Sociedad

Martín Kohan: «Borges es nuestro Prócer Literario, el Héroe Nacional de las Letras»

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Qué se dice en Argentina cuando se nombra a Jorge Luis Borges, más allá del simple nombre. Esa es la indagación que emprende Martín Kohan en su reciente libro, a través de reflexiones, lecturas y experiencias personales que buscan desentrañar lo que se entiende por “Borges”. El autor de Ciencias morales sostiene que la figura de Borges es una composición de la imaginación nacional, una configuración mental y colectiva que trasciende el conocimiento de su obra o de su persona.

Kohan observa que el nombre de Borges es invocado por la mayoría de los argentinos, incluso por aquellos que no han leído una línea de su prosa. Esta omnipresencia revela la gravitación del escritor en el discurso público, donde se habla de él o de su obra sin una noción clara de su estilo o poética. Para Kohan, Borges es mucho más que un escritor y su obra, mucho más que literatura.

Borges como dispositivo de veneración y prócer

Para el agudo lector y escritor, decir “Borges” es también referir a la inmensa cantidad de lecturas y producciones escritas que sus textos han generado. Kohan menciona, a modo de homenaje, obras canónicas de la crítica borgeana que son fundamentales para entender el fenómeno, incluyendo trabajos de Sylvia Molloy, Ana María Barrenechea, Daniel Balderston, Jaime Rest y Ricardo Piglia.

“No digo el viejo, no digo el ciego, no digo el sabio, no digo el autor”, explica Kohan, “Digo el dispositivo de vejez, de ceguera, de sabiduría, de autoría y de autoridad, que los argentinos pergeñaron, o pergeñamos, y activaron, o activamos, para tener un escritor a venerar, y venerarlo”. Este dispositivo, que se articula con la heroicidad, se nutre de factores como el género (masculino), el prestigio que otorga la extranjería, el desinterés por los contemporáneos y la ausencia de hijos varones. En este panteón, donde conviven figuras como San Martín, Belgrano y Maradona, Borges se erige como “nuestro Prócer Literario, el Héroe Nacional de las Letras, el Padre de la Patria Escrita”.

El antiperonismo visceral y el encuentro con dictadores

La prosa ensayística de Kohan se caracteriza por su claridad y por un uso particular de figuras retóricas, como el retruécano, que no solo embellecen sus frases sino que modelan sus razonamientos. En uno de los artículos del libro, el autor repasa los encuentros de Borges con los dictadores Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet.

Kohan retoma un señalamiento clave: Borges sabía que su encuentro con Pinochet podría significar la pérdida del Premio Nobel. Sin embargo, la palabra empeñada y la convicción de estrechar la mano del hombre que, a su juicio, frenó el avance del comunismo en América Latina, prevalecieron. “Se produjo así, entre los dos, un curioso entrecruzamiento”, reflexiona Kohan, “mientras Borges, hombre de letras, declinó al recibir el premio esa condición menguada para declararse tanto mejor admirador de los hombres de espada, Pinochet, hombre de espada, se esmeró en su encuentro privado para mostrarse, ante el escritor mayor, también él hombre de letras”.

El libro de Kohan aborda diversas aristas de Borges, desde el análisis de relatos como “Hombre de la esquina rosada” hasta la relación entre historiografía y literatura del siglo XIX. También profundiza en el antiperonismo borgeano, concluyendo que el verdadero temor residía en la pesadilla de ver la “cara de Perón” en cualquier recoveco onírico o rostro de la vigilia. Kohan distingue el antiperonismo político de la compañera de Borges, Estela Canto, del visceral, odiador y apasionado antiperonismo del propio escritor. Paradójicamente, esa pasión que algunos detractores señalaban como ausente en su ficción, brotaba en Borges en el ámbito político, un espacio donde la razón suele primar sobre el corazón.

Incluso para Borges, el “creador de la literatura cerebral” como lo definía Adolfo Bioy Casares, y quien se mantuvo apartado de la política, fue imposible evadir el fenómeno de masas del siglo XX. Lo experimentó al modo peronista, es decir, como un sentimiento inexplicable, trascendiendo las barreras de su intelecto y su vida amurallada por la biblioteca paterna.

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