitó debido a las actividades extractivas en la zona en disputa. Presionado por las denuncias del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, el canciller Quirno debió endurecer la postura argentina ante la ONU. El diplomático denunció formalmente la «militarización» de las islas y la explotación unilateral de recursos naturales, poniendo el foco en el proyecto petrolero Sea Lion, desarrollado por firmas británicas e israelíes.
A pesar de este reciente endurecimiento y de las protestas formales presentadas ante Londres, el presidente Javier Milei insiste en que su gestión es la que mayores logros diplomáticos ha obtenido en la materia. En declaraciones radiales, el mandatario aseguró haber negociado «que la ONU obligue a Inglaterra a sentarse a negociar», omitiendo que las resoluciones del Comité de Descolonización que exhortan al diálogo son de carácter anual y sistemático desde el año 1965.

