Adorni, en la cuerda floja: la Justicia, el Congreso y el Gobierno definen su futuro
La situación de Manuel Adorni, jefe de Gabinete, se ha convertido en un nudo inquebrantable para el Gobierno, atrapado entre la presión de la Justicia, los movimientos del Congreso y las decisiones internas de la Casa Rosada. El futuro de Adorni pende de un hilo, con una serie de «finales» consecutivas que podrían dejarlo fuera de su cargo y expuesto a investigaciones judiciales.
El próximo martes se perfila como una fecha clave. La oposición en la Cámara de Diputados impulsará una sesión para emplazar a las comisiones a tratar un dictamen para interpelar al jefe de Gabinete. Aunque el Gobierno intentó evitar esta sesión, la propuesta del PRO a sus aliados del Ejecutivo de aceptar el emplazamiento busca evitar que la cuestión quede abierta y pueda ser votada en cualquier momento en que la oposición consiga los números. Lo que suceda ese día condicionará la sesión posterior, donde el oficialismo busca aprobar el Súper RIGI y otros proyectos, volviendo riesgoso para el oficialismo sesionar si el emplazamiento de Adorni no está resuelto.
Estrategias en el Congreso y la Constitución
En el Senado, el oficialismo logró retrasar el avance del proyecto de interpelación. A diferencia de lo acordado inicialmente, el Gobierno consiguió que la Comisión de Asuntos Constitucionales también intervenga, añadiendo un paso más que la oposición deberá sortear. Este movimiento le otorga a Adorni tiempo para presentarse el 2 de julio a dar su informe mensual en el Congreso, una cita que se anticipa como un momento de máxima tensión para el funcionario.
La Constitución Nacional, en su artículo 101, establece que la interpelación del jefe de Gabinete puede realizarse en cualquiera de las dos cámaras. Sin embargo, la moción de censura, que implica su destitución, requiere la votación tanto en Diputados como en el Senado. Esta particularidad legal convierte la situación de Adorni en una carrera contra reloj entre los poderes del Estado.
La sombra de la Justicia y el rol de Karina Milei
El descontento social y las señales de la Justicia complican aún más el panorama de Adorni, con indicios de un posible procesamiento. Mientras tanto, en el Congreso, opositores y aliados discuten abiertamente fechas para su eventual destitución. El Presidente, consciente de la vulnerabilidad pública de su jefe de Gabinete, ha designado a Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial, quien debutará la próxima semana. Ravier, un economista pampeano que en el pasado fue blanco de críticas de Milei, asumirá un rol clave en la comunicación oficial.
A pesar de que su reemplazo sigue siendo una incógnita, se da por descontado que la figura que asuma será, una vez más, un «satélite» de Karina Milei. La hermana del Presidente ha consolidado su influencia en la administración, concentrando la relación con gobernadores y diputados nacionales a través de figuras como Eduardo Lule Menem, Martín Menem y Diego Santilli. La operación en el Senado, sin embargo, ha quedado bajo la órbita de Patricia Bullrich, y la tensión entre ambas mujeres fuertes del Gobierno se agudizó con el escándalo que rodea a Adorni, explicando la mayor celeridad del proceso de destitución en la Cámara alta.
El kirchnerismo, que había observado con paciencia el deterioro de la situación de Adorni, aceleró sus movimientos luego de que el jefe de Gabinete presentara sus nuevas declaraciones juradas. Esta estrategia legal, pensada para aliviar sus problemas con la Justicia, terminó por erosionar sus ya escasas herramientas y conexiones políticas. Sin diálogo con la oposición, sin capacidad de impartir órdenes respetadas por los ministros y sin la posibilidad de una comunicación pública efectiva, Adorni parece estar esperando que el Presidente decida soltarlo, o que la Justicia o el Congreso lo aparten de su cargo.

