Dolor y misterio en el adiós a Chunchuna Villafañe: Juana Molina despidió a su madre en Chacarita
Familiares y amigos despidieron este viernes a Chunchuna Villafañe, la reconocida modelo, actriz, militante social y decoradora, quien falleció el jueves 4 de abril a los 92 años. La ceremonia íntima se realizó en el cementerio de Chacarita, en un ambiente de profunda congoja y discreción, tal como, se cree, le hubiera gustado a la artista.
La noticia del deceso fue confirmada por su hija, la actriz Juana Molina, a través de sus redes sociales. “Queridos amigos, murió mi querida mamita. Era algo que esperaba y temía. Sucedió esta madrugada”, escribió Molina, expresando el dolor por la pérdida de una de las figuras más emblemáticas de la cultura argentina, cuya imagen marcó a fuego las décadas del sesenta y setenta.
Juana Molina también fue quien, a principios de este año, había aclarado públicamente que su madre no padecía Alzheimer ni demencia senil, como se rumoreaba. En cambio, Chunchuna Villafañe sufría de afasia de expresión, una condición que le dificultaba verbalizar sus pensamientos, aunque mantenía intacta su lucidez, reconocía a sus seres queridos y conservaba su característica personalidad directa y sincera.
El último adiós y el círculo íntimo
La despedida en Chacarita reunió al círculo más cercano de Chunchuna. Entre los presentes estuvieron sus dos hijas, Juana e Inés Molina, y su única nieta, Francisca Mayol, hija de Juana y del artista Federico Mayol. También acompañaron en el dolor las actrices Katja Alemann y Verónica Llinás, Paula Lavarello (hija de su última pareja), Carlos Galli y su amiga de toda la vida, la modelo Claudia Sánchez, con quien en 1967 había fundado la Asociación Modelos Argentinas (AMA).
Hasta sus últimos días, Chunchuna Villafañe residió en su casa de Florida, donde se dedicaba con esmero al jardín que ella misma había diseñado. Se había recluido en ese hogar poco después del fallecimiento de su última pareja, el marchand Adolfo “Chango” Lavarello, ocurrido en 2010.
El desconsuelo de Juana Molina y un extraño episodio
Dos días después del funeral, Juana Molina compartió un emotivo y profundo texto en el que expresó su desolación. “No esperaba sentirme así”, confesó, revelando la intensidad de su duelo. En su reflexión, contó que buscó incansablemente un poema de Jorge Luis Borges sobre la irrepetibilidad de los rostros y la singularidad de cada ser. Al encontrarlo, citó: “No se repetirá tu fuerza aquí en la tierra. No volverá tu voz a lo que el verso encierra ni tu memoria a su pequeño universo. Se perderán las cosas que sólo tú sabías. Morirá el sabor de una fruta, el matiz de una tarde, la forma de una cara que no se repetirá”.
A esta conmovedora catarsis se sumó un episodio particular: Juana relató que ese mismo día, las llaves que habían utilizado durante años para ingresar a la casa de Chunchuna ya no funcionaban. “Creemos que es ella que no puede irse protegiendo sus cosas, esas que ‘durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido’”, escribió, interpretando el suceso como una manifestación de la presencia persistente de su madre y de la conexión inquebrantable que las unía, mientras comenzaba a transitar el complejo camino del duelo.

