El Messi que cambió: de intransigente a dosificar minutos en la Selección Argentina
Lionel Messi, el astro que alguna vez exigió jugar cada minuto y protagonizó roces con entrenadores por su deseo de permanecer en cancha, ha experimentado una notable transformación en su enfoque hacia el fútbol profesional. Aquel jugador que en su tercer Mundial, el de Brasil 2014, bromeó con Alejandro Sabella por haber sido reemplazado —un hecho extraordinario que no se repetiría hasta el presente—, hoy asume con madurez la necesidad de dosificar sus minutos para extender su exitosa carrera.
La imagen de un Messi sentado en el banco de suplentes, antes impensada, se ha vuelto parte de una estrategia cuidadosamente planificada. Esta evolución, que lo proyecta hacia un posible sexto Mundial en 2026, lo muestra más consciente de su cuerpo y dispuesto a ceder protagonismo cuando la situación lo requiere.
De la intransigencia a la adaptación: un recorrido
Los primeros años de la carrera de Messi estuvieron marcados por una exigencia personal innegociable de jugar siempre. Relatos de la época de Pep Guardiola en el Barcelona dan cuenta de un Messi que no dudaba en expresar su descontento si no estaba en el campo. Se cuenta que el propio Guardiola llegó a aconsejar a Sabella que, con Messi, lo mejor era no sacarlo nunca, ni siquiera para una ovación, dada la intensidad de su deseo de permanecer en juego.
Esta postura se mantuvo hasta la Copa América 2021. En ese torneo, Lionel Scaloni, el actual director técnico de la Selección Argentina, aprendió a la fuerza la reticencia de Messi a ser suplente. Aunque se planeaba que el ‘Papu’ Gómez fuera titular contra Paraguay, Messi, que venía de una seguidilla de partidos completos, modificó los planes del entrenador. Scaloni, con el tiempo, aceptaría públicamente la particularidad de su relación con el capitán, afirmando:
“Conmigo Leo va a jugar siempre. En el equipo, todos saben que hay uno solo que es titular”.
E incluso fue más allá durante el Mundial 2022:
“Si Messi no me lo pide, no lo saco”.
El “operativo 2026”: cuidar el cuerpo y dosificar
La verdadera transformación de Messi se consolidó en los últimos años, con el objetivo claro de llegar en óptimas condiciones al Mundial 2026. Un informe de LA NACION de noviembre de 2024 ya adelantaba este plan, centrado en el cuidado del cuerpo. Messi, siempre profesional en sus hábitos, dio un salto cualitativo al aceptar dos aspectos cruciales: la dosificación de minutos y la paciencia en la recuperación de cualquier dolencia. Esto implicó perderse partidos, incluso con la selección, algo que antes se negaba a negociar.
Un ejemplo de esta nueva mentalidad fue su recuperación de una lesión en la final de la Copa América, el 14 de julio de 2024. No reapareció hasta dos meses después, el 14 de septiembre, con el Philadelphia Union en la MLS. Esta lección de paciencia fue clave, entendiendo que, incluso para él, el regreso de una inactividad requiere tiempo para superar el temor y ganar soltura.
Influencia antes que protagonismo absoluto
Messi, su crítico más despiadado, ha aprendido a escuchar las señales de su cuerpo para prolongar su carrera. Su objetivo para el Mundial 2026 no es solo el récord de participaciones, sino ser influyente.
“Por un récord o por decir jugué cinco o seis mundiales, no. Nunca le di importancia a los récords. Si se da y llego y estoy bien, perfecto, pero estar por estar, no”,
advertía. Una fuente cercana a LA NACION anticipaba hace casi dos años que si Messi aceptaba ser importante de otra manera, llegaría al Mundial. Y así fue.
Los números de sus últimos diez partidos con la Selección Argentina, entre junio de 2025 y junio de 2026, lo confirman. Messi comenzó como suplente y luego ingresó en tres encuentros (Chile, Mauritania e Islandia), y en otros tres fue reemplazado antes de completar los 90 minutos (Colombia, Angola y Argelia, tras marcar tres goles en el debut de su sexto Mundial). Esta noche, contra Jordania, volverá a esperar en el banco para saltar en el segundo tiempo. La genialidad de Messi se esconde ahora también en su capacidad de reinventarse y adaptarse, domesticando impulsos sin perder su esencia competitiva.

