Rumbo político: la desaprobación del gobierno de Javier Milei alcanzó el 62% según la Universidad de San Andrés
El descontento social y la incertidumbre económica comienzan a consolidarse en los estudios de opinión pública. Según la última edición de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, correspondiente al mes de julio, la desaprobación de la gestión de la administración nacional alcanzó el 62%, evidenciando un marcado deterioro en el humor social y en las expectativas de la población a mediano plazo.
El informe, que releva de manera periódica el termómetro político y social del país, muestra que las preocupaciones de los ciudadanos empezaron a virar de manera drástica. Mientras que en los primeros meses del año el foco principal estaba puesto en la inflación, el escenario actual muestra una creciente alarma por la situación laboral y el poder adquisitivo. El desempleo, los bajos salarios y la corrupción se ubicaron en el podio de las principales problemáticas señaladas por los encuestados.
Sin líderes con saldo positivo
Uno de los datos más salientes del estudio de la alta casa de estudios es el desgaste generalizado de todo el arco político, sin distinción de partidos o ideologías. Por primera vez en meses, absolutamente todos los dirigentes nacionales evaluados registraron un diferencial de imagen negativo. Esto significa que la proporción de ciudadanos que tiene una percepción mala o muy mala de los referentes oficialistas y opositores supera con creces a quienes mantienen una valoración positiva.
Este fenómeno de desgaste transversal afecta tanto a las principales figuras del Poder Ejecutivo como a los líderes de la oposición. La falta de alternativas consolidadas y el impacto directo de las medidas de ajuste en el bolsillo de la población aparecen como los principales catalizadores de esta desafección política generalizada.
Expectativas en baja
El relevamiento de la Universidad de San Andrés también advierte sobre un retroceso en las expectativas de cara al futuro. La percepción sobre la situación actual del país y la proyección de los hogares muestran curvas descendentes, lo que enciende luces de alerta en el escenario político respecto al nivel de tolerancia social frente al rumbo de la economía y la gestión estatal.

