Economía

Ganadería: el peso de faena alcanzó un récord y consolida un cambio de paradigma

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La ganadería argentina transita un proceso de transformación impulsado por la buena rentabilidad del sector. Uno de los cambios más notorios es el incremento del peso promedio de faena de carne vacuna, que en mayo alcanzó los 240 kilos, marcando el registro más elevado de las últimas décadas.

Detrás de esta cifra récord, se consolida una estrategia cada vez más extendida entre los productores: sumar más kilos por animal. Esta decisión está directamente influenciada por la relación entre el precio del ternero y el costo de la alimentación, según explican los especialistas.

«Hay un cambio casi obligado, generado por el precio del ternero y de la recría. Además, el animal pesado también ha mejorado mucho y ya no se castiga en el precio hablar de más kilos en un animal», afirmó el reconocido técnico del INTA, Aníbal Pordomingo, en diálogo con Clarín Rural.

La demanda exportadora y la genética como motores del cambio

Pordomingo, quien participó recientemente de una jornada a campo organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en 9 de Julio, agregó que esta tendencia también está siendo impulsada por la creciente demanda de la industria frigorífica.

«Incluso la industria está mejorando el abordaje y buscando distintos mercados para kilajes y calibres de músculo diferentes. Eso tracciona a generar más peso de faena en todas las categorías, no solo en el novillo sino también en la hembra y la vaquillona», explicó el especialista.

El técnico del INTA enfatizó la importancia de la genética en este nuevo esquema productivo. «Lo primero que tenemos que saber es qué animales tenemos y qué biotipo manejamos, porque no con cualquier animal se puede aspirar a producir más kilos. Cuando queremos llegar a animales de 500 o 600 kilos es cuando empieza a verse el verdadero valor de la genética. Ese es el punto de partida», sostuvo Pordomingo.

Durante la jornada en el establecimiento La Coincidencia, de Agropecuaria Vidal, se presentó el trabajo con la raza Limangus, elegida por la empresa para conformar su cabaña. Joaquín Prieto, encargado del establecimiento, detalló: «La elegimos porque es una raza pensada con un concepto industrial, buscando estándares y potenciales de productividad para la industria, con diferenciales en rendimiento y peso de carcasa». Prieto añadió que el desafío de la ganadería moderna es «transformar más forraje en carne, mejorar la eficiencia de conversión y aumentar los kilos producidos».

Selección por eficiencia y mirada a largo plazo

Pordomingo remarcó que el potencial productivo no depende solo de la raza, sino de la variabilidad genética dentro de cada una. Por ello, desde hace más de una década, el INTA trabaja en la identificación de características que permitan seleccionar los animales más eficientes. «Hace más de diez años venimos registrando, dentro de cada linaje y de cada raza, el tamaño de carcasa, el área de ojo de bife —que expresa el rendimiento carnicero—, la curva de engrasamiento y cómo esas líneas convierten el alimento en carne», detalló.

En La Coincidencia, se observaron balanzas con sensores que la empresa utiliza junto al INTA para medir el índice de consumo residual de sus reproductores. Este indicador permite conocer la eficiencia de cada animal para transformar alimento en carne, un dato crucial para la selección genética.

La gran pregunta es si este aumento del peso de faena es una coyuntura favorable o un cambio estructural. Prieto aseguró: «Siempre existe esa incertidumbre, pero creo que ya no hay retorno a los modelos anteriores. El animal chico, pensado únicamente para abastecer el mercado interno, ya no alcanza para la ganadería actual. Si la exportación desapareciera habría un colapso del sector. La ganadería argentina tiene que sostenerse integrada al mercado global, y ese mercado demanda animales más grandes y de mayor calibre».

En paralelo, el sector también busca la recuperación del stock de vientres para expandir la producción. Georges Breitschmitt, presidente del IPCVA, se mostró optimista: «Hay un buen futuro por delante. Son ciclos biológicos que no conocen de ciclos políticos. Tenemos que hacer entender que no se pueden cambiar las reglas de juego permanentemente porque eso ya ocurrió y nos costó muy caro. Si se mantienen las variables y se mejoran algunas condiciones, la Argentina puede seguir creciendo».

Breitschmitt concluyó: «La ganadería está muy bien y creemos que este es el momento para recuperar el stock, en un contexto en el que el mundo sigue demandando carne».

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