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Marco Lavagna advierte: Argentina entra al nuevo orden global como «cantera» de materias primas

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Argentina se inserta en el nuevo tablero geopolítico global, marcado por la era de la inteligencia artificial, pero lo hace con el riesgo de consolidar un rol de mero proveedor de materias primas. Así lo advierte el economista Marco Lavagna, quien fuera director del INDEC, en un reciente análisis sobre el posicionamiento del país frente a las nuevas dinámicas de poder mundial.

Según Lavagna, el siglo XXI redefine el poder no en petróleo y acero, sino en la capacidad de cómputo para la inteligencia artificial y en los insumos físicos que la alimentan: minerales críticos, semiconductores, energía y alimentos. Este cambio impulsó a las grandes potencias a reorganizar su política exterior, priorizando la seguridad de las cadenas de suministro por encima del costo.

Las cartas de Argentina en el tablero global

En este escenario, Argentina posee una posición estratégica, con importantes recursos en tres de los cuatro insumos que definen la época. En energía, destaca Vaca Muerta, que ya convierte al país en exportador neto. En minerales, el litio del norte y un vasto cinturón de cobre por desarrollar, sumado a reservas incipientes de tierras raras, uranio, cobalto y níquel. En alimentos, mantiene su rol histórico como generador de divisas. La única falencia es en semiconductores, donde no hay recursos, aunque sí un talento en la industria del software que no debe subestimarse.

Esta situación explica la reciente decisión del Gobierno de adherir a la Pax Silica, una coalición liderada por Estados Unidos que busca asegurar las cadenas de suministro de la era de la inteligencia artificial por fuera de la órbita china. Lavagna considera esta decisión coherente con el alineamiento de los últimos años, donde ser un proveedor confiable de insumos críticos se vuelve un activo valioso.

El riesgo del “raquitismo industrial”

Sin embargo, el economista subraya que “una cosa es entrar al juego y otra muy distinta es en qué escalón se entra”. El principal riesgo, según Lavagna, no es quedar afuera, sino ingresar como una “cantera”: exportar la piedra y comprar la tecnología. Esta dinámica ya se observa en la “letra chica” de estas alianzas, que integran como socios a los países que aportan diseño, fabricación y capital, mientras que a los que proveen materia prima los incorporan como simples proveedores.

Argentina, por ahora, se ubica en este segundo grupo, un patrón que, según Lavagna, se repite históricamente con el cuero, el trigo, el petróleo y la soja. Lo describe como “raquitismo industrial”: exportar lo que se extrae e importar lo que tiene valor agregado. Para el economista, el salto cualitativo no es vender más toneladas de carbonato de litio, sino procesarlo, transformarlo y agregarle ingeniería.

Propone una “jugada de síntesis” con el gas de Vaca Muerta, escalando la producción de fertilizantes nitrogenados para dejar de ser importador y convertirse en exportador neto, conectando así las fortalezas energética y alimentaria. Los biocombustibles son un ejemplo de cómo se puede reforzar el eslabón industrial de la soja, el maíz y la caña de azúcar, evitando la exportación de producción primaria.

Desafíos y costos del nuevo posicionamiento

La transformación de Argentina de “cantera” a socio que captura valor requiere de tres pilares fundamentales: infraestructura y logística adecuadas para la producción, estabilidad macroeconómica y reglas creíbles para atraer capital de largo plazo, y una política que articule Estado, ciencia e industria. Sin estos elementos, los incentivos se limitarán a “cavar más hondo” en lugar de “subir más alto”.

Además, Lavagna advierte sobre el costo de elegir el carril occidental: tensionar la relación con China, un socio comercial clave, gran comprador de soja y con inversiones significativas en el litio argentino. La diplomacia de los próximos años deberá administrar esta fricción con inteligencia, reconociendo los márgenes de maniobra sectoriales.

La buena noticia, concluye Lavagna, es que por primera vez en mucho tiempo el mundo necesita lo que Argentina tiene. La mala sería “desperdiciar esa ventana repitiendo el viejo libreto”. La pregunta no es si Argentina entra en el nuevo orden, sino si lo hace como el lugar de donde se saca la piedra o como el lugar donde la piedra se convierte en algo más. “No alcanza con tener el subsuelo: hay que decidir, de una vez, qué vamos a hacer con él”, sentenció.

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