Sociedad

Francisco Javier Muñiz: el naturalista que vio en el ñandú y el gaucho el alma de la pampa

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Francisco Javier Muñiz (1795-1871), médico y naturalista, es recordado como el primer gran cultor de la literatura científica argentina. Su profunda conexión con el territorio y sus habitantes lo llevó a observar y documentar con detalle el mundo de la pampa, donde el ñandú y el gaucho se erigían como figuras centrales de su estudio. Muñiz no solo los describió, sino que también buscó comprender su interacción, sus particularidades y su rol en el vasto paisaje argentino.

Desde su perspectiva, no existía un animal más representativo del espíritu gaucho que el ñandú. “No hay animal más gaucho que el avestruz, dicen los mismos gauchos, con cuya frase expresan cuan avisado es este alerta centinela de nuestros campos”, escribía Muñiz. El naturalista describía con fascinación la agilidad y los movimientos circulares del ave al ser perseguida, una danza que los gauchos resumían con la expresión “Se hace una luz, dicen los gauchos, mueve la cola lo mismo que la mueve el gallo”.

La vida de un sabio entre campamentos y la academia

La trayectoria de Muñiz fue tan diversa como su curiosidad. Participó en la guerra del Brasil, ejerció como titular de la Cátedra de Partos, Enfermedades de Mujeres y Medicina Legal en la Universidad de Buenos Aires, y fue médico de policía y administrador de la vacuna. Su juventud lo encontró inmerso en la vida de campamentos en la Patagonia, donde ejerció su profesión y vivió como soldado, paisano y gaucho. Esta experiencia directa con la realidad rural fue fundamental para sus futuras investigaciones.

Ángel Gallardo lo definió como el “primer cultor de la literatura científica argentina”, destacando su interés en la formación de un vocabulario de argentinismos y en cuestiones de ortografía, que complementaban su labor científica. Su biografía, escrita por Domingo Faustino Sarmiento y publicada en Buenos Aires en 1885, dedica un extenso capítulo a El ñandú o avestruz americano, evidenciando la relevancia de esta ave en sus estudios.

El ñandú y las boleadoras: ciencia y tradición

Muñiz detalló las estrategias de caza del ñandú, explicando cómo los gauchos aprovechaban la capacidad del ave para atravesar ríos y arroyos, pero su mal desempeño en aguas poco profundas, para atraparla. También describió la peculiaridad del ñandú de huir hacia atrás al ser acorralado, lo que obligaba al gaucho a cargarlo de frente para intentar “bolearlo” por la espalda. Una tarea que requería de gran destreza y práctica, al punto de exigir que el boleador fuera, “como dicen los gauchos, hijito para hacerle tiro”.

El científico también se adentró en la psicología del gaucho, notando sus “aprehensiones al campo yermo” a pesar de su pasión por las “camperías”. Observaba un “cierto respeto supersticioso por el mismo campo que forma sus delicias”, influenciado quizás por la inmensidad del desierto o por desastres sufridos por otros “camperos”.

Para Sarmiento, con el Dr. Muñiz “comienza en el país un movimiento científico y literario que tiene por objeto el estudio de nosotros mismos y el del país en que vivimos”. Sus observaciones abarcaron desde la construcción y manejo de las boleadoras –consideradas por Sarmiento como una “terrible arma típicamente argentina, herencia de los indios pampeanos”– hasta las palabras del campo incorporadas al español y la monografía del ñandú.

El descubrimiento del Glyptodon, un mamífero acorazado extinto, también lo conectó con las investigaciones de Charles Darwin en la Patagonia. Los escritos de Muñiz, quien falleció valientemente durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, están impregnados, según Ángel Gallardo, “de un sutil perfume criollo que recuerda el suave olor a campo que trae el pampero, cuando sopla vivificante después del bochorno de un día de verano”.

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