El «Caso Insaurralde» y el silencio de la política: ¿Una grieta que se cierra por conveniencia?
La reciente reaparición de Martín Insaurralde, exjefe de Gabinete de la provincia de Buenos Aires y exintendente de Lomas de Zamora, no solo ha captado la atención pública por las imágenes de su ostentoso estilo de vida, sino que también ha puesto de manifiesto un patrón de financiamiento y un llamativo silencio por parte de la dirigencia política nacional. Lo que en un principio parecía un escándalo individual, se revela como un síntoma de un sistema más amplio.
La comparación inicial con casos de corrupción previos, como el que involucró a Manuel Adorni, el exjefe de Gabinete de Milei, desdibuja la magnitud de lo descubierto en el entorno de Insaurralde. Mientras que lo de Adorni se describe como “apenas una cascada” en términos de dinero no declarado, la “catarata de millones de dólares” de Insaurralde, evidenciada en videos y allanamientos, marca una diferencia abismal. Esta desproporción, según analistas, refuerza una vez más el capital político del gobierno de Milei al contrastar su gestión con la de la administración anterior.
El “método Insaurralde” y el financiamiento del juego
Más allá de la cuantía de los fondos, lo que sorprendió a muchos fue la “prolijidad” con la que Insaurralde, supuestamente, manejaba y almacenaba el dinero. A diferencia de otros casos donde el efectivo se encontraba de forma caótica, el exfuncionario exhibía un método que, paradójicamente, facilitó la documentación de los hallazgos. Sin embargo, el verdadero trasfondo del “Caso Insaurralde” parece residir en el financiamiento a través del juego.
“Los dólares que habitan en ese glorioso vestidor tienen marcadas las mismas huellas digitales de los verdes que reposan en otros vestidores. Al fin y al cabo, el escolazo los ha financiado a todos.”
Esta afirmación sugiere una intrincada red donde el juego, tanto legal como ilegal, actuaría como una fuente de ingresos para la política. La complejidad del sector, la mezcla de actividades lícitas e ilícitas, y la falta de transparencia inherente a este tipo de operaciones, podrían ser las razones del silencio generalizado. La hipótesis es que, ante la presión sobre la obra pública y otras fuentes tradicionales de financiamiento irregular, la política habría virado hacia el juego como un nuevo “curro”, aunque más opaco.
El silencio atronador de la dirigencia
Uno de los aspectos más escandalosos del caso es el silencio casi unánime de la clase política nacional. Desde figuras prominentes como Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, hasta Axel Kicillof, Sergio Massa y el propio presidente Javier Milei, la ausencia de declaraciones públicas ha sido notoria. Este mutismo se interpreta como una señal de complicidad o, al menos, de conocimiento tácito de una práctica extendida.
- Cristina Kirchner: Su vínculo con Cristóbal López y su rol en la promoción de Insaurralde como candidato y jefe de Gabinete la colocarían en una posición incómoda para opinar.
- Axel Kicillof: Como gobernador y superior directo de Insaurralde, su silencio también es significativo, sugiriendo una posible implicación o al menos conocimiento de la situación.
- Mauricio Macri: Su cercanía con Daniel Angelici, figura vinculada al negocio del bingo, lo dejaría sin margen para criticar.
- Sergio Massa: Calificado como el “croupier de todos ellos”, su presunto rol en el financiamiento de campañas a través de estas redes lo inhabilitaría para emitir juicios.
- Javier Milei: Aunque no directamente implicado en las maniobras del kirchnerismo, su discurso sobre la evasión fiscal y su aparente justificación de la no declaración de bienes por parte de funcionarios, como Adorni, se alinea con una visión que relativiza la importancia de la transparencia fiscal.
La interpretación de este silencio es que “el escolazo” –el negocio del juego y las apuestas– habría financiado a todos los actores políticos, trascendiendo la grieta partidaria. En un país donde se debate intensamente sobre temas triviales, la ausencia de una postura contundente sobre los millones de dólares de Insaurralde resulta ensordecedora, sugiriendo que la conveniencia supera cualquier división ideológica.
El presidente Milei, en declaraciones desde España, pareció minimizar la importancia de la declaración patrimonial de Adorni, aludiendo a la existencia de “400.000 millones de dólares en los colchones de la Argentina” y justificando la “ley de inocencia fiscal”. Esta postura, que sugiere que el Estado es el verdadero estafador, parece equiparar la falta de transparencia de Adorni con la de Insaurralde, dejando a los ciudadanos, los “giles que pagamos impuestos”, en una posición de desamparo frente a un sistema que parece proteger a quienes evaden o se enriquecen ilícitamente.

