Día Mundial del Hambre: en Argentina se desperdician 362 kilos de alimentos por persona al año
En el marco del Día Mundial del Hambre, la situación alimentaria en Argentina revela una paradoja alarmante: anualmente se desperdician aproximadamente 362 kilos de alimentos por persona, lo que representa el 12,5% de toda la producción nacional. Este volumen, según datos de los Bancos de Alimentos en el país, sería suficiente para cubrir la alimentación anual de unos 24 millones de personas, mientras que entre 10 y 15 millones atraviesan situaciones de inseguridad alimentaria severa o moderada.
La organización subraya que el desperdicio no solo implica la pérdida de comida, sino también el derroche de recursos esenciales como agua, energía, suelo y el trabajo invertido en su producción. A nivel global, la FAO estima que se tiran o pierden más de 1300 millones de toneladas de alimentos cada año, generando pérdidas económicas por 400.000 millones de dólares y contribuyendo con cerca del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La magnitud del problema y sus afectados
La problemática se agudiza al considerar que más de la mitad de las niñas y niños del país vive en situación de pobreza, lo que impacta directamente en su acceso a una alimentación adecuada y en su desarrollo. Esta realidad coexiste con toneladas de alimentos aptos para el consumo que se pierden en cada eslabón de la cadena productiva: en el campo, la industria, el comercio y los hogares.
Según datos de la FAO, cerca del 14% de los alimentos se pierde antes de llegar al comercio. Si se suma lo que se descarta en retail y hogares, el desperdicio total puede superar el 30% de todo lo producido. Los Bancos de Alimentos intervienen principalmente en los primeros tres eslabones, recuperando productos que, por cuestiones de presentación, excedentes o fechas próximas, quedan fuera del circuito comercial pero son completamente aptos para el consumo.
El rol de los Bancos de Alimentos y los desafíos
Durante 2023, los Bancos de Alimentos en Argentina recuperaron más de 21 millones de kilos de alimentos, de los cuales el 64% fue de alto valor nutricional. Este esfuerzo permitió generar más de 63 millones de platos de comida que se distribuyeron en 4968 organizaciones sociales, llegando a más de 1 millón de personas en todo el país, de las cuales el 68% son niñas y niños. Además del impacto social, esta labor evitó la emisión de más de 56 millones de kilos de CO₂ equivalente y el desperdicio de más de 36 millones de metros cúbicos de agua.
“El trabajo en red y el compromiso de empresas, voluntarios y organizaciones sociales hacen posible que esos alimentos lleguen a miles de familias en todo el país”, afirmó Pablo Algrain, director ejecutivo de Bancos de Alimentos Argentina.
Sin embargo, la organización destaca un obstáculo clave: el marco normativo y fiscal actual. En Argentina, cuando una empresa destruye alimentos, puede recuperar el crédito fiscal del IVA asociado a esos productos, mientras que al donarlos ese beneficio no siempre aplica de la misma manera. A esto se suman los costos operativos de clasificar, almacenar, transportar y garantizar la trazabilidad de las donaciones. Descartar, en cambio, suele ser un proceso más simple, rápido y económicamente conveniente.
La necesidad de políticas públicas
Los Bancos de Alimentos enfatizan que, mientras el marco normativo y fiscal no incentive la donación por sobre el descarte, el desperdicio seguirá siendo la opción más racional para muchas empresas desde el punto de vista económico. Señalan que el Estado argentino destina miles de millones de pesos a programas de asistencia alimentaria, mientras millones de toneladas de alimentos aptos se pierden cada año.
El desafío, por lo tanto, trasciende lo solidario para convertirse en una cuestión de política pública. La propuesta es que los Estados inviertan en facilitar la donación a través de incentivos fiscales, infraestructura logística y marcos regulatorios más ágiles. Esto permitiría reducir el gasto en compra de alimentos, evitar residuos y asegurar que lo ya producido llegue a quienes más lo necesitan. «No se trata de producir más. Se trata de no tirar lo que ya existe», sintetizaron desde la organización.

