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Revolución agroindustrial: piden una nueva ley de bioenergéticos para potenciar la soja

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El debate sobre la Ley de Biocombustibles en el Congreso trasciende la discusión energética y se posiciona como un eje central para el futuro agroindustrial de Argentina. Así lo expuso Javier Preciado Patiño, consultor de RIA, durante una presentación en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, donde enfatizó que la normativa es clave para la industrialización de la soja, la competitividad regional y la mejora del precio que recibe el productor.

En sintonía, Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), remarcó la necesidad de una nueva ley. Según Idígoras, el país atraviesa una “revolución agroindustrial a nivel mundial para hacer bioenergéticos”, lo que exige una base legal sólida para aprovechar las oportunidades.

El valor agregado de la industria: precios y demanda sostenida

Preciado Patiño subrayó que la presencia de una industria de procesamiento es fundamental. La capacidad de las fábricas para transformar la soja en aceite, harina y pellets permite pagar un mejor precio por el grano, gracias al valor agregado que generan. Idígoras complementó que esta industria asegura al productor una demanda constante a lo largo del año, sin importar la calidad del grano.

“Al productor la industria le garantiza que compra cualquier calidad de soja y durante todo el año”, señaló Idígoras.

Para ilustrar el impacto, Patiño presentó datos del 17 de junio: el precio FOB de la soja era de US$419 por tonelada, mientras el productor recibía US$326. Al sumar los derechos de exportación del 24% (US$101), el total ascendía a US$427, US$8 por encima del valor FOB. “¿Cómo puede ser que el precio que cobra el productor más las retenciones esté por encima del precio de exportación? La respuesta es porque la industria, con el aceite, la harina y los pellets, puede pagar ese valor”, afirmó.

La diferencia entre regiones también evidencia este efecto. Mientras la soja cotizó entre US$322 y US$324 en el Gran Rosario, epicentro de la molienda nacional, en Bahía Blanca se ubicó entre US$305 y US$310. Idígoras explicó que esta brecha se debe a la demanda industrial sostenida en el primer caso. Además, el margen teórico de exportar soja como poroto fue negativo en gran parte del período analizado, con un promedio de -US$7 por tonelada. “Solo porque hay una industria que procesa se puede tener ese precio”, sostuvo Patiño.

Biocombustibles: la clave para la competitividad global

Un mayor uso de biodiésel impulsa la molienda de soja, aumenta la demanda de aceite y fortalece a las pymes extrusoras. Patiño citó el caso de Brasil, que incrementó su uso de aceite de soja para biodiésel de 800.000 a 7,3 millones de toneladas, reduciendo así su dependencia del mercado chino. “Hoy, gracias a los biocombustibles, Brasil está reduciendo su dependencia con China, porque desarrolló una industria que puede vender harina y aceite al mundo”, afirmó Idígoras.

Las proyecciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) para las campañas 2024/25 y 2026/27 muestran que Estados Unidos y Brasil aumentarían su molienda de soja un 12,3% y 11,7% respectivamente, mientras Argentina se estancaría. En exportaciones de harina, EE.UU. crecería 18,7%, Brasil 15%, y Argentina registraría una leve caída. “Brasil y Estados Unidos usan los biocombustibles para fortalecer su industria”, señaló Patiño, destacando que los productores norteamericanos también apoyan esta estrategia para desvincularse de problemas en China.

Frente a un escenario mundial donde el crecimiento poblacional y el consumo de alimentos se ralentizan, y los rendimientos agrícolas superan la demanda, Patiño propuso elevar el corte obligatorio de biodiésel al 15%. Esto podría llevar el consumo interno de aceite de soja para biodiésel de 700.000 a 1,5 millones de toneladas. Idígoras consideró este avance como significativo, enfatizando que la capacidad instalada ya existe y que la ley debería establecer un piso, no un techo.

Más allá del biodiésel: aviación y transporte marítimo

Idígoras amplió la visión, señalando que el debate no debe limitarse al biodiésel para el transporte terrestre. El mayor potencial de crecimiento, a su entender, reside en los combustibles sostenibles para la aviación civil y el transporte marítimo. Estos mercados emergentes podrían superar en volumen al comercio actual de aceites vegetales. “El tema es estar ahí”, resumió.

La industria ya trabaja en nuevas materias primas para abastecer esta demanda. Para Idígoras, el desafío primordial es contar con un marco regulatorio que brinde certeza a las inversiones y permita a Argentina posicionarse antes de que otros actores ocupen ese espacio. “Hay un inicio de una especie de revolución agroindustrial a nivel mundial para hacer bioenergéticos. Para eso la línea de base es una nueva ley bioenergética”, concluyó.

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