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Atentado en la Federal: Se cumplen 50 años del brutal golpe de Montoneros que dejó 23 muertos

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Hace 50 años, en un contexto de creciente represión estatal y paraestatal, Montoneros llevó a cabo uno de sus golpes más audaces y mortíferos: el atentado a la Superintendencia de Seguridad Federal, ubicada en el Departamento Central de Policía, en el barrio de Congreso. El ataque, ocurrido el 2 de julio de 1976, dejó un saldo trágico de 23 muertos y más de 100 heridos, marcando un hito de violencia en los primeros meses de la dictadura militar.

El gobierno de facto, encabezado por Jorge Rafael Videla y con José Alfredo Martínez de Hoz como su principal referente económico, llevaba apenas tres meses y diez días de gestión. Mientras las cúpulas militares y civiles buscaban apoyo internacional para el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, los grupos de tareas militares intensificaban la represión ilegal, secuestrando y torturando a militantes y opositores en centros clandestinos como los sótanos de la propia Superintendencia.

El cerebro detrás del ataque y sus consecuencias

La planificación del atentado estuvo a cargo de Rodolfo Walsh, conocido por su nombre de guerra “Esteban”. Walsh, reconocido escritor y periodista, diseñó un ataque de alta sofisticación y sincronización. La bomba, una “bomba vietnamita” o “bomba racimo” de entre 5 y 7 kilos de Trotyl (TNT), fue colocada en un maletín negro por José María Salgado, un ex miembro de la institución policial cooptado por Montoneros, quien había renunciado a la fuerza el día anterior.

El objetivo principal del ataque era el comedor de la Federal, un lugar frecuentado no solo por personal policial sino también por civiles de la zona debido a sus precios accesibles. Montoneros buscaba generar un impacto que, según sus cálculos, provocaría la empatía de una sociedad sometida por el miedo y la represión. Sin embargo, este cálculo resultó erróneo. La magnitud y la crueldad del operativo, sumadas al aún existente consenso que el golpe militar tenía en sectores de la sociedad, impidieron cualquier justificación política o ideológica. Las víctimas del atentado fueron en su mayoría suboficiales, oficiales de bajo rango, una civil y dos empleados de tareas auxiliares, sin alcanzar a la cúpula represora.

«Masacre en el comedor», el último libro de Ceferino Reato.

El periodista Ceferino Reato documentó en detalle este episodio en su libro “Masacre en el comedor”, cuyo título alude al lugar donde ocurrió la explosión. Las imágenes de la época, rescatadas por Reato, mostraban la barbarie del estallido: cuerpos mutilados, paredes ensangrentadas y restos humanos esparcidos por doquier, evidenciando el poder destructivo del explosivo.

La impunidad y el debate sobre la “juventud maravillosa”

A pesar de la magnitud de la tragedia, la causa judicial por el atentado, caratulada como NN s/Estrago (expediente 13.629), fue cerrada por prescripción. La jueza María Romilda Servini determinó en 2006 que había transcurrido “demasiado tiempo”. Esta decisión se ratificó en 2012 por la Corte Suprema de Justicia, en un fallo de apenas cinco renglones que confirmó el sobreseimiento de algunos involucrados, entre ellos el jefe montonero Mario Firmenich. Este cierre judicial se dio en un período donde la “romantización” de la violencia guerrillera era objeto de intenso debate, especialmente bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, quienes impulsaron una narrativa de “los jóvenes idealistas” y la “generación diezmada”.

Mientras algunos responsables del atentado lograron escapar de la justicia o murieron en otras circunstancias, el episodio del 2 de julio de 1976 permanece como una de las acciones más impactantes y controvertidas de la lucha armada en Argentina, un recordatorio de la brutalidad que marcó aquellos años.

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