Mundial de Qatar: la pelota del tercer gol de Messi está en Castelar y rechazaron ofertas millonarias
A poco más de un año de la histórica consagración de la Selección Argentina en el Mundial de Qatar 2022, los tesoros de aquella final en el Estadio Lusail siguen despertando asombro. Uno de los objetos más valiosos del partido ante Francia, la pelota con la que Lionel Messi marcó el tercer gol argentino en el tiempo suplementario, no está en un museo de la FIFA ni en las vitrinas de la marca deportiva oficial: descansa en un rincón secreto de la localidad bonaerense de Castelar, en el oeste del Conurbano.
La historia detrás de esta reliquia pertenece a Ignacio Soto, un joven de 33 años que viajó a Qatar junto a su hermano Juan con el sueño de ver a la Albiceleste campeona. Lo que nunca imaginaron es que regresarían al país con uno de los siete balones oficiales que rodaron en el campo de juego durante la final del 18 de diciembre de 2022.
“En ese partido se usaron 7 pelotas, y todas fueron entregadas. Los que las tienen son Mbappé, Adidas, el museo de Adidas, el museo de la FIFA, el emir de Qatar, Lionel Scaloni y yo”, explica Ignacio con orgullo.
El milagro en la tribuna de Lusail
El partido se encontraba en el minuto 108 de la prórroga. Una jugada iniciada por Gonzalo Montiel terminó en el gol de Lionel Messi que ponía el 3-2 parcial para Argentina. Poco después, en medio de la tensión del encuentro, el cordobés Paulo Dybala reventó la pelota hacia la tribuna para alejar el peligro.
El balón cayó justo al lado de Ignacio. Al ver que el alcanzapelotas oficial de la FIFA se aproximaba para recuperar el esférico, el joven de Castelar actuó rápido: le pidió la pelota a la persona que la había atajado para sacarse una foto y, ante la presión del momento, se la quedó. Tras sortear los controles del estadio y el aeropuerto —donde los agentes de seguridad incluso hicieron «jueguitos» con ella antes de embarcar—, los hermanos lograron traer el balón a Buenos Aires sin tener que desinflarlo.
Un tesoro oculto y ofertas de siete cifras
Al llegar a la Argentina, la noticia de que la pelota del tercer gol estaba en Castelar se viralizó rápidamente. Sin embargo, la fama repentina trajo complicaciones de seguridad. Vecinos y desconocidos comenzaron a merodear la vivienda familiar con actitudes sospechosas, lo que obligó a los hermanos Soto a resguardar el balón en una ubicación ultra secreta que solo ellos conocen.
El valor de la pieza despertó de inmediato el interés del mercado internacional de coleccionistas. Prestigiosas casas de subastas como las británicas Sotheby’s y Graham Budd, así como la estadounidense Goldin, se contactaron con los jóvenes bonaerenses ofreciendo sumas millonarias que superan las siete cifras en dólares.
A pesar de la magnitud de las ofertas, la decisión de los hermanos es rotunda: la pelota no se vende. Para Ignacio, el valor emocional de haber cumplido el sueño de su infancia supera cualquier cifra económica. «Es un hermoso e invaluable recuerdo. Incluso si estuviera en una situación económica complicada, me costaría aceptar lo que me ofrecen. El único que le puede poner precio es Messi», concluye el joven, quien ya planea seguir alentando a la Selección en sus próximos compromisos.

