Economía

Ganadería de precisión: una mega pista en 9 de Julio mide la eficiencia de la raza Limangus

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En el corazón de la provincia de Buenos Aires, el partido de 9 de Julio se convierte en epicentro de una revolución ganadera. El establecimiento La Coincidencia, propiedad de Agropecuaria Vidal, está implementando un sistema integral que redefine la producción de carne vacuna en Argentina, combinando genética avanzada, reproducción asistida y un manejo nutricional preciso, todo con el objetivo de optimizar la eficiencia y calidad del producto final.

Este proyecto, que fue el foco de una jornada organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), subraya una tendencia creciente en el sector: la transición de una producción basada en kilos a un diseño completo que integra verticalmente la cadena, desde la cría hasta la industria frigorífica. La empresa, con raíces en Lácteos Vidal, traslada su experiencia en integración industrial al negocio cárnico, buscando animales que no solo rindan más, sino que lo hagan con mayor eficiencia y calidad comprobable.

Limangus: la genética detrás de la eficiencia

El pilar genético del proyecto es la raza Limangus, un cruce entre Limousin y Angus. Joaquín Prieto, asesor técnico de La Coincidencia, explica la sinergia de esta combinación: «La genética Limousin aporta rendimiento carnicero, especialmente en los cortes de mayor valor, además de una excelente eficiencia para transformar alimento en carne. Angus, en cambio, aporta precocidad reproductiva y atributos de calidad como terneza, engrasamiento temprano y marmoleo».

Para acelerar el mejoramiento genético, La Coincidencia implementó un programa de transferencia embrionaria a gran escala. Entre 2022 y 2024, logró producir cerca de 1.000 terneros anuales a partir de 60 vacas donantes de pedigree seleccionadas. Actualmente, el programa realiza unas 400 transferencias anuales y cuenta con un rodeo de 1.500 vacas receptoras.

La pista de medición de eficiencia más grande del país

El verdadero diferencial del establecimiento radica en la evaluación exhaustiva de cada animal. Todos los bovinos son identificados electrónicamente desde su nacimiento, generando un historial individual que incluye pesos a distintas edades, información reproductiva, calidad seminal, edad a la pubertad y múltiples mediciones ecográficas de la res (área de ojo de bife, espesor de grasa dorsal, cobertura de cadera, rendimiento estimado de carcasa y marmoleo).

A esta vasta base de datos se suma una herramienta innovadora: el consumo residual de alimento (RFI). Este indicador permite identificar animales que producen más consumiendo la misma cantidad de alimento, o que mantienen la producción con menor ingesta. Durante la jornada del IPCVA, el investigador del INTA Aníbal Pordomingo destacó la importancia estratégica de esta herramienta, observando la pista de evaluación de eficiencia de conversión de La Coincidencia, la más grande del país, con capacidad para medir simultáneamente a 300 animales.

«En primer lugar tenemos que saber qué animales tenemos, qué biotipo, porque no con cualquier animal se puede aspirar a producir más kilos. Cuando queremos producir animales de 500 o 600 kilos es cuando realmente aparece el valor de la genética», señaló Pordomingo, en referencia a la tendencia de aumentar los pesos de faena.

El trabajo de investigación del INTA, en el que ahora participa La Coincidencia, lleva más de una década. Pordomingo explicó que se registran el tamaño de carcasa, el área de ojo de bife (que expresa el rendimiento carnicero), la curva de engrasamiento y la conversión de alimento en carne. Esta información es crucial para definir qué genética conviene multiplicar, siendo la raza Limangus pionera en incorporar masivamente estos criterios de selección.

Manejo nutricional y la integración con la industria

La genética es solo una parte del sistema. El manejo nutricional en La Coincidencia también responde a una planificación precisa. Tras el destete, los terneros pasan por un período de adaptación en corrales con una dieta seca de transición, preparando el rumen para el aprovechamiento de los verdeos de invierno.

Posteriormente, comienza la recría pastoril intensiva. Los animales realizan un pastoreo rotativo diario sobre alfalfa, ryegrass, cebada y sorgo forrajero. El silo de maíz y cebada cumple un rol complementario, permitiendo sostener el equilibrio del sistema ante variaciones climáticas o estacionales y ajustar la carga animal sin perder eficiencia. La estrategia es clara: el pasto como principal alimento de bajo costo, con el ensilado cubriendo baches forrajeros o momentos de mayor demanda nutricional.

El proyecto de Agropecuaria Vidal se extiende hasta la integración con la industria. La empresa desarrolló una unidad de negocios para la recría y terminación de animales propios y de terceros, abasteciendo a un frigorífico. En los establecimientos El Triángulo y El Peregrino, ubicados cerca de 9 de Julio, unas 1.390 hectáreas permiten recriar entre cinco y seis animales por hectárea, con terneros que ingresan con 180-240 kilos y alcanzan 350-400 kilos en seis a diez meses, con ganancias diarias de 500 a 700 gramos por cabeza.

El modelo de La Coincidencia demuestra que la integración en la ganadería argentina no solo busca producir carne, sino diseñar todo el proceso, desde la genética hasta la alimentación, pensando en el rendimiento de la carcasa, la eficiencia biológica y las demandas específicas de la industria. Es una apuesta por la información objetiva como motor de una producción más rentable y sostenible.

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