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Maradona y Messi: el espejo y el espejismo de una identidad argentina

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La relación entre Diego Armando Maradona y Lionel Messi, lejos de la confrontación que a menudo se les atribuye, estuvo marcada por la admiración, el apoyo y el afecto mutuo. Sin embargo, en Argentina, la «pulsión binaria» y la «adicción al melodrama» han forjado una división artificial entre estos dos íconos, transformando sus figuras en estandartes de «ficciones colectivas» que se usan para trazar fronteras identitarias mucho más allá del ámbito deportivo.

El recuerdo del Mundial de Sudáfrica 2010 ilustra esta conexión. Ante una provocación a Messi en pleno partido, un Maradona efervescente desde el banco de suplentes se descontroló, defendiendo con vehemencia a su capitán. Diez años después, tras la partida de Maradona, Messi lo homenajeó con un gesto que habló por sí solo: tras un gol, se quitó la camiseta del Barcelona para mostrar la de Newell’s Old Boys que Diego usó en su regreso al fútbol argentino en 1993, un tributo silencioso, hecho con el lenguaje que mejor domina.

La trampa de la polarización: «o sos de uno o sos de otro»

La sociedad argentina, según la fuente, es propensa a inventar fracturas si estas no surgen naturalmente. Esta tendencia se manifiesta en la dicotomía Maradona «o» Messi, una confrontación «forzada como inútil» que contamina el debate y lleva a «confrontaciones extradeportivas». En cuestión de minutos, se puede pasar de una discusión táctica sobre el fútbol a temas políticos o judiciales, un salto de lo «lúdico a lo agonal» que resulta contraproducente.

Este «juego tribal de suma cero» arrincona a quienes prefieren no participar de un conflicto artificial o, simplemente, ven a dos talentos excepcionales de distintas épocas. Se generan así contrafácticos estériles, como «El Diego habría sacado pecho y empujado al equipo solo» o «Messi, en los ochenta, se habría cansado de clavar hat tricks». Rara vez se plantean hipótesis complementarias o virtuosas, como imaginar «Si hubieran jugado juntos, habrían hecho destrozos», demostrando cómo la imaginación «juega en contra de la unidad».

Maradona y Messi: el orgullo y el deseo

La propuesta es reemplazar la conjunción disyuntiva «o» por la copulativa «y»: Maradona y Messi. Ambos, si bien distintos en su esencia, representan facetas necesarias de la identidad argentina. Si Maradona es «lo que somos» –guapo, arrabalero, deslenguado, contradictorio, un ícono pop con un «espíritu rockero salvaje»–, Messi es «lo que nos gustaría ser» –metódico, humilde, profesional, lineal, que logró mantener su intimidad en la era de la exposición total. Son, en un sentido junguiano, «el orgullo y el deseo», «el espejo y el espejismo», dos perspectivas esenciales para la vida.

La distancia ontológica entre ellos es innegable. Maradona magnetizaba al mundo con o sin pelota, una persona y un personaje atrapados en una paradoja. Messi, en cambio, es más reservado, su aura se desvanece con el pitazo final. Sin embargo, ambos son los dos mejores jugadores de la historia, nacidos en la misma tierra. Aceptar su coexistencia y complementaridad es una forma de cuidar la «magia» de la conciencia móvil y gregaria que nos une en momentos como un Mundial, permitiendo sentirnos parte de algo grande sin caer en divisiones forzadas.

Pero puede ser sano -y hasta inteligente, nos ahorraríamos varios chutes de cortisol- cambiar la conjunción disyuntiva “o” por la conjunción copulativa “y”: Maradona y Messi. Por ejemplo, poniéndonos junguianos: si Maradona es lo que somos, Messi es lo que nos gustaría ser. El orgullo y el deseo. El espejo y el espejismo. Las dos perspectivas son necesarias para la vida.

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