Economía

Invertir en ganadería hoy: el desafío no es el precio de entrada, sino la eficiencia y la integración

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La ganadería argentina se encuentra en un momento particular, donde la pregunta sobre si los precios actuales de la hacienda, especialmente el ternero de invernada, son demasiado altos resuena entre los inversores. Con un ternero superando los cuatro dólares por kilo y precios reales un 44% por encima del promedio de las últimas dos décadas, la preocupación es legítima. Sin embargo, especialistas del sector advierten que centrarse únicamente en el precio de entrada puede ser una trampa, ya que en un sistema de producción bien gestionado, este no es el factor más determinante.

La visión tradicional de la ganadería, que se limita a la cría y venta de terneros, es solo una de las múltiples estrategias posibles. Operadores que trabajan con capitalizaciones y hotelería ganadera —poniendo hacienda en campos de terceros o recibiendo animales para engordar— tienen la flexibilidad de elegir dónde ingresar en la cadena productiva según las relaciones de precios entre las distintas categorías en un momento dado. Esto implica evaluar constantemente si conviene comprar terneros livianos para recría a pasto, o si es mejor optar por novillitos más pesados para terminación a corral, considerando el diferencial de precio y los costos de producción de cada etapa.

Claves para la rentabilidad: relaciones de precios y eficiencia productiva

La rentabilidad en ganadería hoy no se define por el precio absoluto de una categoría, sino por la relación entre ellas. Es decir, cuántos kilos de novillo gordo se necesitan para comprar un ternero de 180/200 kilos, o el costo de producir un kilo de ganancia a pasto versus a corral. Estas relaciones son dinámicas y cambian el escenario constantemente. Si el ternero sube más rápido que el novillito, la recría a pasto se encarece, pero también puede ser más rentable si la ganancia de peso es óptima. Por el contrario, si el novillito está caro respecto al gordo, el margen del feedlot se reduce, impulsando a buscar otras alternativas o acortar ciclos.

Un factor estructural que influye en este panorama es la caída en la oferta de terneros en Argentina. Según datos del Senasa, de casi 15,3 millones de cabezas destetadas en 2022, se proyecta una reducción a alrededor de 14,5 millones para 2024 y 2025. Esta disminución, producto de un período de retención de stock de vientres que no se recupera rápidamente, implica que menos terneros disponibles frente a una demanda de faena sostenida mantendrán los precios de reposición firmes. Esto, si bien encarece la entrada, también sostiene el valor de la producción.

En este contexto, la eficiencia productiva en cada etapa del ciclo cobra un peso especial. En un sistema a pasto con capitalización, una buena recría busca ganancias de entre 500 y 700 gramos diarios. Bajo hotelería en corral, con una alimentación bien manejada, este número puede superar los 1200 gramos por día. La buena noticia es que, actualmente, el costo de los insumos para suplementación y terminación a corral, como el maíz y los suplementos proteicos, se encuentra en niveles competitivos, alineando el costo de producción con el valor de venta del kilo de carne.

Oportunidades en mercados externos y alianzas estratégicas

La demanda global de carne vacuna está en alza, y los mercados de exportación —especialmente aquellos que pagan un diferencial por calidad— buscan animales pesados y bien terminados. Un novillo de 500 kilos tiene un valor por kilo sustancialmente mayor que uno de 400 en el mercado externo, abriendo el acceso a mercados premium como la cuota Hilton, 481 o los destinos de Estados Unidos y asiáticos. Aprovechar este contexto de precios de suplementación razonables, demanda exportadora activa y animales con potencial de engorde es clave para maximizar el ciclo productivo.

Además de la eficiencia individual, se presenta una oportunidad en la construcción de alianzas productivas que integren toda la cadena. Generar acuerdos con criadores, recriadores y feedloteros permite optimizar cada etapa, donde cada actor hace lo que mejor sabe. El criador asegura un destino para su producción, el recriador acompaña eficientemente el crecimiento y el feedlotero mejora la calidad y el costo de su reposición. El operador que articula este proceso captura el valor de la integración, generando un resultado superior al que cualquiera podría lograr por separado.

A esto se suma la incorporación de capital externo de ciudadanos y empresas que, sin operar directamente en el campo, buscan invertir en activos reales con respaldo productivo y gestión profesional. Esta combinación de conocimiento del negocio ganadero, alianzas en la cadena primaria y capital externo apalancado está demostrando ser la fórmula para resultados más sólidos y sostenibles en el tiempo. La ganadería, históricamente un negocio de largo plazo, se transforma así en una actividad de mayor escala, menor riesgo y mejor retorno para todos los participantes.

En síntesis, la pregunta correcta no es si se entra caro en ganadería, sino si la relación de precios entre la categoría que se compra y la que se vende justifica el ciclo de producción que se puede realizar. La habilidad reside en leer el tablero de relaciones que cambia constantemente, entrando en el momento y la categoría correcta, produciendo con eficiencia y vendiendo donde el mercado ofrece el mejor precio, cada vez más, operando en red.

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