Biocombustibles: el peronismo presiona en el Congreso para elevar al 15% el corte de biodiésel
El Congreso de la Nación enfrenta un debate clave para el futuro del entramado productivo y energético de la Argentina: la modificación del esquema de uso de los biocombustibles. En medio de las negociaciones legislativas, referentes de la Secretaría de Asuntos Agrarios del Partido Justicialista (PJ) advirtieron sobre la necesidad urgente de reformular el proyecto impulsado por el oficialismo para evitar la pérdida de puestos de trabajo y el cierre de plantas en el interior del país, proponiendo elevar el corte obligatorio al 15%.
La discusión excede la cuestión ambiental y se mete de lleno en la economía real: el sostenimiento del productor rural, el funcionamiento de la red de pymes agroindustriales y la generación de empleo de calidad en el polo aceitero del Gran Rosario. Según explican los técnicos del peronismo, el país debe reaccionar ante un escenario internacional complejo, caracterizado por una desaceleración de la demanda global de alimentos y un crecimiento de la producción agrícola que presiona los precios a la baja.
El espejo de los competidores: las estrategias de Brasil y Estados Unidos
Frente a la menor tracción de compradores históricos como China, los principales competidores de la Argentina —Brasil y Estados Unidos— adoptaron una fuerte política de estímulo al mercado interno a través de los biocombustibles. Ambos gigantes norteamericanos y sudamericanos vuelcan hoy más aceite de soja a la producción de biodiésel y diésel renovable que al consumo culinario, utilizándolo como una herramienta de política agrícola para proteger a sus productores.
Las cifras del sector exponen la brecha de escala. En 2008, Brasil y la Argentina utilizaban un volumen similar de aceite de soja para elaborar biodiésel, rondando las 800.000 toneladas. Para el año 2025, el gigante vecino elevó ese consumo a 7,3 millones de toneladas, mientras que la Argentina apenas alcanzó un millón de toneladas. Por su parte, Estados Unidos pasó de procesar 1,5 millones de toneladas en 2008 a proyectar 6,6 millones para 2026 y 8 millones para 2027.
Esta agresiva industrialización doméstica permite a los competidores retirar aceite del mercado mundial y salir a vender de manera más competitiva la harina proteica de soja, el principal subproducto de la molienda. Este avance amenaza de forma directa el liderazgo histórico de la Argentina como exportador global, registrándose ya casos donde el producto norteamericano y brasileño desplaza al nacional en distintos mercados internacionales.
El frente local: la caída de las exportaciones y el rol de las pymes
En el plano doméstico, la industria del biodiésel se divide en dos grandes universos. Por un lado, las grandes terminales exportadoras del polo de Rosario, hoy severamente afectadas por las medidas proteccionistas de la Unión Europea y los Estados Unidos. Las ventas externas argentinas sufrieron un desplome dramático: de superar las 1,6 millones de toneladas anuales en el período 2016-2017, cayeron a apenas 280.000 toneladas en 2025.
Por el otro lado, coexisten unas 30 plantas destinadas al abastecimiento del mercado interno. Este segmento sostiene un entramado federal compuesto por centenares de pymes extrusoras distribuidas en el interior agrícola, que compran el poroto a miles de productores locales para extraer el aceite crudo que luego procesan las plantas refinadoras.
La propuesta del PJ: «agrandar la torta» para evitar cierres
Desde el peronismo señalan que el proyecto oficial de fijar el corte de biodiésel en un 10% resulta «absolutamente inaceptable» porque genera el efecto de la «frazada corta», excluyendo del negocio a las empresas no integradas y poniendo en riesgo la supervivencia de la comunidad rural. Ante esto, plantean que la solución técnica y política es la convergencia con Brasil mediante un incremento del corte obligatorio.
«Agrandar la torta» es la respuesta para que las grandes plantas elaboradoras de biodiésel se vuelvan a abrir y que las plantas que hoy vuelcan su producción al corte no tengan que cerrar y despedir trabajadores.
La propuesta de elevar el corte al 15% busca imitar el modelo de equilibrio implementado en el sector del bioetanol, donde conviven la industria cañera y la maicera. Según los especialistas, duplicar el corte de biodiésel no solo reactivaría las plantas paralizadas, sino que además sostendría el precio interno de la materia prima y mejoraría la competitividad de la harina de soja, traduciéndose en mejores márgenes para el productor local. «Ese es el camino que el legislador tiene que visualizar a la hora del voto», concluyeron.

