Rosario: el clan narco que mató a un policía federal cortaba dedos para controlar Villa Banana
ROSARIO. Una organización narco con base en Villa Banana, en el sudoeste de Rosario, que se cree dueña de parte del barrio y que llegó a cortar dedos con tenazas a vecinos para imponer su dominio, es la responsable del ataque a balazos que el 12 de junio de 2026 terminó con la vida del agente de la Policía Federal Argentina (PFA) Rodolfo Arnaldo Manfredi y dejó gravemente herido a su compañero Emilio Gómez Villafañe.
La investigación judicial, revelada en la audiencia de formalización ante el juez Eduardo Rodrigues Da Cruz, con los fiscales Diego Iglesias, Matías Scilabra y Gonzalo Ruggeri, reconstruye la arquitectura criminal del clan Muñoz, una estructura familiar que opera con brutalidad y que, a pesar de condenas previas, logró reorganizarse en tiempo récord.
El terror en Villa Banana: reglas propias y violencia extrema
En el corazón de Villa Banana, un asentamiento de unas 7000 personas con pasillos estrechos que dificultan el acceso policial, los hermanos Muñoz imponían sus propias leyes. Una de las tácticas para amedrentar a los vecinos incluía cerrar calles enteras durante el fraccionamiento de la cocaína, impidiendo la circulación de cualquier persona. La crueldad de la banda quedó expuesta cuando un vecino que se negó a vender drogas para ellos sufrió la amputación de un dedo con una tenaza.
La organización, que utilizaba viviendas usurpadas y controlaba el pasillo de 27 de Febrero y Gutemberg, mantenía a la población aterrorizada. Los vecinos, conscientes de que “hablar tiene un precio”, no se atreven a aportar datos por miedo a represalias, una situación que blinda a la banda y le permite operar con impunidad.
El resurgimiento del clan Muñoz y la emboscada a la PFA
La trama delictiva del clan Muñoz se remonta a Dalmacio Saravia, quien construyó el primer andamiaje narco en Villa Banana, con vínculos con Máximo Ariel Cantero, alias El Viejo, fundador de la banda Los Monos. Saravia fue condenado en diciembre de 2023 a ocho años de prisión por tenencia de estupefacientes agravada, en una sentencia que también alcanzó a su hijo Leonardo y a su cuñado Eduardo Rodolfo Muñoz.
A pesar de estas condenas, la estructura criminal no se desarticuló. En agosto de 2024 y febrero de 2025, nuevos allanamientos confirmaron que la red seguía activa. En noviembre de 2025, Saravia recibió una segunda condena de ocho años, esta vez junto a Marianela Muñoz, su concubina y pieza clave en las tácticas de contrainteligencia de la banda. Marianela, hermana de Eduardo Rodolfo Muñoz y de Luis Miguel Muñoz (uno de los imputados por el asesinato del agente Manfredi), funcionaba como el eslabón que conectaba a los líderes y aseguraba la continuidad del negocio.
Cuando Dalmacio Saravia fue detenido, Eduardo Rodolfo Muñoz, quien antes era considerado un partícipe secundario, ascendió en la jerarquía, convirtiéndose en el organizador de la banda. Actualmente, se encuentra prófugo y es el encargado de recibir, acopiar y distribuir el material ilícito en los puntos de venta. Los investigadores de la División Unidad Operativa de Investigaciones Especiales de la PFA recogieron testimonios de vecinos (sin identificación por seguridad) que aseguran que Eduardo Rodolfo Muñoz y su grupo familiar comenzaron a apoderarse de viviendas y a obligar a los habitantes a sumarse a la organización como vendedores o “soldaditos”.
La vivienda operativa del grupo, ubicada en el pasaje Gutenberg y Bulevar 27 de Febrero, fue el lugar donde el agente Manfredi encontró la muerte. La organización actual responde a la conducción de Eduardo Muñoz y a personas apodadas El Colombiano, Walter Diente de Lata, Toto, Bebe y Mojarra. Una mujer conocida como Liliana se encarga de recolectar el dinero de la comercialización.
El ataque: silbidos de alerta y disparos certeros
El 12 de junio de 2026, pasadas las 23:30, los agentes de la PFA Ricardo Barrios Zabala, Emilio Gómez Villafañe y Rodolfo Manfredi ingresaron a pie y de civil a los pasillos de Villa Banana para realizar tareas de identificación y observación. La zona había sido escenario de múltiples procedimientos con importantes secuestros de estupefacientes en las semanas previas.
El sistema de videovigilancia LINCE del Ministerio de Gobierno e Innovación Pública de Santa Fe permitió reconstruir los hechos con precisión. Apenas los federales fueron detectados, comenzaron los silbidos, una señal de alerta que corrió rápidamente por el pasillo. En cuestión de minutos, un grupo de al menos diez personas los rodeó, gritándoles e insultándolos, y empujándolos hacia afuera del barrio. Barrios Zabala escuchó la palabra “cobani”.
Mientras los tres efectivos intentaban salir por Gutenberg hacia Bulevar 27 de Febrero, el grupo comenzó a disparar. Barrios Zabala describió al tirador principal como una persona de baja estatura, contextura flaca, de unos cuarenta o cuarenta y cinco años, con ropa oscura y capucha. Los disparos fueron certeros: Manfredi recibió tres balazos en la espalda y murió por shock hipovolémico. Gómez Villafañe fue impactado dos veces en el hemitórax izquierdo y la región inguinal, y llegó al Hospital Italiano en estado crítico. Barrios Zabala logró escapar ileso.
Los policías respondieron al fuego. Luis Miguel Muñoz, uno de los imputados, llegó al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA) con al menos dos impactos de bala. Fue trasladado por su hermano Juan Carlos Muñoz en un VW Voyage, cuyo recorrido fue rastreado por el sistema LINCE.
La jefa del servicio del Plan Bandera de la PFA en Rosario, ayudante Macarena Abigail Ortiz, fue la primera en darse cuenta de la gravedad de la situación. Tras escuchar los disparos, ordenó el ingreso de los móviles. La familiaridad mutua entre la banda y los agentes, quienes patrullaban la misma zona a diario, explica la velocidad de la reacción del grupo narco, que ya había sido presionado por los secuestros de droga previos.
Mientras Muñoz era trasladado al hospital, Mario Ezequiel Peralta —el otro imputado y con antecedentes de venta de cocaína en la zona— se acercó al cuerpo de Manfredi y le sustrajo el teléfono celular y la pistola reglamentaria. Según testimonios de vecinos, Peralta entregó estos objetos a El Colombiano. El celular de Manfredi registró su último impacto de antena a las 23:50 de esa noche, a pocas cuadras del lugar del hecho.
La investigación judicial continúa, con varios cabos sueltos, como el resultado del dermotest y la captura de Eduardo Rodolfo Muñoz, el actual líder de la organización, quien sigue prófugo.

