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Murió Daniel Melingo, el «linyera» del rock y el tango, a los 68 años

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Del barrio me voy, del barrio me fui. Triste melodía que oigo al partir, voy dejando atrás todo el arrabal, en mi recuerdo”.

Daniel Melingo, el músico que supo transitar con maestría entre el rock y el tango, falleció este martes a los 68 años. La noticia de su deceso, tras una enfermedad respiratoria que lo aquejaba, conmueve al ambiente artístico argentino. Conocido por su espíritu inquieto y su capacidad de reinvención, Melingo será recordado como una figura clave de la música popular, un verdadero “linyera” que llevó su arte por diversos caminos.

Nacido en 1957 como Alejandro Daniel Melingo, con el tiempo adoptaría simplemente su apellido como denominación artística, un reflejo de su vida trashumante y su inspiración en el concepto de Diógenes de Sinope. Desde su infancia, cuando cambió un bandoneón heredado por un clarinete de 13 llaves, hasta sus últimos proyectos, Melingo demostró una vocación inquebrantable por la música.

Pionero del rock y la experimentación

Melingo irrumpió en la escena del rock argentino en los años 80, dejando su huella en bandas icónicas. Su saxo acompañó a Charly García, su voz y canciones como “Chalamán” resonaron en Los Abuelos de la Nada, y su creatividad fue fundamental en los primeros discos de Los Twist, banda que cofundó junto a Pipo Cipolatti. Discos como La dicha en movimiento (1983), Cachetazo al vicio (1984) y La máquina del tiempo (1985) dan cuenta de su prolífica etapa.

A principios de los 90, su espíritu nómada lo llevó a España, donde en 1986 colaboró con Los Toreros Muertos y, a fines de esa década, formó Lions in Love. En 1995, lanzó H2O, su primer álbum solista, explorando el reggae y el acid jazz con la colaboración de figuras como Andrés Calamaro, Pedro Aznar y Willy Crook.

El viraje al tango y la consagración

Aunque siempre tuvo una conexión con el tango, evidente en el lunfardo de canciones como “S.O.S., sos una rica banana” de Los Twist, fue en 1998 cuando marcó un punto de inflexión con Tangos bajos. Este álbum no solo fue una exploración personal, sino que también sensibilizó a una nueva generación con la música ciudadana, abriéndole las puertas de Europa.

«Tangos bajos fue mi trampolín. Jamás pude imaginar la repercusión que tuvo. Me abrió la puerta de Europa. La repercusión y el resultado no se pueden saber. Para el artista las motivaciones son otras, los elementos con los que trabajamos y nos siguen inspirando para darle forma a la obra», contó Melingo en una de sus últimas entrevistas con LA NACION.

Entre los hitos de su carrera, Melingo destacaba el Ring Club, una compañía teatral-musical previa a los 80 que le dio una visión más completa de la música y donde participaron figuras como Miguel Abuelo, Vivi Tellas y Omar Chabán. También mencionó a La dicha en movimiento, Psicofonías de Lions In Love y, por supuesto, Tangos bajos, como sus trabajos más icónicos.

El clarinete y la filosofía del «linyera»

El clarinete fue su compañero fiel desde la adolescencia, un instrumento versátil que le permitió incursionar en jazz, tango, rock y música clásica. «El primer clarinete del rock. Tener un clarinete en la mochila siempre era una carta de presentación. Me podía meter en cualquier fogón», recordaba. Este instrumento lo llevó a tocar con el grupo Agua y acompañar a Milton Nascimento.

La figura del «linyera», más allá de su acepción literal, fue un concepto central en su vida y obra, especialmente en discos como Ópera Linyera (2022). Melingo abrazó la idea de andar liviano por la vida, la pulsión de salir a la carretera sin destino fijo, construyendo el fin en el camino mismo. «Miguel Abuelo decía: ‘Para adelante como los elefantes’. Esa es la pulsión”, afirmaba.

Hasta sus últimos días, Melingo mantuvo su esfuerzo y creatividad. Recientemente colaboró con Fito Páez en el video de “Las fuerzas armadas del amor” y trabajaba en dos volúmenes “rework” de sus Tango bajos, con una extensa lista de invitados que incluía a Pity Álvarez, Pablo Lescano, Vinicio Capossela y Andrés Calamaro. Su música, su espíritu y su particular visión del arte seguirán resonando en la cultura argentina.

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