Corazones argentinos: la epopeya de la Selección y el sufrimiento que nos define
En la cancha, Lionel Messi llora como pocas veces se lo ha visto, esta vez de pura emoción, tras una victoria que le recorre el cuerpo con una intensidad particular. A pesar de una carrera incalculable en títulos, goles y premios, la alegría desbordante es evidente. En lo alto del Atlanta Stadium, decenas de argentinos corren desaforados, celebrando el gol de Enzo Fernández con vibraciones irrefrenables, plenamente conscientes de la magnitud del momento.
En Buenos Aires y en cada rincón del mundo donde se vive y se siente Argentina, la distancia con Estados Unidos se anula. Reunidos en familia, con amigos, en un bar o escuchando la radio a la vieja usanza, el sufrimiento se palpa. Pero, ¿hasta cuándo aguanta ese corazón? Apenas 90 horas después de la «operación a corazón abierto» frente a Cabo Verde, la Selección fue sometida a otro test de supervivencia contra Egipto. Evidentemente, las únicas garantías que otorga el equipo en este Mundial 2026 son las de carácter, que aflora como salvataje cuando futbolísticamente el equipo está en falta.
Una historia de infarto: del 78 a Qatar 2022
Lo que sucede en el presente no es un capítulo aislado. La historia de Argentina en los Mundiales está plagada de situaciones límite e instancias cruciales que han puesto a prueba la resistencia de los hinchas. Tomemos como punto de partida la primera conquista en 1978. Muchos no habían nacido y otros venían de decepciones. Los corazones se paralizaron en el minuto 90 de la final contra Holanda, con el 1-1 en el marcador, cuando Rob Rensenbrink estrelló su remate en el poste derecho del arco del Pato Fillol. En el suplementario, los destellos del Matador Kempes sellarían el 3-1 histórico y la ansiada consagración.
Ocho años después, en el Azteca, la mejor función del equipo de Bilardo en el partido decisivo (2-0 hasta los 74’) se enturbió en solo ocho minutos con un par de pelotas paradas. De la euforia a la angustia, el estrés se pronunció. Pero la última genialidad de Maradona le dio un pase a la gloria a Burruchaga para el 3-2 sobre Alemania, sellando la segunda estrella.
En Italia 90, no hubo título, pero sí un subcampeonato y, sobre todo, ese domingo inolvidable en Turín con el gol de Caniggia a Brasil, tras otra jugada mágica de Maradona. Un partido en el que los remates brasileños pegaban en los palos y el travesaño del arco de Goycochea, forjando corazones indestructibles.
La saga de emociones se prolongó con los penales contra Inglaterra en Francia 98, y más penales contra Holanda en Brasil 2014, cuando Chiquito Romero se convirtió en héroe. La historia continuó en Qatar 2022, primero contra Países Bajos y luego en la final ante Francia, con un partido electrizante y nuevamente penales. La mejor final de todos los tiempos terminó consagrando a Messi y la tercera estrella, que llegó en una época distinta del año: un 18 de diciembre, regalando un cierre de año inolvidable y permitiendo a dos o tres generaciones vivir una final en tiempo real.
El presente: coqueteando con el abismo
La etapa preliminar del Mundial 2026 fue una cabalgata al paso para Argentina, hasta que llegaron los playoffs y con ellos los cimbronazos. «Esto es un parto», «Por qué sufrimos tanto», «No estamos igual que en Qatar», son algunas de las sensaciones y preguntas que resuenan. Es un Mundial que viene ofreciendo sorpresas, con actuaciones inesperadas de equipos menos poderosos y caídas de grandes protagonistas históricos, como Brasil y Alemania. Argentina coqueteó con el abismo, no por elección propia, sino porque la realidad la puso en ese sitio, navegando en la incertidumbre hasta que el carácter la saca a flote. Una vez más, los corazones quedaron expuestos a prueba.
Contra Cabo Verde, hubo una sensación de no poder controlar las ventajas obtenidas. «Corregiremos», anunció esa noche Lionel Scaloni, quien apuntó que el partido «fue el que más lo marcó» entre los 100 que condujo a la Selección. Hubo cambios, reingeniería táctica, pero el siguiente choque con Egipto por los octavos de final fue el compromiso en el que más cerca se estuvo del precipicio, presagiando una despedida prematura con resignación. Apurado por la necesidad de descontar un 0-2, jugando contrarreloj (hasta los 78 minutos), y con el sarcófago egipcio listo para cerrarse, la ilusión parecía sepultada. Con un corazón que latía casi por inercia, aparentemente vencido.
Del silencio y la calma a la explosión del pueblo con el tercer gol de Argentina
Que video grandioso pic.twitter.com/0qH8qAHp4W
— Modo Scaloneta 🇦🇷🏆 (@ModoScaloneta) July 7, 2026
Pero el aguante del corazón argentino se impuso. Como si un par de manos celestiales hubiesen ensayado una maniobra de RCP, la Selección volvió a brincar para vivir un nuevo capítulo de esos que se relatarán por siempre. Nos fuimos a dormir con una sonrisa, pero la pregunta persiste: ¿cuál es el límite de tolerancia del motor que nos impulsa? Los corazones, como el equipo futbolísticamente hablando, necesitan algo de paz. Claman por ello.

