Sociedad

Cuidadoras a domicilio: «No somos limpiadoras ni familia sustituta, ponemos límites»

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La labor de las auxiliares de ayuda a domicilio, fundamental para el bienestar de millones de personas dependientes en España, se ve constantemente desvirtuada por estereotipos y exigencias que exceden sus funciones. Así lo expuso María Adame, cuidadora y creadora de contenido, en un video que se volvió viral en redes sociales, donde denunció la normalización de la «humillación» y el «abuso» que enfrentan muchas de sus colegas.

En España, cerca del 13% de los hogares conviven con al menos una persona dependiente, lo que genera una alta demanda de estos servicios. Sin embargo, esta necesidad a menudo choca con una comprensión errónea de la profesión, llevando a situaciones en las que se les pide a las cuidadoras realizar tareas ajenas a su contrato y a la normativa vigente.

El descargo viral: «No somos chicas para todo»

El punto de partida de la denuncia de Adame fue un comentario que se preguntaba si las auxiliares debían limpiar el baño y la cocina, ir a la farmacia o al médico, e incluso si se «creían médicos» por usar una bata. María respondió con contundencia:

«Aquí no estamos entendiendo nada. Si la persona usuaria no está, el servicio no se da y esto no lo digo yo, lo dice la Ley 39/2006».

La situación, que Adame califica de «práctica que se repite muchísimo y lo peor, se está normalizando», quedó ilustrada con un caso específico. Una auxiliar fue requerida para limpiar la casa entera, incluyendo las habitaciones de los padres y un hermano conviviente del usuario. Ante esto, Adame aclaró las responsabilidades de su rol:

«Claro que sí limpiamos el baño si se usa, claro que sí limpiamos la cocina si se utiliza, claro que sí si se hace la cama. Eso se llama limpieza funcional y está recogida en la normativa. Lo que no está recogido es limpiar la casa entera, hacer limpieza profunda o ir porque toca. Ni convertirnos en la solución para todo».

Poner límites es cuidar

Para la cuidadora, estas exigencias no son solo un malentendido, sino que constituyen una forma de «humillación» y «abuso» que se sustenta en la explotación de la necesidad y el temor a perder el empleo. Adame enfatizó la trascendencia de su labor, destacando que muchos usuarios no podrían permanecer en sus hogares sin la asistencia que brindan, evitando así la institucionalización o el abandono.

El mensaje de María Adame a sus colegas es una clara llamada a la acción:

«No se trata de enfrentarse a nadie, se trata de poner límites. Poner límites también es cuidar».

Subrayó que si una persona requiere a alguien que limpie toda la casa, haga recados ilimitados y esté disponible para todo, «eso no es ayuda a domicilio, eso es otro servicio y se llamará de otra manera».

La cuidadora concluyó su mensaje con una firme reflexión sobre el respeto que merece su profesión:

«Nosotras entramos cada día en casas ajenas, cargamos cuerpos, emociones y responsabilidades y aún así, tenemos que escuchar desprecios. El problema no es que pidamos respeto, el problema es que durante años se acostumbraron a que no lo pidiéramos y eso se acabó».

Su voz resuena como un pedido urgente de reconocimiento y valoración de una tarea esencial para la sociedad.

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