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El mendocino que triunfó en Alemania y planea volver: «Papá, las calles están rotas, pero me encanta Argentina»

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Leonardo Fernández, nacido y criado en Godoy Cruz, Mendoza, persiguió desde joven el sueño de la independencia y el crecimiento profesional. A los 21 años, en junio del 2000, emprendió un viaje a Estados Unidos, motivado por la búsqueda de nuevas oportunidades que, según sus palabras, le costaba imaginar posibles en la Argentina de aquel entonces. Su partida no fue por necesidad, sino por el deseo de explorar el mundo y desafiar sus propios límites.

Sin recursos económicos significativos y con un inglés rudimentario, Leonardo se instaló en Nueva Jersey. Su audacia juvenil lo llevó a trabajar hasta 16 horas diarias en una estación de servicio y, tras probar suerte brevemente en Miami, regresó al mismo empleo donde sus jefes cubanos lo recibieron nuevamente. Fue en esta etapa cuando su madre, Nelly, y luego su padre, se unieron a él, marcando un período de estabilidad y la posibilidad de realizar compras sin la preocupación constante por el gasto, una diferencia que aún hoy valora.

De Estados Unidos a Europa: la búsqueda de una vida legal y nuevos horizontes

Con el tiempo, Leonardo se trasladó a Houston, donde fue manager de un bar y agente de bienes raíces. A pesar de los logros y la compra de una casa, surgió un deseo inquebrantable: dejar de estar en situación irregular en Estados Unidos y poder viajar libremente. Este anhelo lo llevó a España con su esposa, Sandra, y su hijo, Gian, después de una emotiva visita a Mendoza en 2005 donde se casaron formalmente.

En Valencia, España, Leonardo intentó consolidarse. Abrió uno de los primeros clubes indoor de pádel de la ciudad, un rubro que lo cautivó. Sin embargo, tras el nacimiento de su hija Agustina y no encontrar los resultados esperados, decidió buscar un país con una economía más fuerte. Después de explorar Noruega y Austria, la familia se decantó por Alemania. Llegaron con escasos recursos, sin contactos ni trabajo, y sin hablar alemán, lo que representó un nuevo y significativo desafío.

El triunfo en Alemania y el llamado de la tierra natal

En Alemania, la familia Fernández encontró apoyo inesperado. Un propietario de departamento y otra familia alemana los ayudaron a conseguir vivienda y empleo, primero en los almacenes de Amazon y luego en la industria del metal. Con gran esfuerzo y noches sin dormir, Leonardo logró establecer su propio negocio de pádel, inaugurando canchas en el sur de Alemania. Su historia de superación fue reconocida por la ciudad de Augsburgo, que le otorgó un diploma y una medalla por ser una de las cincuenta personas con historias inspiradoras de la región.

A pesar del bienestar alcanzado en Schwabmünchen, Baviera, el sentimiento por Argentina se intensificó. Una visita a Mendoza en 2015, tras siete años de ausencia, reavivó la fantasía de regresar. La pandemia demoró sus planes, pero la idea de un retorno progresivo tomó forma: él dividiría su tiempo entre sus negocios en Alemania y su familia en Argentina. Actualmente, su esposa e hijos están instalados en Mendoza, mientras él gestiona sus empresas en ambos países, reconociendo la dificultad de la distancia diaria con sus hijos.

«Me encanta Argentina»: el motor de un regreso anhelado

Veintiséis años después de su primera partida, Leonardo reflexiona sobre su trayectoria. Ha cumplido su sueño de ver el mundo y ser dueño de su propio negocio, pero el arraigo a su tierra y la familia son ahora su principal motor. Su hijo Gian, quien solo había visitado Mendoza un par de veces, le dijo una frase que lo conmovió profundamente:

Papá, las calles están rotas, algunas cosas se ven viejas, pero me encanta, me encanta Argentina.

Esta conexión de sus hijos con el país, que se manifiesta incluso en el Mundial y un tatuaje de las Malvinas, refuerza su decisión. Leonardo representa una fábrica de césped en Argentina, enfrentando los desafíos de un nuevo mercado y la carga impositiva. Su objetivo es, en unos años, establecerse permanentemente en Mendoza y conocer más su país. Reconoce que emigrar implica un alto precio, la pérdida de momentos cotidianos y afectos, y aunque no se arrepiente de su camino, hoy elige construir su regreso a su amada Argentina.

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