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Crisis en el oficialismo: la «tokenización» de Adorni y el costo político del RIGI

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La figura de Manuel Adorni, vocero presidencial y jefe de Gabinete de facto, se ha convertido en un punto de inflexión que expone las tensiones internas y la fragilidad del oficialismo en el Congreso. Lo que en un inicio fue interpretado como una estrategia para hostigar a la oposición, hoy se revierte contra la gestión, dañando la capacidad de articulación política y el respaldo legislativo del Gobierno.

Un claro ejemplo de esta situación se evidenció el pasado miércoles en la Cámara de Diputados, durante la votación del proyecto de Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones (RIGI). La iniciativa, considerada crucial por el Gobierno, obtuvo la aprobación con apenas 130 votos, uno más que el quórum necesario para sesionar. Este escaso margen de apoyo político debilita la percepción de solidez del Ejecutivo ante potenciales inversores, quienes buscan garantías de que las leyes no serán revisadas por futuras administraciones.

Un oficialismo estallado por la defensa de Adorni

La persistencia en la defensa de Adorni ha logrado, paradójicamente, desalinear al bloque oficialista y sus aliados. Históricamente, el PRO se había encolumnado en su defensa, pero esta postura ha comenzado a trizar las relaciones internas, generando divisiones y discusiones acaloradas. Se relatan enfrentamientos a los gritos entre referentes como Patricia Bullrich y los sectores más leales al presidente, que defienden a Adorni sin una justificación clara.

La situación se agravó con la pérdida de la aprobación de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, otro proyecto de alto interés para el Gobierno. La tensión escaló a tal punto que la renuncia de Esteban Bullrich a la afiliación del PRO, un activo de alto prestigio para el partido, desnudó las divisiones internas entre figuras como De Andreis y Lospennato, presionando a los sectores más moderados del oficialismo en ambas cámaras.

La estrategia detrás de la permanencia del vocero

La fuente sugiere que el presidente Javier Milei ha «tokenizado» a Adorni, convirtiéndolo en una pieza negociable en el ajedrez político. Esta estrategia le habría permitido asegurar acuerdos para proteger al jefe de Gabinete de interpelaciones sumarias en el Senado y Diputados. Asimismo, su permanencia serviría para mantener cohesionada a la alianza oficialista, bajo el temor de una división que podría facilitar un triunfo del peronismo en 2027.

El despido de Adorni es visualizado como un posible gesto futuro de reconciliación con la «burguesía bienpensante» que demanda centrismo y moderación, un sector clave en la elección de Milei. Se argumenta que, al no ejercer funciones sustantivas en la Jefatura de Gabinete, su figura se presta a ser utilizada estratégicamente.

El rol de Macri y la ambigüedad del PRO

Mauricio Macri, si bien ejerce presión, se repliega cuando la cuerda se tensa demasiado, acogiéndose a los planes de Milei para evitar fortalecer a la oposición peronista. Su postura no es nueva; en el pasado, Macri ya había reconocido sus limitaciones para enfrentar y vencer al kirchnerismo, una de las razones que esgrimió para su alejamiento del frente anticristinista en 2019.

La ambigüedad de la dirigencia del PRO, que busca mantenerse cercana al Gobierno, contrasta con la necesidad de acumular valor propio de cara a las elecciones, especialmente en distritos clave como la provincia de Buenos Aires. La renuncia de Esteban Bullrich y la cumbre partidaria en Mar del Plata, con figuras como Cristian Ritondo, Soledad Martínez, Gabriela Michetti, Silvia Lospennato y María Eugenia Vidal, buscan reforzar la identidad del PRO en un contexto de creciente desdibujamiento.

Cruces y quiebres en el Congreso

La crisis de liderazgo se hizo patente en una reunión posterior al fracaso de la sesión por la ley de Inviolabilidad de la Propiedad. Se atribuye a Patricia Bullrich la frase:

“Acá nadie viene a dar órdenes. Órdenes dan los militares”

en respuesta a un enviado de Milei que defendía a Adorni. Este episodio, sumado a la negativa de Adorni a renunciar, revela la profunda desorganización y la falta de cohesión en el seno del oficialismo.

Los senadores, en particular, mostraron su descontento. La visita de Adorni al Senado, con una división por «clases» para atender a los legisladores, generó más irritación. La intervención de Ignacio Devitte, delegado del Ejecutivo en el Congreso, en un debate del bloque de LLA, fue rechazada, evidenciando la distancia entre el bloque y las directrices de Olivos.

La sesión del jueves, que no logró quórum, fue un reflejo de esta debilidad. Los bloques opositores, incluyendo a los aliados que conforman el grupo de «Los 44», utilizaron la crisis de Adorni para sacar ventaja. El peronismo, al ver que LLA no entraba al recinto, decidió no sentarse, buscando alargar la agonía del vocero y profundizar el desgaste del Gobierno. Esta situación subraya cómo la figura de Adorni se ha convertido en el epicentro de una lucha de poder que erosiona la gobernabilidad y la capacidad legislativa del oficialismo.

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