Plan reeleccionista: el giro pragmático de Javier Milei y la ingeniería electoral que sacude al PRO
El gobierno de Javier Milei ingresa en una nueva etapa marcada por el pragmatismo político y la obsesión por la supervivencia de cara a las elecciones de 2027. Tras el último Tedeum del 9 de Julio, el Presidente reunió a su Gabinete para revelar los detalles de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, un proyecto elaborado junto al ministro de Economía, Luis Caputo, el asesor Federico Sturzenegger y el titular del BCRA, Santiago Bausili. La iniciativa busca prohibir por completo el financiamiento al Tesoro y establecer penas de prisión imprescriptibles para los funcionarios que emitan moneda, sepultando de manera definitiva la promesa electoral de cerrar la entidad monetaria.
Durante la reunión de Gabinete posterior a la ceremonia religiosa, que se extendió por más de una hora, Milei sorprendió a sus ministros con una confesión sobre su moderación discursiva:
“Ahora estoy puteando menos, ¿vieron? Creo que no voy a putear más, así ustedes pueden hacer bien su trabajo. ¡Mirá lo que están haciendo conmigo, Colorado!”
, le espetó el mandatario a Diego Santilli, en el primer elogio público hacia el actual jefe de Gabinete. El gesto expone el nuevo clima interno tras la salida de figuras como Nicolás Posse y el vocero Manuel Adorni, lo que según fuentes del entorno digital del oficialismo le quitó un «peso de encima» al Presidente.
La ingeniería para el 2027: colectoras y el fin del purismo
La encargada de diseñar el armado electoral es la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, quien ha dejado de lado la intransigencia inicial de presentar candidatos propios en cada provincia. La estrategia actual prioriza tejer alianzas con gobernadores afines para garantizar gobernabilidad y acelerar las reformas legislativas. En este esquema, figuras clave de la política tradicional como Diego Santilli, Martín Menem y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, operan activamente para suspender las elecciones PASO o, en su defecto, implementar el sistema de colectoras, una herramienta históricamente asociada al kirchnerismo para sumar votos transversales.
El pragmatismo de La Libertad Avanza responde a un diagnóstico riguroso de sus estrategas de campaña, quienes advierten sobre los riesgos de un eventual balotaje frente al peronismo, donde el gobernador bonaerense Axel Kicillof asoma como el rival mejor perfilado. La meta del oficialismo es sellar un triunfo en primera vuelta alcanzando el 45% de los votos, o bien el 40% con una distancia de diez puntos sobre el segundo competidor, evitando así escenarios de dispersión opositora o la aparición de un candidato externo competitivo.
Tensión en la Ciudad y el frente financiero
El armado electoral también reaviva las tensiones con el PRO en su principal bastión: la Ciudad de Buenos Aires. Mientras el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, ya oficializó sus intenciones de ir por la reelección, el expresidente Mauricio Macri presiona para que su primo abra una interna con Horacio Rodríguez Larreta para contener al electorado. Sin embargo, desde la Casa Rosada, Karina Milei evalúa presentar una lista propia encabezada por Patricia Bullrich, la dirigente oficialista que mejor mide en territorio porteño, lo que desataría un conflicto directo con la conducción del PRO.
En el plano económico, el Gobierno ata su suerte política a la estabilización macroeconómica. Con el recuerdo de las corridas cambiarias del año pasado, el ministro Luis Caputo presentó de forma anticipada el programa financiero para 2026 y 2027. El Palacio de Hacienda busca llevar tranquilidad a los mercados asegurando que los pagos de los vencimientos de deuda en moneda extranjera están completamente garantizados sin necesidad de recurrir a financiamiento internacional, una señal clave para despejar la incertidumbre en el tramo final del mandato.

