Sociedad

Atlantic City en la Argentina: la historia del frustrado balneario de lujo en Ostende

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Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la costa argentina fue escenario de sueños urbanísticos ambiciosos. Mientras la ciudad balnearia de Ostende lograba consolidarse, un segundo proyecto, aún más grandioso, quedó reducido a un único edificio, apenas un vestigio de lo que prometía ser: la Atlantic City argentina.

La idea era crear un gran centro turístico sobre los médanos de Ostende, con una escala comparable a los balnearios europeos. Su pieza central, el Atlantic Palace, aspiraba a ser un hotel gigante, pero su construcción nunca se completó.

La concepción de estos balnearios surgió en Europa, impulsada por la corriente higienista que a fines del siglo XIX difundió los beneficios terapéuticos del agua salada, el sol y la brisa marina. El “turismo de salud” se expandió, dando origen a ciudades-balneario en Francia, Alemania y Bélgica, inicialmente para clases acomodadas y luego masificándose con el avance del ferrocarril.

Argentina adoptó este modelo. Mientras Mar del Plata crecía, otros puntos de la costa, como Ostende —entonces un paisaje virgen de médanos móviles—, atrajeron la atención de inversores extranjeros que veían el potencial para replicar el éxito europeo.

El sueño belga de Ostende

La historia de Ostende comenzó con la cesión de tierras a Martín de Álzaga y, tras su muerte, a la familia de Felicitas Guerrero. Finalmente, el belga Fernand de Robette y el italiano Agustín Poli adquirieron la propiedad. Convencidos de que las dunas podían transformarse en un balneario similar al de Oostende en Flandes, de donde era Robette, no solo propusieron un hotel, sino la fundación de una ciudad.

En 1908, con el trabajo de los arquitectos franceses Chapeaurouge y Auguste Huguier, y los ingenieros Weber y Gilardón, se diseñó un ambicioso plan urbanístico. Este incluía amplias avenidas, hoteles y espacios públicos, replicando el espíritu de los balnearios europeos, a pesar del enorme desafío de construir sobre un terreno de arena en constante movimiento.

Entre 1913 y 1914, se levantó el Hotel Termas Ostende, hoy conocido como Viejo Hotel Ostende, un ícono local. Sin embargo, el gran proyecto de imitar a Oostende nunca se concretó. La Primera Guerra Mundial obligó a Robette a regresar a Bélgica, y el impulso inicial se desvaneció, sumado a las dificultades que presentaban los médanos que avanzaban sobre las construcciones.

A pesar del fracaso parcial, algunas edificaciones subsistieron, dando forma a la actual Ostende, que dista mucho de la ciudad idealizada por sus fundadores.

El megalómano Atlantic Palace

Entre 1927 y 1928, Auguste Huguier retomó la apuesta en los médanos, con un nuevo desarrollo urbano que bautizó Atlantic City. El Atlantic Palace sería el edificio principal, el eje de un complejo turístico destinado a competir con los grandes balnearios europeos.

El proyecto no era un simple alojamiento, sino un centro de ocio completo: incluía un casino, club, piscinas, espacios para deportes náuticos, un muelle de pesca, amarras para yates, canchas de golf y tenis, salas de cine y conciertos. Se perfilaba como el corazón de la futura ciudad.

“El megalómano proyecto del Palace Hotel se dilató hasta 1928, y para entonces el destino de Ostende ya estaba echado.”

Así lo describen los autores de Libro de huéspedes. 100 años del Viejo Hotel Ostende. Los planos mostraban un edificio de estilo ecléctico francés, un gigante en la playa que hoy se ubicaría en la esquina de Nuestras Malvinas y Mitre, en Mar de Ostende. La provincia de Buenos Aires participaba en la iniciativa, con la intención de replicar el complejo en Mar del Plata.

Sin embargo, el golpe militar de 1930 frustró el destino de Atlantic City y su Palace. El apoyo provincial se retiró, y solo se había construido “una catorceava parte del proyecto”: un edificio de tres pisos con 17 habitaciones, tres baños, cinco cuartos para el personal, una cocina y una sala de estar. Esto es lo único que hoy queda en pie.

Una década después, el hotel y las 64 hectáreas circundantes fueron adquiridos por Emilia Melnik de Bercum, conocida como “la Turca” o “la Rusa”. En 1943, Bercum convenció a Herman Parini, un inversor de Buenos Aires, de evaluar el negocio de lotear y vender las tierras.

Parini, cautivado por el paisaje, explotó el hotel hasta 1947, cuando se constituyó Mar de Ostende SRL y se concretó el loteo. El edificio pasó por varias manos, manteniendo su uso como alojamiento. En 2019, fue remodelado y reabrió como Hostel Pinamar Atlantic Palace, funcionando como albergue juvenil, especialmente en verano.

Aunque subsiste, el edificio es un modesto testimonio de la ambición inicial, una mínima muestra de aquel otro hotel y la gran ciudad que alguna vez se soñaron en la costa argentina.

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