Sociedad

Gibraltar cumple 25 años: la historia del pub inglés que se volvió un ícono de San Telmo

Compartir:

En diciembre próximo, el bar Gibraltar, con su inconfundible impronta inglesa, celebra 25 años de vida, consolidado como un verdadero ícono de San Telmo. Su fundador, Alex Fullin, un hombre que se define a sí mismo con la frase «Yo fui feliz haciendo un pub», rememora los orígenes de un espacio que, desde fines de los 90, se propuso ser mucho más que un simple bar.

Tras siete años en el Reino Unido, donde trabajó en incontables bares londinenses, Fullin regresó a Argentina con una visión clara: crear un pub que nunca cerrara, con una barra que invitara a la camaradería, un espíritu de club y una gastronomía de calidad. «Acá la gente no viene a desconectarse, viene a conectar», afirma Fullin, quien a sus 23 años partió de Argentina para empaparse de la cultura de los pubs.

La idea de «servir» y la fascinación por la función social de los pubs ingleses, donde todos son iguales en la barra, fueron pilares fundamentales en la concepción de Gibraltar. «En la barra nadie es mejor que nadie», sostiene Fullin, evocando esos espacios donde trabajadores, artistas y oficinistas comparten un mismo lugar al final del día.

La cocina, un pilar fundamental con acento británico

El regreso de Fullin de Inglaterra no fue solitario. Lo acompañó Natalie Martino, su mujer, y el chef inglés David Beever, a quien conoció en su último pub en Londres y que hasta hoy sigue al frente de la cocina de Gibraltar, con Claudio Ledesma como jefe de cocina. La obsesión por la calidad y la autenticidad se manifestó desde el primer día.

“Yo me obsesiono con las cosas: en un momento quería hacer curry verde, pero en esa época no había nada parecido. Lo teníamos que hacer y lo hacíamos”, recuerda Fullin. “Nos pasamos tres semanas probando anchoas hasta dar con las que nos convencían”, agrega.

La propuesta gastronómica de Gibraltar, abierto los 365 días del año, se destaca por su sello inglés. Entre sus platos estrella se encuentran el pastel de carne (beef and ale pie), el abadejo rebozado (conocido como fish and chips) y el pollo al curry (green thai curry). La barra, por su parte, ofrece una amplia variedad de cervezas tiradas, whiskies, aperitivos, vermuts y una selección de 20 etiquetas de vinos, diez de ellas disponibles por copa.

Con el tiempo, el público de Gibraltar se ha diversificado, atrayendo a ingleses que buscan ver partidos, turistas, habitués, jugadores de pool y parejas, consolidándose como un punto de encuentro heterogéneo.

San Telmo y la expansión futura

La elección de San Telmo para abrir el pub no fue casual, a pesar de que a fines de los 90 Fullin percibía el barrio como una «trampa para turistas». «A mí el barrio siempre me encantó; San Telmo tiene el ‘mal del sauce’: te vas y querés volver», explica Fullin, quien ve en el casco histórico de las ciudades un imán natural para locales y visitantes.

La visión de Fullin no se detiene. En julio, el primer piso de Gibraltar dará lugar a un nuevo proyecto: The Tree House Club. Este wine bar ofrecerá una propuesta aún más sofisticada, con foco en 85 etiquetas de vinos, cócteles clásicos, jerez, vermuts y whiskies, acompañado de una cocina inglesa de mayor complejidad. El salón tendrá capacidad para 30 personas.

Fullin también rememora los comienzos, cuando la falta de redes sociales hizo del boca a boca la principal herramienta de difusión. «Era un lío hermoso y no se entendía bien qué pasaba. Éramos como una academia, una especie de escuela en donde podías probar whiskies de afuera (los traía Natalie de sus viajes) y descubrir distintos sabores», cuenta. Gibraltar se convirtió en un «punto de encuentro, como un lugar medio atemporal. Una especie de viaje en el tiempo».

Incluso la pandemia dejó anécdotas insólitas. Fullin y el chef David Beever quedaron confinados y viviendo en el bar durante el aislamiento. «Mi familia estaba en Mar del Plata y habían puesto barricadas en la ruta para que nadie pudiera pasar. Parecía una guerra. Me quedé en el bar leyendo todos los libros de la biblioteca», recuerda, lamentando no haber leído La Ilíada en esa oportunidad.

La pasión por «servir» sigue siendo el motor de Alex Fullin. «Hay gente que viene acá a pasar la mejor hora y media de su día. Entonces cuando esa persona abre la puerta de nuestro bar, queremos que pueda encontrar ese sentido de calidez y comunidad», concluye, revelando su admiración por la película Lo que queda del día, que considera una lectura obligatoria para todo el personal de Gibraltar.

Compartir: