Sociedad

Fernando Samalea, el baterista de Charly García que escribió un libro de 500 páginas y volvió a encontrar su primera batería

Compartir:

Desde la quietud de un pequeño café venezolano en Villa Ortúzar, hasta los escenarios más emblemáticos del rock nacional e internacional, la figura de Fernando Samalea, conocido por su apodo “Sama”, emerge como un verdadero todoterreno de la cultura. El baterista histórico de Charly García, que acompañó al genio del bigote bicolor desde mediados de los ochenta, ha volcado sus innumerables vivencias en un extenso libro de más de 500 páginas, titulado Viviendo el futuro, el cuarto de una serie autobiográfica.

Samalea, cuya presencia se hizo habitual para los dueños del café Carlos y Mafer, donde pasaba horas escribiendo con su laptop y su sombrero tanguero, compartió anécdotas que van desde un camarín con Catherine Deneuve en París, durante un concierto de Benjamin Biolay, hasta un caótico show con Pity Álvarez en Tucumán. Su regreso a casa para la entrevista lo encuentra feliz, impulsado por la reciente recuperación de una batería de su adolescencia, un instrumento que, asegura, “tiene un valor especial” y que, tras tres horas de viaje, volvió a sus manos con las mismas cicatrices que recordaba de sus 15 años.

De Saavedra a los Electric Lady Studios

Nacido en Caballito y criado en Saavedra, Samalea cultivó desde chico una fascinación por el arte, fomentada por sus padres, quienes, a pesar de las limitaciones económicas, lo acercaron al teatro y al cine. A los 13 años, el concierto de Crucis en el Luna Park marcó un antes y un después, encendiendo su pasión por la música. Su trayectoria es vasta: fue parte de bandas como Clap, Metrópoli, La Portuaria e Illya Kuryaki & The Valderramas, y acompañó a figuras de la talla de Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Calle 13, Benjamin Biolay y Joaquín Sabina. Sin embargo, su vínculo más profundo es con Charly García, con quien comenzó a los 20 años en la formación Las Ligas, junto a Christian Basso, Richard Coleman, Andrés Calamaro y el recientemente fallecido Daniel Melingo.

Sama participó en discos fundamentales de García, como Parte de la religión, Cómo conseguir chicas, Filosofía barata y zapatos de goma, La hija de la lágrima y el Unplugged. Su presencia se extendió a lo largo de casi cuatro décadas, acompañándolo en su renacimiento con Random y La lógica del escorpión, y en las esporádicas presentaciones de los cumpleaños del artista. Esta constancia lo posiciona como el “baterista histórico” de Charly, habiendo atravesado diversas etapas del músico.

El escritor, el flaneur y sus mundos

Más allá de las baquetas, Samalea es un prolífico escritor. Ha publicado cuatro volúmenes autobiográficos: Qué es un long play (2015), Mientras otros duermen (2017), Nunca es demasiado (2019) y el reciente Viviendo el futuro. A esto se suma el libro de fotografías y textos Memorias en cámara rápida 1990-2010 (2021). Su talento ha sido reconocido con un Premio Gardel por su álbum instrumental Primicia y la declaración de Personalidad Destacada de la Cultura de Buenos Aires en 2023. Además, se define como “motociclista de carreteras, bartender ad honorem, fotógrafo aficionado y amante del ocio creativo”.

La pasión por los viajes y la aventura, inspirada en las lecturas de Julio Verne y Emilio Salgari, siempre lo acompañó. “Me intrigaba lo exótico y lo que estuviese más allá del mundo que conocía. Soñaba con conocer París”, confiesa. La música, finalmente, fue el vehículo que lo llevó a recorrer el mundo. Esa misma curiosidad lo convierte en un flaneur, un “paseante” que disfruta de observar y crear aventuras en cada rincón. Sus paseos por los suburbios, imaginando Brooklyn o Harlem, eran una forma de “turismo suburbano” que lo conectaba con su espíritu de “poeta de la Generación Beat”.

“Nos plegamos a ese despelote sin precedentes con alegría, entre neones, luces estroboscópicas y videoclips. En mi caso, fue sumar cosas nuevas, porque me hice ‘moderno’ sin dejar de escuchar lo de antes”

La escritura, para Samalea, es una tarea “psicológicamente sanadora”, una forma de revivir experiencias y reconstruir la memoria. Su intención no es ser protagonista, sino “adoptar un papel de antihéroe”, agradecido por la oportunidad de haber estado ligado a tantos artistas emblemáticos. Su libro, espera, servirá como testimonio para futuras generaciones interesadas en el rock argentino.

Charly y Cerati: dos mundos, una pasión

La relación de Samalea con Charly García es profunda y compleja. Lo describe como “nuestro Dalí”, un artista que se mueve “al límite del dadaísmo”. A lo largo de los años, conoció “varios Charly”: desde el hippie chic de Sui Generis hasta el modernísimo de los ochenta, pasando por la etapa de La hija de la lágrima y Say No More, hasta su espíritu clásico actual. García, asegura, fue “generoso y cuidadoso” con su entorno, abriéndole las puertas de los Electric Lady Studios de Nueva York cuando Samalea era un novato. “Nada hubiese sido igual de no haber cruzado mi destino con el suyo”, afirma.

El paso por el universo de Gustavo Cerati, a quien conoció en 1983, representó un contraste. Lo describe como “algo más ordenado o ligado a la producción en sí, al método, desde un lugar más tecnológico y contemporáneo”. La personalidad de Cerati, “principesca y sofisticada”, combinaba lo británico y lo “bestia”, una singularidad que lo fascinó. Samalea integró la megabanda que acompañó a Cerati en la gira Ahí vamos, junto a Richard Coleman, Tweety González, Leandro Fresco y Fernando Nalé, y también en la presentación de Fuerza natural.

El presente y el “futuro del futuro”

Hoy, Fernando Samalea sigue activo, tocando con nuevas generaciones y explorando diversos géneros. Se lleva “genial” con los jóvenes, a quienes considera “la punta de lanza” y maestros de nuevas normas y tendencias. Ha compartido escenario con Bandalos Chinos, Ca7riel y Paco Amoroso, y se mantiene abierto a aprender constantemente. Actualmente, integra la banda de Joaco Burgos y colabora con su pareja, la compositora Michelle Bliman, en un disco de neo soul y pop.

Su pasión por los viajes en moto sigue intacta, recorriendo rutas de Perú, Brasil y la Patagonia, buscando lugares con mística que descubrió en libros o películas, regresando a sitios donde fue feliz o explorando aquellos que lo intrigan. “En mi fantasía, la motocicleta es como un caballo metálico sobre el cual puedo surcar las rutas”, explica. Este espíritu aventurero y la constante búsqueda de nuevas experiencias son la esencia de Viviendo el futuro, un título que refleja su deseo de vivir “el futuro del futuro”.

El bandoneón, otro de sus grandes amores, es un instrumento que le permite llevar “su ciudad a todos lados”, conectando Buenos Aires con Montmartre o Greenwich Village. Con él ha compuesto y publicado una docena de discos instrumentales. Entre los miles de conciertos que ha dado, el del Estadio de Ferro en 1991, donde Charly García ingresó al escenario en ambulancia tras su internación, permanece grabado en su memoria como un momento “sublime” y eterno.

“Puse mucha dedicación para reconstruir las modas de cada época y lo representativo de cada momento. Tal vez esto termine siendo un testimonio para chicos o chicas que, dentro de 40 o 50 años, quieran leer sobre el rock argentino”

Compartir: