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Emergencia eléctrica: el Gobierno prorrogó la medida hasta fines de 2027 para alinearla con el gas

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El Gobierno nacional oficializó la prórroga de la emergencia del sector eléctrico bajo jurisdicción federal hasta el 31 de diciembre de 2027. La medida, dictada mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 585/2026, busca unificar los plazos de excepción con los que ya rigen para el transporte y la distribución de gas natural, en un intento por dar previsibilidad operativa y económica a un sistema que aún muestra severas señales de fragilidad técnica y financiera.

El decreto lleva la firma del presidente Javier Milei y de todos los ministros de su gabinete. Desde la perspectiva oficial, la extensión de la emergencia —originalmente declarada a fines de 2023 mediante el Decreto 55/2023 y prorrogada sucesivamente por los decretos 1023/2024 y 370/2025— resulta indispensable porque las condiciones críticas iniciales no han sido superadas, a pesar de las mejoras parciales registradas en los últimos meses en determinadas variables del sector.

Interdependencia con el gas y fragilidad técnica

El argumento central del Poder Ejecutivo para equiparar los plazos temporales radica en la estrecha relación entre el sector eléctrico y el de los hidrocarburos. Según explicaron las autoridades, existe una «interdependencia operativa y económica» ineludible, dado que el gas natural funciona como el insumo crítico y principal para la generación térmica de electricidad en el país. El sistema de gas ya había sido prorrogado hasta fines de 2027 mediante el Decreto 49/2026, por lo que se consideró necesario unificar los esquemas para preservar la seguridad del abastecimiento integrado.

Para sostener técnicamente la urgencia, el texto oficial expone cifras alarmantes sobre el estado de la infraestructura nacional. Durante febrero de 2025, el sistema interconectado registró un pico de demanda máxima de 30.257 megavatios, operando con un margen de reserva disponible de apenas el 4,4%. Este nivel es considerado crítico e insuficiente para responder de manera adecuada ante contingencias climáticas o fallas de envergadura.

A esto se suma el diagnóstico sobre el parque generador, calificado con un «alto grado de envejecimiento». Las principales estaciones transformadoras del país operan de manera sostenida con niveles de utilización superiores al 90%, mientras que más del 60% de las interrupciones y fallas en la etapa de distribución se concentran en alimentadores que superan los 25 años de antigüedad.

La delicada cadena de pagos y el frente de los subsidios

En el plano financiero, el DNU destaca una evolución positiva en la cobrabilidad de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA). Mientras que en diciembre de 2023 la tasa de cobro apenas rozaba el 48%, actualmente se ubica en niveles cercanos al 97%. Sin embargo, el Gobierno advierte que este equilibrio es sumamente frágil y requiere consolidación.

«Una reversión en la disciplina de pagos podría afectar el flujo de fondos administrado por CAMMESA, comprometer pagos a generadores, transportistas y demás agentes del mercado, deteriorar la confianza de los inversores y recrear desequilibrios financieros que el régimen de emergencia procura superar»

El otro gran frente de conflicto radica en las tarifas residenciales y la reducción de subsidios estatales. Datos oficiales revelan que durante mayo de 2026, el Precio Estacional (PEST) abonado por los usuarios residenciales subsidiados cubrió solamente «aproximadamente el 24%» del costo de referencia de la energía. Esta brecha tarifaria obliga al Tesoro Nacional a continuar con un esquema de transición gradual, previsible y focalizado hacia la sostenibilidad económica para evitar un descalabro en las cuentas públicas y reducir la dependencia de aportes extraordinarios.

Los riesgos de no prorrogar la emergencia

La Casa Rosada alertó sobre los peligros de dejar vencer el marco de excepción. De no haberse prorrogado la norma, el sector se enfrentaría a discontinuidades regulatorias, demoras en la adopción de medidas operativas y un debilitamiento generalizado de las herramientas de regularización financiera. Esto, según el texto del DNU, se traduciría en una pérdida de previsibilidad para las inversiones privadas y un incremento sustancial en el riesgo de cortes o fallas en la continuidad del servicio público de electricidad.

Con esta prórroga, el Poder Ejecutivo se garantiza la facultad de continuar implementando de forma directa las reformas regulatorias, operativas, económicas, contractuales y tarifarias que considere necesarias para garantizar el funcionamiento del sistema eléctrico nacional hasta el último día de 2027.

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