La maldición del Italpark: la leyenda de la bruja que persigue al icónico parque de diversiones
El Italpark, el parque de diversiones que marcó a varias generaciones de argentinos, esconde una historia más allá de la alegría y la adrenalina de sus juegos. Detrás de los recuerdos de miles de familias y jóvenes, se teje una leyenda oscura que atribuye su trágico final y las desgracias que lo rodearon a una antigua maldición, lanzada por una bruja a principios del siglo XX.
Ubicado en el cruce de las avenidas Callao y del Libertador, sobre 4.500 metros cuadrados, el Italpark fue inaugurado en 1960 por los hermanos Luis y Gustavo Zanón, inmigrantes italianos que buscaban reconstruir en Sudamérica su fábrica de juegos mecánicos, devastada por la Segunda Guerra Mundial. Con 35 atracciones, incluyendo dos montañas rusas (una de ellas la más alta de Sudamérica), teleféricos y los clásicos autitos chocadores, el parque llegó a recibir 10.000 personas por día, convirtiéndose en un ícono de la diversión porteña.
Accidentes y tragedias: la maldición en acción
Sin embargo, la historia del Italpark estuvo plagada de incidentes que, para muchos, no fueron meras coincidencias. El 27 de mayo de 1978, un incendio destruyó el Tren Fantasma. En agosto de 1989, otro siniestro consumió la pista Súper Monza, y dos meses después, el fuego devoró el Laberinto del Terror.
El golpe más devastador llegó el 29 de julio de 1990. Uno de los carros del juego MatterHorn, inaugurado en 1983, se desprendió, causando la muerte de Roxana Celia Alaimo, de 15 años, y dejando gravemente herida a su amiga, Karina Benítez. Se constató que el juego nunca había recibido una revisión técnica adecuada. Este trágico evento precipitó el cierre definitivo del Italpark.
Pero la cadena de infortunios no terminó con el parque. Años después, Rodolfo «Rolo» Herrender, el encargado de armar y arreglar los juegos, sufrió un fatal accidente. Mientras trabajaba en la montaña rusa «Súper 8 Volante» con la energía cortada, un carrito se movió solo, lo golpeó y lo hizo caer desde seis metros de altura, provocándole la muerte. Incluso algunos juegos reubicados en el parque Beto Carrero World en Brasil, también habrían experimentado una serie de desgracias.
El origen de la leyenda: el Parque Japonés y la bruja
Según la leyenda, la raíz de estas tragedias se remonta a principios del siglo XX, mucho antes de la existencia del Italpark. En 1904, el renombrado arquitecto suizo Alfredo Zücker llegó a Argentina para construir el Parque Japonés, que se inauguró el 3 de febrero de 1911 sobre los mismos terrenos que luego ocuparían los Zanón. Con una inversión millonaria, el Parque Japonés se convirtió rápidamente en el parque de diversiones más grande de Sudamérica.
La afluencia masiva de público, sin embargo, generó el rechazo de la alta sociedad que habitaba la zona. Horrorizados por la «invasión del pueblo», decidieron contratar a una bruja. Tras recibir una cuantiosa suma, la hechicera aseguró haber maldecido el lugar, sentenciando que «todo lo que allí se levantara no tendría vida».
Cuarenta días después de su apertura, el 13 de marzo de 1911, un incendio destruyó gran parte del Parque Japonés, aunque sin víctimas. Si bien se atribuyó a una chispa de una locomotora, pocos creyeron en esa explicación. Años más tarde, el 26 de diciembre de 1926, otro incendio arrasó por completo el parque. Incluso en una feria popular italiana que se realizó posteriormente en el mismo sitio, un rayo mató a un turista brasileño durante una tormenta eléctrica imprevista. Para los creyentes, estas fueron todas «cosas de bruja».
Las leyendas urbanas del Italpark
A pesar de su desaparición, el Italpark sigue vivo en el imaginario colectivo y en las leyendas urbanas. Una de ellas asegura que, si se consigue una vieja ficha de entrada al parque y se acude a la medianoche al lugar exacto de su antigua puerta de ingreso, el parque aparecerá mágicamente iluminado y en funcionamiento. La ficha permitiría acceder a un solo juego; usar más de uno condenaría al ambicioso a quedarse eternamente dentro del parque.
Otra leyenda habla de un misterioso galpón 39 en Retiro, donde se guardarían algunas reliquias del Italpark, custodiadas por un empleado ferroviario apodado «El Perro Cervero». Verlas, por supuesto, tendría un precio.
El Italpark, aunque físicamente desaparecido, perdura en los recuerdos, en los juegos que aún funcionan en otros parques y, sobre todo, en la persistente leyenda de la bruja que, según se dice, condenó el lugar a una eterna sucesión de desgracias.

