Gabriel Caamaño: La economía no está en recesión, pero crece por debajo de lo esperado
El Gobierno de Javier Milei se enfrenta a un desafío complejo este año, buscando equilibrar la acumulación de reservas, la desinflación y la reactivación económica. Estos tres objetivos, interdependientes y con márgenes estrechos, son la clave para la estabilidad, según el economista Gabriel Caamaño, titular de la consultora Outlier.
En una entrevista con LA NACION, Caamaño señaló que la actividad económica es el pilar que más le cuesta al Ejecutivo. Si bien la inflación muestra signos de desaceleración y las reservas se acumulan, el crecimiento del primer trimestre y los datos de abril quedaron por debajo de las expectativas. El especialista profundizó en las razones de este rezago, el impacto del crédito y los salarios reales, los desafíos cambiarios y la principal debilidad estructural: la falta de un régimen monetario definido y creíble.
El “relato” de la crisis y el PBI per cápita
Respecto a las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien insiste en que la idea de una economía en crisis es un “relato”, Caamaño explicó que es una estrategia discursiva común, aunque no la comparte. “A veces el Gobierno elige discutir contra la peor versión del argumento que tiene enfrente, y si no existe, lo instala él mismo, aunque no lo haya dicho nadie”, afirmó.
El Gobierno tiene razón en que la dinámica es positiva. Pero tampoco hay elementos que me permitan decir que la economía está volando. Al contrario: está creciendo por debajo de lo que se esperaba.
El economista destacó la importancia de diferenciar entre el PBI agregado, que está en máximos históricos desde fines del año pasado, y el PBI per cápita, que es la medida relevante para el ingreso de la gente y no se encuentra en esa situación. Las proyecciones de crecimiento para el año se corrigieron a la baja, con el mercado proyectando un 3% y el FMI un 3,5%, lo que implica que la economía deberá acelerar en la segunda mitad del año para alcanzar esas metas.
Factores detrás del lento arranque y la reactivación
Caamaño atribuyó el lento inicio del año a una combinación de factores. Se esperaba una recuperación más rápida del consumo y los ingresos tras las elecciones legislativas, y se proyectaba una cosecha récord de soja que no se concretó, aunque las de maíz y trigo sí fueron muy buenas. A esto se sumó la pérdida de inercia positiva por la incertidumbre política y decisiones como el nivel del tipo de cambio y las LEFI, que generaron volatilidad y problemas de mora.
Uno de los “motorcitos” de la economía que se apagó fue el crédito. Con los ingresos reales en retroceso, el consumo no logra impulsar la actividad. La reactivación, según Caamaño, se concentra en sectores transables como el petróleo y la minería, mientras que el agro enfrenta una alta presión impositiva y el impacto de shocks externos. En este contexto, la reactivación del blanqueo 2.0 (proyecto de inocencia fiscal) busca inyectar dinamismo a la economía.
Aunque Caputo repita que “lo peor ya pasó”, Caamaño matizó: “Para los ingresos, probablemente lo peor ya pasó. Para la actividad, depende de a partir de cuándo. Si me dice a partir de junio, tengo más esperanzas de que sea así. Pero si me dice a partir del último dato oficial, que es marzo, no: los datos muestran que abril fue malo y los primeros datos de mayo tampoco son buenos, aunque todavía son parciales.”
El economista aseguró que “la economía no está en recesión”, pero tampoco está acelerando. La mejora de los ingresos se proyecta por una desinflación esperada hasta julio, siempre que el ángulo fiscal no se flexibilice y el Banco Central logre esterilizar la emisión.
Acumulación de reservas y desafíos monetarios
La acumulación de reservas es uno de los tres pilares que Caamaño evalúa positivamente. El cambio de postura del Gobierno, que comenzó a comprar reservas con convicción entre noviembre y diciembre, es una “buena señal de racionalidad” que le otorga mayor respaldo ante posibles shocks externos. Este objetivo se ha convertido en el segundo pilar, después del superávit fiscal.
Sin embargo, el principal desafío pendiente es la salida del cepo cambiario, que el Gobierno no prevé levantar hasta después de las elecciones del año que viene. La “ventana ideal” para hacerlo habría sido entre abril y julio de este año. La mayor debilidad, según Caamaño, sigue siendo el ámbito monetario-cambiario, por la ausencia de un régimen definido y creíble.
Lo más flojo que tiene el Gobierno sigue siendo lo monetario-cambiario: no tiene un régimen definido. En los papeles tiene un régimen de agregados; en la práctica tiene un régimen dual.
Esta dicotomía entre el régimen formal y el real genera confusión y una pérdida de eficiencia en la política monetaria. La comunicación es crucial, ya que la credibilidad del mercado reduce el costo de lograr los objetivos. En cuanto al tipo de cambio, Caamaño anticipó que 2026 sería un año de apreciación real, pero la velocidad de esa apreciación en la primera mitad fue muy rápida. De ahora en adelante, el tipo de cambio nominal debería moverse más en línea con el diferencial de inflación para evitar una apreciación excesiva de cara al año electoral.
El escenario deseable para fin de año, según el economista, incluye acumulación de reservas, una apreciación real razonable y un crecimiento de la actividad en torno al 3 o 3,5%. Esto requiere una calibración precisa de los tres objetivos, sin sacrificar uno en nombre de los otros dos.

