Mundial 2026: el rol de Rodrigo De Paul, el «Motorcito» irremplazable de la Selección Argentina
KANSAS CITY (Enviado especial).- La presencia de Rodrigo De Paul en el búnker de la Selección Argentina en Kansas City no pasa desapercibida. Ladero inseparable de Lionel Messi, especialmente en un momento familiar sensible para el capitán, el volante suele moverse a su lado. Sin embargo, cada vez que se aparta del grupo para dialogar con la prensa, las miradas y cámaras lo siguen, evidenciando un aura especial que trasciende lo meramente futbolístico.
Esta trascendencia se refleja también en el campo de juego. De cara al crucial duelo del lunes ante Austria, un rival conocido por su intensa presión en la mitad de la cancha, el papel de De Paul será vital. Una victoria dejaría a Argentina muy cerca de asegurar el primer puesto del grupo, y para lograrlo, la mejor versión del “Motorcito” es indispensable.
De Paul pertenece a esa categoría de “jugadores de selección”, aquellos que se transforman al vestir la camiseta de su país, independientemente de su rendimiento en sus clubes. Aunque llegó a este Mundial con algunas dudas sobre su presente en Inter Miami, una liga de menor exigencia, el volante ha disipado cualquier cuestionamiento. Tanto en los amistosos previos como en el debut ante Argelia, demostró por qué es una pieza tan valorada por Lionel Scaloni. Su juego va más allá de correr y presionar; también aporta salida, se desdobla en la marca y se ofrece entre líneas cuando el partido, Messi o sus compañeros lo necesitan, rasgos que ha mantenido a pesar del cambio de liga.
Números que avalan su importancia en el campo
Sus estadísticas frente a Argelia son contundentes. Participó en la jugada que abrió el marcador con un pase vertical que encontró a Messi en la “zona Messi”, lista para encarar y rematar. Impuso ritmo al juego y recorrió toda la cancha con una intensidad asombrosa. Fue el argentino que más se mostró para recibir y el que más desmarques realizó entre líneas (77 movimientos), superando a Facundo Medina (66) y Thiago Almada (51). Además, lideró las apariciones entre líneas (21), una función crucial para cambiar el ritmo, liberar a Messi de marcas y conectar al equipo en zonas decisivas.
Su influencia no se limitó a la posesión. Fue el segundo futbolista con más proyecciones al ataque, solo por detrás de Medina, y brilló en el aspecto físico: terminó entre los cuatro jugadores con mayor distancia recorrida y lideró los registros de velocidad, con los mejores números en acciones por encima de los 25 kilómetros por hora. Completó el 91% de sus pases y alcanzó un 67% de efectividad en los line breaks, indicador de pases que rompen líneas de presión rivales.
La visión de Scaloni: un contagio de energía
Para Scaloni, las estadísticas son solo una parte de la ecuación. El entrenador, que lo convocó por primera vez en octubre de 2018, lo ha convertido en una figura central de su ciclo. “Vemos que está jugando bien, físicamente se lo nota bien, y cuando juega con los que conoce bien, da un plus. Es un jugador que nos contagia un montón. Cuando baja el pistón, el equipo lo siente”, explicó Scaloni, resaltando su impacto anímico y futbolístico en el conjunto.
Ante Austria, De Paul volverá a ser fundamental. El rival destaca por su fuerte mediocampo, con figuras como Konrad Laimer (Bayern Munich), Marcel Sabitzer (Borussia Dortmund) y Xaver Schlager (Leipzig). El “Motorcito”, uno de los volantes más destacados en la primera fecha del Mundial tanto en lo estadístico como en el juego, tiene el desafío de alcanzar su máxima expresión para que Argentina pueda controlar el partido a su favor.
De Paul, uno de los pocos titulares que llegó en plenitud a la preparación y convenció a Scaloni en los entrenamientos, ratificó en el debut que es una garantía para Argentina. Siempre cerca de Messi, no solo lo acompaña fuera de la cancha; dentro del campo es un complemento ideal y un eslabón fundamental para un equipo que encuentra en él al intérprete perfecto de la estrategia del entrenador.

