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Copa del Mundo: Argentina ganó, pero las “banderas rojas” se multiplican y Scaloni busca soluciones

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El partido de la Selección Argentina contra Cabo Verde en Miami se convirtió en un torbellino de emociones y dejó más dudas que certezas en el camino del campeón del mundo. Lo que parecía un encuentro de trámite se transformó en un calvario con final feliz, donde el gol del Cuti Romero, tras una destacada combinación con Lisandro Martínez, apenas maquilló una actuación despareja.

La victoria por la mínima, en un ambiente sofocante, expuso la vulnerabilidad de un equipo que, pese a su chapa de campeón, no logró mostrar solidez. Cabo Verde, que inicialmente se perfilaba como un rival entusiasta, se reveló competitivo y peligroso, obligando a Argentina a esquivar un destino que parecía empujarlo al precipicio.

Las «banderas rojas» en el juego argentino

Las señales de atención que venían observándose en partidos anteriores se han transformado en “banderas rojas” evidentes. Si bien los calificativos para describir la genialidad de Lionel Messi se agotan, la escasez de alternativas de ataque se ha convertido en un problema acuciante. La fluidez del mediocampo, el torrente de pases y la velocidad en la circulación del balón se observan “pastosos y previsibles”.

En un equipo que, por diseño, carece de extremos capaces de desequilibrar en duelos individuales, la Selección ha extraviado su capacidad para detectar pasillos que generen juego interior. Ni Enzo Fernández ni Alexis Mac Allister lograron asumir riesgos en sus entregas o mostrar su dinámica habitual, afectados quizás por el clima irrespirable de Miami. La inercia de previsibilidad tampoco fue rota por Almada, y los centrodelanteros no se mostraron finos y agresivos. La falta de forma de los laterales, especialmente en el carril derecho con Molina y Montiel, es un factor preocupante.

Messi, el superhéroe necesario y el desorden posicional

Ante esta realidad, la figura de Messi, en su traje de superhéroe, se volvió una necesidad indispensable. Sus jugadas y el balón detenido fueron los elementos que maquillaron los errores y garantizaron la supervivencia en la Copa del Mundo. Argentina, que en otras ocasiones había cedido la tenencia del balón sin mayores apremios, esta vez “sufrió mal” el encuentro. Luego de estar dos veces en ventaja y con la posibilidad de manejar los tiempos, no solo entregó la pelota sino también el control del partido.

El cansancio físico se combinó con un especie de stress mental, que dio lugar a un visible e inédito desorden posicional y la sensación de abismo se apoderó del ambiente. La mejor noticia fue resolver el problema y encontrar la salida del laberinto.

El desorden posicional fue una muestra del estrés mental y físico que experimentó el equipo, generando una sensación de abismo que afortunadamente se logró superar.

Scaloni busca soluciones y el desafío de no depender solo de Messi

Aunque el festejo centenario de Lionel Scaloni como entrenador de los campeones del mundo tuvo demasiados sobresaltos, el técnico ya está en la búsqueda de soluciones. Así como una derrota ante Arabia Saudita en el pasado incentivó un cambio rotundo, el triunfo ante Cabo Verde podría producir una reacción similar.

El menú de alternativas para Scaloni es variado: desde la dinámica que pueden aportar Nicolás González o Giuliano Simeone, hasta el equilibrio y buen pie de Leandro Paredes. La frescura para el mediocampo podría llegar con Barco o Nicolás Paz, y en ataque, un Julián Álvarez que, aunque lejos de su mejor versión, ofrece variantes distintas a las de Lautaro Martínez.

Es tiempo de decisiones quirúrgicas y de apariciones clave. La Selección Argentina no puede seguir dependiendo únicamente de un Messi sobresaliente que “le hace cosquillas a la historia”. Es imperativo que el equipo vuelva a aparecer en su conjunto. Por ahora, el corazón, el coraje y la certeza de que “hacen falta mucho más que dos golpes para destronar al campeón del mundo” son suficientes, pero el margen de error se achica.

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