Política

Interna peronista: Kicillof admite un «punto de quiebre» con el kirchnerismo, pero pide no responder a Máximo

Compartir:

La escalada de cuestionamientos directos a Axel Kicillof dentro de la interna del Partido Justicialista (PJ) ha generado un profundo malestar entre los partidarios del gobernador bonaerense. Lo que comenzó con declaraciones de Máximo Kirchner en el Parque Lezama, y fue continuado por Sergio Berni y Mario Ishii en el Senado provincial, es definido por el axelismo como un “punto de quiebre”.

Según pudo saber LA NACION, la mesa chica de Kicillof, integrada por funcionarios de su gabinete e intendentes del conurbano, se inclinaría por “romper y enfrentar” al kirchnerismo. Esta postura incluiría la idea de impulsar un adelantamiento electoral para 2027 y dar una “muestra de autoridad” que implicaría el desplazamiento de funcionarios de origen cristinista, como Florencia Saintout o Juan Martín Mena. Sin embargo, el gobernador, bajo una evidente presión, opta por una estrategia de mesura y no confrontación directa.

Fuentes cercanas a Kicillof confirmaron que en dos encuentros realizados el viernes en La Plata –uno del Movimiento Derecho al Futuro y otro más acotado en la gobernación– se discutió el “armado nacional y federal” en torno al proyecto presidencial del gobernador. “Nosotros vamos a seguir con tono propositivo y con la mirada puesta en un programa. Mientras ellos nos ponen como enemigos, los dejamos hablando solos”, remarcaron desde el entorno del mandatario.

El propio Kicillof, ante los dirigentes del MDF, manifestó: “Nuestra agenda no es la confrontación”. No obstante, incluyó una señal hacia el kirchnerismo al enfatizar que “el próximo gobierno popular no puede tener presos políticos”. En esta categoría, el gobernador incluyó a la expresidenta Cristina Kirchner, al exministro Julio de Vido y a la expiquetera jujeña Milagro Sala, cuyas condenas judiciales Kicillof considera de índole política.

A pesar de esta postura, en el círculo del gobernador sostienen que para un acercamiento con Cristina Kirchner en San José 1111, deben darse “condiciones de igualdad, no de sumisión”. Esta aclaración surge a raíz de un encuentro anterior, el 1 de octubre de 2025, donde Kicillof habría recibido de la expresidenta “un listado de situaciones que la disgustaron”, interpretado como reproches altisonantes.

Drama político y desconfianzas

“Para mí, Cristina es San Martín”

Esta frase, que resuena en los despachos de la gobernación platense y que suele pronunciar el propio Kicillof, revela la dimensión del drama político que atraviesa. El gobernador y aspirante presidencial aún procesa que su “madre de la Patria” no lo elija para representar al peronismo en las próximas elecciones. Este hecho le causa un profundo dolor, a diferencia de los cuestionamientos públicos de Máximo Kirchner, a quien los axelistas más críticos caracterizan en una etapa “trosco-fundamentalista”.

Esta caracterización no es menor, ya que los kirchneristas han manifestado la posibilidad de presentar un candidato propio en 2027, incluso en alianza con la izquierda, si no se apoya al gobernador. En este contexto, cercanos a Kicillof interpretan que la acción de Máximo no fue un llamado al diálogo con Cristina, ya que “si hay voluntad política, el puente se hace en un minuto y basta con un WhatsApp”.

Kicillof buscaría establecer con Cristina Kirchner una agenda concreta de prioridades, más allá de la postura de Máximo. Los puntos clave incluyen: definir la candidatura presidencial del peronismo mediante una PASO, avanzar con la re-reelección de los intendentes, establecer una posición sobre el RIGI y el Súper RIGI impulsados por Javier Milei, y determinar cómo afrontar la deuda externa.

Asimismo, el gobernador y su equipo buscan discutir una estrategia para que el peronismo no vuelva a perder las elecciones presidenciales debido a los votos de rechazo en distritos clave como Córdoba, Santa Fe y Mendoza. “Tenemos que revertir eso si queremos ganar la elección. ¿Qué les vamos a ofrecer a otros sectores para que no nos pase lo mismo que en 2023?”, se preguntan, pensando en el cordobesismo y en partidos provinciales.

Impacto en la gestión y nombres inesperados

Estas tensiones internas, especialmente en la provincia de Buenos Aires, ya afectan la gestión. Una reciente protesta con quema de neumáticos y destrozos en el ingreso a la municipalidad de La Plata generó sospechas cruzadas, con algunos culpando a Juan Grabois y otros a Andrés “Cuervo” Larroque.

Este conflicto no es menor, dado que el intendente platense, Julio Alak, es uno de los aspirantes a la sucesión de Kicillof en la gobernación, en una interna que ya cuenta con varios anotados. En medio de estas rencillas, el nombre de Martín Insaurralde, exjefe de Gabinete de Kicillof por pedido de Cristina Kirchner y nunca entre los preferidos del gobernador, no es pronunciado por estos días.

En contraste, un nombre que sorprendió y circuló profusamente como posible candidato outsider bajo el paraguas peronista es el del empresario de medios Daniel Hadad. Algunos interpretan que esta mención busca contrarrestar a otros eventuales candidatos sorpresa, como el banquero Jorge Brito, cuyas aspiraciones, aunque no confirmadas, se atribuyen al macrismo.

Kicillof y sus partidarios perciben que todos los nombres que surgen como alternativas a su candidatura buscan erosionar sus posibilidades. Una situación similar se dio con la aparición del pastor Dante Gebel, a quien dirigentes peronistas vinculan a Sergio Massa, aunque él lo niega. “Con Sergio estamos bien, ya nos conocemos mucho”, aseguran en La Plata, anticipando que el silencio del jefe del Frente Renovador se rompería después del Mundial.

Compartir: