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Banderazo en Atlanta: el ingenio argentino para bancar la Scaloneta en Estados Unidos

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La pasión por la Selección Argentina no tiene fronteras ni límites, y los banderazos se han consolidado como un ritual ineludible en cada cita mundialista. Lo que comenzó en Brasil 2014, se replicó en Rusia 2018, Qatar 2022 y ahora en Estados Unidos 2026, con una marea albiceleste que recorre las ciudades anfitrionas. En Atlanta, cerca de 2.500 hinchas de la Scaloneta se dieron cita en el inmenso Piedmont Park, transformando el espacio en una fiesta de banderas, bombos y cánticos.

Sin embargo, detrás del fervor y el color, emerge una faceta de ingenio y “rebusque” que permite a muchos fanáticos solventar parte de los elevados costos de seguir al equipo de Lionel Scaloni. El calor del verano estadounidense impulsa la venta de bebidas, pero la creatividad argentina va mucho más allá.

Emprendedores y vendedores ambulantes: el lado B de la pasión

Entre la multitud que corea por la Selección, se encuentran historias de emprendedores que ven en cada banderazo una oportunidad de negocio. Gastón, oriundo de Colegiales, cuenta a Clarín sobre su proyecto Rueda de Campo y la venta del Mate Pampa:

«Soy de Colegiales. Tenemos un proyecto que se llama Rueda de Campo y vendemos el Mate Pampa. Somos los únicos autorizados en Estados Unidos para comercializar la marca en Amazon. Además, contamos con la licencia oficial de AFA. Vinimos solamente para los partidos de Atlanta porque yo viví mucho tiempo acá. Son mates de PVC con plástico y de excelente calidad. En la página estamos vendiendo tres por día, así que estamos muy contentos.»

Otro grupo de amigos de Haedo y Caballito, creadores de la empresa Sigschool, aprovecha para promocionar sus remeras y buzos con diseños de Diego Armando Maradona. “Acá venimos a dar a conocer nuestra marca”, explican, mientras exhiben sus productos.

Para los argentinos residentes en Estados Unidos, estos encuentros también son un momento clave. Natalia Basso, quien vive en Los Ángeles hace 27 años, sigue a la Selección en un motorhome y vende choripanes para cubrir gastos. Desde San Lorenzo, Santa Fe, llegó Fiama con un grupo de siete amigos, cargados de fernet, pilusos, pelucas, cornetas y bufandas. “Lo que más sale son los gorros y los bolsitos transparentes”, revela.

La gastronomía no puede faltar. Parrillas improvisadas con carne sobre las brasas y leña crepitando se suman al paisaje. Pablo, llegado de Berazategui, confía: “Venimos desde Berazategui e intentamos prender el fuego en todos los banderazos. Acá, en Atlanta, es donde mejor nos trataron”.

Cuando el sol declina y los bombos bajan la intensidad, los puestos se desarman con la misma rapidez con la que aparecieron. Algunos logran hacer una diferencia significativa, incluso para adquirir una entrada de reventa que puede alcanzar los 1.500 dólares. Otros apenas recuperan parte de lo invertido. Sin importar el resultado económico, al día siguiente la camiseta vuelve a ponerse, alimentando el sueño de alentar a la Selección, ya sea desde la tribuna, la calle o el Fan Fest. Los banderazos son, en esencia, el punto de encuentro donde la inquebrantable pasión argentina se fusiona con el ingenio para sostener el sueño mundialista.

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